Hermanos Saíz:  Inmensos en su juventud

Hermanos Saíz: Inmensos en su juventud

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Los hermanos Sergio y Luis Saíz.
Los hermanos Sergio y Luis Saíz.

“No temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros”, le aseguraron Luis Rodolfo y Sergio Enrique Saíz Montes de Oca a Esther, la madre, cuando al anochecer del 13 de agosto de 1957 abandonaron el hogar decididos a realizar una acción dedicada a celebrar el cumpleaños 31 de Fidel Castro Ruz, quien desde diciembre del año anterior dirigía la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.

A pesar de su extrema juventud —Luis tenía 18 años de edad y Sergio 17—, ambos integraban la dirección del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la localidad pinareña de San Juan y Martínez. Por su condición de organizadores y protagonistas de innumerables acciones, la tiranía de Fulgencio Batista los había sentenciado a muerte.

Jóvenes virtuosos

Luis nació en La Habana el 4 de noviembre de 1938, y Sergio en San Juan y Martínez el 8 de enero de 1940, fruto de la unión de Esther Montes de Oca Domínguez, maestra de instrucción primaria, y Luis Saíz Delgado, quien se desempeñaba como juez en esa localidad. Se formaron en un ambiente amoroso, pacífico y solidario, en el que además de disfrutar de los juegos y diversiones propios de la infancia, se les inculcó el gusto por la lectura, en especial de las obras de José Martí, las que sin duda influyeron en los ideales revolucionarios que los caracterizaron.

Potenciado en ellos el amor al estudio, no se contentaron con las clases recibidas en las escuelas, sino que también aprendieron mecanografía e inglés, idioma que llegaron a dominar. Cultivaron la prosa y la poesía, mediante las cuales dieron riendas sueltas a sus sentimientos patrióticos e ideales políticos.

En el momento del crimen Luis cursaba el segundo año de la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, y Sergio se disponía a matricular Medicina, una vez concluido el bachillerato.

Ambos fueron dirigentes del estudiantado en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río. Allí Luis fungió como vicepresidente de la Asociación de Estudiantes en el curso 1953-54, actividad en la cual se distinguió por sus firmes decisiones políticas. Ingresó en la universidad en septiembre de 1955, donde su actitud revolucionaria le ganó el respeto y la simpatía de sus condiscípulos, quienes no tardaron en elegirlo su delegado ante la Federación Estudiantil Universitaria, e integró el Directorio Revolucionario. Siempre estuvo presente entre el estudiantado que, encabezado por José Antonio Echeverría, bajaba la escalinata del centro de alta docencia en franco desafío al régimen. Cerrada la universidad en noviembre de 1956, regresó a su lugar de residencia, donde se incorporó al Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7), del que en agosto de 1957 ocupó el cargo de coordinador municipal.

Sergio, electo secretario de la Asociación de Alumnos del Instituto en noviembre de 1955, a la defensa de los derechos de los estudiantes sumó la lucha por la erradicación de los fraudes en los exámenes, la venta de notas y el amiguismo con los profesores en busca de buenas calificaciones. En ese centro dirigió una huelga estudiantil en solidaridad con los participantes en el asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, el 13 de marzo de 1957, y junto con su hermano Luis, a inicios de agosto de ese año participó en las protestas generadas por el asesinato de Frank País García, el 30 de julio. Fue, asimismo, jefe de acción y sabotaje del MR-26-7 en San Juan y Martínez, por lo cual era muy buscado por los agentes del Servicio de Inteligencia Militar.

Los pequeños Sergio, a la izquierda, y Luis, a la derecha, junto a sus padres Esther Montes de Oca y Luis Saíz. Foto: Tomada de La Jiribilla
Los pequeños Sergio, a la izquierda, y Luis, a la derecha, junto a sus padres Esther Montes de Oca y Luis Saíz. Foto: Tomada de La Jiribilla

Al referirse a ellos, en carta a Radio Continente, de Venezuela, difundida por esa emisora en agosto de 1958, la madre escribió: “(….) eran mis hijos, niños si se quiere en el orden cronológico, pero hombres dignos en su manera de pensar y actuar; que se irguieron verticales en la vida, como lo hicieron ante la muerte”.

Junto a los más humildes

Bajo el influjo de las enseñanzas obtenidas con la lectura de las obras de José Martí, los hermanos Saíz Montes de Oca eran aliados natos de los trabajadores del campo y la ciudad, con quienes se identificaron plenamente, disfrutando de sus victorias y sufriendo sus reveses. Como secretario general de la Asociación de Estudiantes del Centro Especial de Inglés, de San Juan y Martínez, Sergio, en unión de otros compañeros, impulsó la apertura de una escuela nocturna para obreros y campesinos de la localidad y sus contornos, donde además de impartirles los primeros grados de la enseñanza elemental, les aportaban nociones sobre Derecho Constitucional, Moral y Cívica, y Economía Política, lo cual bastó para que el Gobierno decretara su cierre.

Burla a la justicia

Aquel 13 de agosto, transcurridos apenas minutos de la partida de ambos jóvenes de su hogar, ante la taquilla del cine Martha, el soldado Margarito Díaz pretendió registrar a Sergio. Este se resistió y cayó al piso. Al percatarse de la situación, Luis, quien muy cerca conversaba con una muchacha, acudió en su auxilio y fue baleado por el militar. Entonces Sergio se abrió la camisa y le espetó: “Asesino, has matado a mi hermano, hazlo conmigo también”. Sus cuerpos sin vida quedaron a la vista de los transeúntes, y el asesino se refugió en el cuartel Domingo Montes de Oca, coronel del Ejército Libertador ascendiente de la madre de las víctimas.

La repulsa popular no se hizo esperar, y en masiva manifestación el pueblo sanjuanero acompañó a Luis y Esther hasta el cementerio de la localidad para dar sepultura a los heroicos jóvenes.

En lugar de levantar las actuaciones y detener al criminal, el jefe de la instalación castrense lo envió al regimiento Juan Rius Rivera, de Pinar del Río.

Monumento erigido a los hermanos Saíz, a la entrada de la ciudad de Pinar del Río. Foto: Tomada de Radio Guamá digital

Después se presentó en el lugar, “no para investigar los hechos y tratar de restablecer la justicia escarnecida, sino para amedrentar a los vecinos de esta villa que en las aceras circundaban la casa de socorros y lloraban con nosotros la pérdida de nuestros hijos. El crimen se engalana con la vejación”, escribió el padre en carta al periódico pinareño Vocero Occidental, que aprovechó un breve levantamiento de la censura de prensa y la publicó, el 7 de febrero de 1958.

En carta a su amigo, el juez Saíz, el 17 de agosto de 1957, Raúl Roa García aseguró:

“(…) como padre, siento como propia tu desolación; y como padre, sólo cabe desear que esté cercano el día en que la sangre inocente de tus hijos —semilla generosa— deje de clamar justicia e irradie luz serena en el recuerdo. Las circunstancias los han convertido en símbolo y como mártires pasarán a la historia. No en balde la conciencia toda del país se ha sublevado contra tan abominable crimen, rompiendo el silencio de espanto en que vivimos sumidos”.

Acerca del autor

Graduada de Licenciatura en Periodismo, en 1972.
Trabajó en el Centro de Estudios de Historia Militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en el desaparecido periódico Bastión, y como editora en la Casa Editorial Verde Olivo, ambos también de las FAR. Actualmente se desempeña como reportera en el periódico Trabajadores.
Ha publicado varios libros en calidad de autora y otros como coautora.
Especializada en temas de la historia de Cuba y del movimiento sindical cubano.

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