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La batalla de Palma Soriano

Por: Pilar Quesada González

Fidel en la emisora Radio Rebelde, en Palma Soriano, en la mañana del 1 de enero de 1959.

Con su impetuoso avance en la segunda quincena de diciembre de 1958, el Ejército Rebelde liberó numerosos pueblos y ciudades en la entonces provincia de Oriente.

Desde el 10 de ese mes, fuerzas  bajo el mando directo del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cercaron a una agrupación enemiga compuesta por la Compañía 102 del ejército, efectivos de la policía de Contramaestre y de los puestos de la Guardia Rural del central América y de Maffo, las cuales se habían concentrado en las naves del Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (Banfaic), en ese último poblado.

La tenaz obstinación de esa tropa y las características de la nave en que se atrincheraron, permitieron una larga resistencia que duró hasta el día 30.

Por tal motivo, el máximo jefe del Ejército Rebelde decidió mantener el hostigamiento sobre aquellas tropas e iniciar las operaciones  sobre Palma Soriano. Con ese objetivo, el día 22, se reunió en el central América, sede de su puesto de mando, con los jefes de las tropas que enviaría hacia allí, y ordenó al comandante Guillermo García Frías que, reforzado con la ametralladora calibre 50 de Fidel Vargas Vargas y dos morteros del Primer Frente, ocupara posiciones cerca de la pequeña pista de aterrizaje próxima al central y al cuartel de Palma Soriano. Allí esperaría el arribo de una avioneta que diariamente salía de Santiago de Cuba con el jefe de la plaza  militar, a quien debía capturar conjuntamente con el pelotón que, procedente del cuartel, acudía siempre a recibirlo.

Al capitán Universo Sánchez, le indicó  situarse entre la pista de aterrizaje y el cuartel, con la misión de frustrar el posible envío de refuerzos que impidieran la captura del alto oficial. Con esa acción, se proponía iniciar la toma de Palma Soriano con un golpe psicológico que  facilitara el posterior avance sobre el enclave.

Dispuso que el comandante Vitalio Acuña Núñez, reforzado con una bazuca y efectivos del capitán Diocles Torralba González, penetrara por el sector oeste del poblado, hostigara la estación de policía y mantuviera a sus hombres allí, cerrando el cerco por el sur conjuntamente con tropas del Segundo Frente que, bajo el mando del capitán Filiberto Olivera Moya, entrarían por el sector este.

Al comandante Juan Almeida Bosque correspondió asumir el mando directo de esa acción, en la cual por vez primera se unirían tropas del Primer, el Segundo y el Tercer frentes. No obstante, el propio Fidel estuvo directamente vinculado a ella, al igual que a la  Maffo, para lo cual mandaba a buscar a los jefes de las pequeñas agrupaciones, visitaba las posiciones e impartía órdenes.

En las primeras horas del 23 de diciembre, las unidades participantes en el ataque a Palma Soriano comenzaron a ocupar sus correspondientes posiciones. La acción conjunta del comandante Guillermo García y el capitán Universo Sánchez en la pista de aterrizaje se frustró porque a un combatiente se le escapó un tiro y la nave remontó el vuelo. No ocurrió lo mismo con el pelotón destinado a recibirla, pues se produjo un combate en el cual los rebeldes le ocasionaron seis muertos y tres prisioneros, y le ocuparon 11 armas. El resto huyó precipitadamente hacia el cuartel, instalación que a partir de entonces permaneció cercada por combatientes de los tres frentes hasta la mañana del día 25, cuando sus ocupantes se rindieron incondicionalmente.

De forma simultánea eran hostigadas las fuerzas atrincheradas en la estación de policía, el ayuntamiento y las azoteas de los edificios Mestre y Sariol, contra las cuales se combatió tenazmente hasta desalojar a sus ocupantes; los que lograron escapar se refugiaron en una inmensa nave de los almacenes Casas y Compañía. En estos se había hecho fuerte la compañía 104, bajo el mando del capitán Francisco Sierra Talavera, con el propósito de resistir, pero ya el avance rebelde era incontenible.

Al ser conminada la capitulación, Sierra Talavera pidió parlamentar con el jefe del Ejército Rebelde y fue conducido a su presencia.

Luego de conversar y acordar los términos de la rendición, el oficial retornó a la nave y  se encontró una mezcolanza entre soldados y rebeldes, muestra muy clara de la entrega incondicional de los primeros.

Durante las acciones simultáneas libradas durante la batalla de Palma Soriano, desempeñaron papeles importantes el mortero de 81 milímetros de Aeropagito Montero Zayas, y el de 60, de Emilio Rodríguez Aldana, ambos del Primer Frente, los cuales había  enviado el Comandante en Jefe junto con la ametralladora calibre 50 de Fidel Vargas Vargas. Todo ello, unido a la favorable intervención de una unidad del Segundo Frente, demostró la importancia de la unidad de las fuerzas revolucionarias en la consecución de los objetivos propuestos.

Con esa victoria, alcanzada el día 27, quedaron creadas las condiciones político-militares para marchar sobre Santiago de Cuba, de ahí que el líder rebelde pusiera en tensión  todas las fuerzas y cuidara personalmente de cada detalle.

La abnegada e infatigable labor de los combatientes que día a día  enfrentaban difíciles y riesgosas misiones, se vio coronada con el éxito cuando al iniciarse el año 1959 la patria quedó definitivamente liberada y el pueblo inició una segura e irreversible marcha hacia un futuro de incontables sacrificios, pero pleno de dignidad y amor.

 

 

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