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Cuba-EE.UU: Historia bien contada de un tope beisbolero (I parte)

Este 16 de julio celebramos los 26 años del primer tope oficial y amistoso de béisbol entre Cuba y Estados Unidos, celebrado en el estadio Latinoamericano de La Habana, como antesala y preparación para los Juegos Panamericanos de ese año, en Indianápolis. Luego de algunos partidos esporádicos en las décadas del 70 y 80 del siglo pasado, el llamado “dual meet” entre dos naciones enconadas política y deportivamente, se hizo realidad con una historia inolvidable.

Uno de los zurdos de oro de la pelota cubana, el matancero Jorge Luis Valdés, se anotó la primera e histórica victoria de estos enfrentamientos, al dominar a una selección universitaria que desafió a los campeones mundiales vigentes hasta el último out con excelente pitcheo, bateo ajustado y de largo alcance, así como una defensa brillante, sobre todo en el cuadro.

El marcador inicial (7-6) enseñó lo atractivo de la confrontación, que en la segunda noche reservó el éxito para los anfitriones (7-3), a la cuenta del pinareño Rogelio García. Sin embargo, la sensación del pitcheo más grande del tope la puso el estadounidense Jim Abbot en el tercer choque al dominar (8-3) a la tropa dirigida entonces por Higinio Vélez.

Abbot nació con una malformación en su mano derecha, pero adquirió increíbles habilidades para lanzar y fildear con la zurda, al punto de ser capaz de sacar al mismísimo Víctor Mesa –hombre proa de aquel conjunto- en primera base tras un toque de bola por tercera. La afición lo aplaudió y no lo olvidó jamás, como tampoco lo hizo con la primera lechada de Valdés y de Cuba en el cuarto desafío (7-0), escenificado en el estadio de Artemisa, el cual aseguró la victoria parcial en el tope

La escena quedó lista para un cierre en el Coloso del Cerro, donde Chris Carpenter ofreció una disertación desde la lomita para sonreír (7-4), en contra de Rogelio. Cuando cayeron las cortinas de esos cinco pleitos –dos de ellos presenciados por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro-, una estela de satisfacción y sana rivalidad se impuso entre todos en espera de próximos duelos en 1988, los cuales tuvieron por sede cuatro estados norteños: Tennessee, Indiana, Virginia y Carolina del Norte.

A pesar de los contratos que inmediatamente le llegaron a la mayoría de los integrantes de la escuadra estadounidense, la base se mantuvo junta y pudo enfrentar a Cuba del 6 a14 de agosto del año siguiente, con balance final de cuatro éxitos para los antillanos y tres para los locales. René Arocha, Jorge Luis Valdés y Orlando Hernández se anotaron triunfos contundentes, en tanto Abbot nos ganó el primero para delicias de sus parciales.

Sin duda, la faena más contundente de Cuba en estos topes aconteció en 1989, cuando dominaron las seis presentaciones (se jugó un partido en Estados Unidos y cinco en La Habana) con par de blanqueadas incluidas (16-0 y 6-0) y tres nocaos. La artillería Linares, Kindelán, Pacheco, Casanova, Gourriel y Víctor Mesa no creyó en sus adversarios universitarios, pero de inferior calidad al de los dos años anteriores.

En 1990, solo se celebraron tres juegos (el primero en suelo cubano y el resto en estadios de Milington, Tennessee), y por vez primera el balance general favoreció a los estadounidenses al superarnos como home club 6-5 y 1-0. La escena quedaría lista entonces para un empate a tres en la serie de 1991, algo sui generis en estos enfrentamientos y que nunca más se repetiría.

Muchas historias quedarían por escribir antes de que en 1996, la dirección de béisbol del béisbol amateur estadounidense, USA Baseball, decidiera suspender estos esperados duelos, clasificados por algunos especialistas como el pulso deportivo más esperado en el béisbol internacional.

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