Icono del sitio Trabajadores

El uchi-mata de Héctor Rodríguez

El próximo 30 de julio hará cuatro décadas del primer oro olímpico del judo cubano. Lejos de los 63 kilogramos de entonces, pero con su habitual carisma, Héctor Rodríguez aceptó entrar al tatami de preguntas con su técnica preferida, el uchi-mata que lo inmortalizara en Montreal 1976.

Para el también primer medallista mundial de este deporte (bronce en 1973), otrora entrenador de nuestras selecciones nacionales y el primer antillano en ser exaltado al Salón de la Fama Mundial, nada mejor que un combate de revelaciones, anécdotas y comentarios.

Judoguis ajustado… el recuerdo

Parece que ese oro lo acabo de alcanzar. Y es que los títulos olímpicos se viven muy distintos a otras medallas, pues quedan impregnados en nuestras mentes y aunque pasen 10, 20 o 40 años vives ese momento una y otra vez. Recuerdo hasta la primera entrevista que me hicieron y dije: “Se la dedico al pueblo de Cuba, a mi familia y al Comandante en Jefe

Héctor Rodríguez en los Juegos Olímpicos de 1976.

Movimientos rápidos… la pelea

Combatí con una lesión en la costilla que me había hecho en la preparación de altura en México. Eso peligró hasta mi presencia olímpica, pero mi entrenador les dijo a los médicos que él confiaba mucho en mí, que había competido muy bien en Múnich 1972  (discutí el bronce y fui perjudicado con la decisión arbitral) y en Montreal podía lograr una presea. Por eso competí infiltrado en la semifinal y final, porque el dolor era muy grande.

Agarra fuerte… ¿sorpresa?

No lo fue tanto porque había cumplido un excelente ciclo. En 1973 fui tercero en el Campeonato Mundial en Lausana, y terminé segundo en los Juegos Centroamericanos y del Caribe (1974) y en los Juegos Panamericanos (1975). Es decir, estaba picando la medalla olímpica, de ahí que no hubiera sido tanta sorpresa.

La proyección… el arma fundamental

Es cierto, el uchi-mata se convirtió en mi técnica preferida porque nosotros íbamos mucho a Corea y había un alumno del entrenador que teníamos que hacía esa técnica. Me gustó tanto que lo copié hasta perfeccionarlo a tal grado que a algunos les parecía que lo tiraba distinto a los demás, pero era la misma uchi-mata, solo que con una rapidez increíble. Los contrarios me estudiaban, pero no podían evitarla.

El tiempo camina… Moscú 1980

En esos Juegos Olímpicos me golpeó el peso. Siempre tenía que bajar mucho para lograrlo y cuando llegué a la capital rusa no era el mismo Héctor, me sentía mal. Por ese tema y la cantidad de lesiones sufridas decidí retirarme en 1981.

Viva la experiencia… otra etapa

Empecé como entrenador del equipo juvenil en la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (Espa). Allí trabajé con Legna Verdecia, Daima Beltrán y Driulis González. Luego, en 1989, fui a trabajar con Ronaldo Veitía en la selección nacional. Más adelante pasé al conjunto masculino con Justo Noda, y desde hace algunos años lo hago en España, con el elenco nacional de ese país.

Nuevo premio… la fama

Sentí una gran emoción y una enorme satisfacción cuando fui exaltado al Salón de la Fama en el 2013. Fue un reconocimiento muy bonito y justo, pero cuando hablé no olvidé a ninguno de los que me ayudaron hace 40 años: Isaac Azcuy, José Ibañez, José González Phillips, José Silvio Jiménez, Pedro Luis Herrera, y otros tantos que ya no están como Juan Ferrer Lahera, recién fallecido.

Por más victorias… judo cubano

Nosotros hemos crecido vertiginosamente. Hace poco felicité al colectivo de entrenadores de la selección masculina y les dije que no era egoísta, que quisiera ver a Asley González y a muchos más campeones olímpicos en Río de Janeiro, para que no existiera un solo Héctor Rodríguez, sino muchos más como hay en el femenino.

Final eterno… el retorno

Nunca me he ido de Cuba, estoy trabajando en España, pero espero un día no muy lejano volver a Cuba definitivamente y aunque quizás no trabaje ya, no dejaré de pensar en el judo.

El combate con este hombre de 65 años ha terminado. Unas lágrimas de amor, pasión y recuerdo ponen el punto final. Su ippón es histórico e irrepetible hasta hoy. Y eso merecía escribirlo.

 

 

Compartir...
Salir de la versión móvil