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Ippón de Kolychkine

KolychkineEn enero de 1951, con apenas 38 años de edad, el profesor Andrés Kolychkine Thompson llegó a La Habana con el mandato de su maestro Mikinosuke Kawaishi (7mo Dan) y uno de los alumnos de Jigoro Kano, el creador del judo. Debía extender este deporte a América y así lo hizo con disciplina, inmediatez e impacto increíble.

En tan solo un mes inauguró el primer dojo nombrado Club Habana, situado en el Vedado. Para agosto sumaban cuatro los existentes (dos más en la capital: Capitolio y Miramar, y uno en Manzanillo) mientras el resto de las provincias del país tuvieron sus primeros locales para judocas a inicios de 1952.

A menos de 24 meses de su llegada gestó el primer campeonato nacional de ippones, wazaris, yukos y kokas, y constituyó la Federación Cubana de Judo. Hacia 1953 creó la Confederación Panamericana y con ello el arte marcial cumplía el sueño de su fundador: ser practicado organizadamente en los cinco continentes.

Ruso de nacimiento, pero cubano de corazón y trabajo hasta su muerte con 84 años. Kolychkine tejió una carrera de educador, profesor, pedagogo y dirigente que incluyó ser el entrenador del equipo nacional a partir de 1960, y más tarde, cumplió su papel de profesor de judo en el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, donde siempre se le recuerda, incluso con una Cátedra Honorífica multidisciplinaria que lleva su nombre.

Por más de 20 años realizó estudios de motricidad e intelecto de las técnicas del judo y no pocos obstáculos e incomprensiones venció para demostrar la importancia de esta disciplina en la formación de valores, más allá del arte competitivo, de las medallas y de la extensión masiva en el sistema deportivo que legó el triunfo de la Revolución el 1.º de enero de 1959.

Quizás su obra mayor esté recogida en el campo pedagógico y en todos los discípulos que luego, con la misma marcialidad y respeto de los fundadores, asumieron el reto de ganar sobre los tatamis torneos regionales, panamericanos, mundiales y olímpicos.

A 66 años de aquellas primeras clases de judo, de las exhibiciones hechas en el teatro Águila de Oro para sumar simpatizantes, de la bibliografía compartida, de los cientos de reconocimientos recibidos por la Federación Internacional, Kolychkine todavía nos regala infinidades de enseñanzas, en especial, las relacionadas con su sencillez y humildad.

Decenas de miles de nuestros judocas y amigos extranjeros, maestros y competidores, recibieron directa o indirectamente su formación. Para el primer hombre que decretó ippón en Cuba el agradecimiento es total y en cada judoguis de entrenamiento va diciéndolo nuestro corazón una, dos, miles de veces.

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