Las torturas no destruyeron a Angelita

Las torturas no destruyeron a Angelita

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Angelita (María Elena) cuando se enfrentó a Calviño

 

En su apartamento del Vedado, conversé hace algunos años con una mujer menuda, frágil de apariencia dulce y muy lúcida en sus 96 años. Nadie podría suponer que ella fuera la misma que el 24 de abril de 1961 se enfrentó ante las cámaras de la televisión cubana a uno de los más connotados torturadores de la dictadura batistiana que respondía al nombre de Manuel Calviño Insua.

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Angelita a sus 96 años.

Se había organizado un panel periodístico en el teatro de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) que durante los días 21, 22, 24 y 25 de abril entrevistó a unos 40 mercenarios capturados tras participar en  la invasión de Playa Girón.

En un momento dado se produjo el dramático enfrentamiento de quien era entonces una miliciana de edad madura, combatiente de la lucha clandestina, cuyas palabras quedaron trascriptas para la historia:

“Calviño, aquí está María Elena, ¿me conoces? Fue su primera pregunta, e inmediatamente recordó aquel día en que el torturador irrumpió por la violencia en su hogar acompañado de sus bestiales asistentes:

“Lo primero que me hizo, al tumbarme la puerta, darme una tremenda trompada que me hundió el esternón recordó la mujer, estremecida de indignación- . Después, todo el tórax me lo destrozó a golpes, tanto que tengo una lesión cardiaca desde entonces. Entonces, él se me tiró a la ropa, porque la detención fue a las cuatro de la mañana, traigo aquí —porque lo conservaba, porque yo juré que me enfrentaría algún día delante de ti ¿te acuerdas que te lo dije?—estos son los pedacitos más grandes del payama, y todavía tienen sangre. Y esta es la bata(los muestra) que me puse; delante poraquí tiene sangre todavía, porque me dio una patada en el vientre y tuve una hemorragia.

“No le bastó eso. Entonces, cuando ya me desnudó, me entregó a Cano, a Alfaro, y a toda aquella gente, para que abusaran y me ultrajaran.“Entonces, cuando ya estaba desfallecida,que me iba en sangre, viniste por detrás y me hiciste los ‘teléfonos’,que he perdido el oído este que casi no oigo. Todo eso me lo hiciste fríamente,y cuando derribaste la puerta de mi casa, lo que me dijiste: ‘Maria Elena,aquí tienes al gran Calviño, ¿tú no decías que me ibas a preparar un atentado? Pues te voy a desbaratar’. Y efectivamente me desbarataron.”

Pero la mujer que se hacía llamar en la clandestinidad Maria Elena y cuyo nombre verdadero era Ángela González del Valle y Gutiérrez, sobrevivió a quienes intentaron eliminarla.

Recordarla hoy es un homenaje a los que no dudaron en arriesgarse a ser sometidos a los más atroces tormentos y hasta a la muerte, por defender un ideal, que Angelita alcanzó a ver materializado con el triunfo del primero de enero de 1959.

Cuando dialogamos su rostro se iluminó al evocar su participación en las luchas de su pueblo, en las que tuvo como inspiración a sus padres, que combatieron por la independencia,  y surgieron de su memoria que permanecía intacta a pesar de su longevidad, el  recuerdo los tiempos en que compartió sus estudios de bachillerato en la capital con el enfrentamiento a la dictadura de Gerardo Machado, su encarcelamiento en La Cabaña, su pelea junto a Guiteras,  y después su incorporación a las células de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio, el privilegio de hacer compartido con  Enrique Hart, Sergio González (El Curita) y Machaco Ameijeiras; su labor encaminada al traslado de armas y medicinas a la provincia de Pinar del Río con el fin de crear allí un frente guerrillero…

Calviño y sus secuaces nunca pudieron imaginar que esa mujer frágil que lo acusó ante las cámaras de la televisión pudiera sobreponerse a las secuelas de las torturas y aportar a la Revolución como trabajadora del Tribunal Supremo, desde las organizaciones de masas, en las milicias, en las filas del Partido, en siete zafras del pueblo, y al llegarle la merecida jubilación no sentarse a descansar sino seguir activa en la Casa de Atención al Combatiente hasta que su avanzada edad y su delicada salud la obligaron a permanecer en el hogar.

En aquella inolvidable conversación me confesó que se sentía más comprometida que nunca con la Revolución, convencida de que quien intentara regresar a Cuba al pasado, como lo quisieron hacer en Girón, serían derrotados. Para ello confiaba en los jóvenes, que sabrían actuar como una vez lo había hecho su generación.

Acerca del autor

Graduada de Periodismo. Subdirector Editorial del Periódico Trabajadores desde el …

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3 comentarios en Las torturas no destruyeron a Angelita

  1. Honro la firmeza de los luchadores clandestinos que supieron enfrentarse con valentia y honor a los horrores de la feroz dictadura

  2. Hoy que tanto se quiere por el enemigo que los mas jovenes y otros que no lo son tanto, debemos divulgar estos testimonios para que se sepa como se luchó para tener las oportunidades de hoy y quienes fueron los que desde el exterior nos presentar como personas de bien

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