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Las “tesoreras literarias” de Bauta

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García y Menocal recibió una pieza del reconocido artífice bautense Rael Rodríguez Capote, quien en otro momento le sostuvo el Libro de visitantes ilustres de la biblioteca, en la foto, mientras el vicario deja en él su valoración sobre el evento. Foto: Roberto Carlos Medina
Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García y Menocal recibió una pieza del reconocido artífice bautense Rael Rodríguez Capote, quien en otro momento le sostuvo el Libro de visitantes ilustres de la biblioteca, en la foto, mientras el vicario deja en él su valoración sobre el evento. Foto: Roberto Carlos Medina

En el año 1981 en nuestro país fue instituido el Día del bibliotecario, en recordación del natalicio del Padre de la bibliografía cubana, Antonio Bachiller y Morales (7 de junio de 1812 – La Habana, 10 de enero de 1889); también profesor universitario, filósofo, periodista, historiador, arqueólogo y americanista; fundador, en 1863, del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana.

Merecido homenaje a estos educadores que el viernes último alabaron la grandeza de su desempeño en las bibliotecas públicas y en las existentes en entidades educativas y especializadas, así como en organismos y empresas de diversas esferas de la economía. Diseminados a lo largo y ancho del archipiélago, son como soldados de la literatura y el libro, dispuestos a ayudar a cuantos acuden a sus salas, en disímiles gestiones relacionadas con la investigación y la formación cultural, cívica y educacional.

Y tal celebración me recuerda a un animoso colectivo integrado por mujeres. Desde las difíciles circunstancias promocionales de un pequeño municipio, ellas trascienden al ámbito nacional con múltiples programas vinculados con la comunidad. Me refiero a las “tesoreras literarias” de la Biblioteca municipal Antonio Maceo, de Bauta, en la provincia de Artemisa, quienes bajo la dirección de Damarys Camacho asumen, con loables iniciativas, el ejercicio de una labor cuyos inicios se remonta a más de cuatro mil años, paralela a la evolución de la escritura y el libro.

Vale significar los valores históricos y culturales del inmueble donde radica esa institución. En la década del 40 del pasado siglo funcionó allí la escuela pública José Martí, propiedad de monseñor Ángel Gaztelu Gorriti (Navarra, España, 1914 – Miami, 2003), quien desde joven fue párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, ubicada en el parque que se encuentra frente a la biblioteca.

También reconocido como poeta y hombre sensible, Gaztelu, y el célebre escritor José Lezama Lima, fueron, además, promotores principales de la Revista Orígenes —que aparecía en cada estación del año—, dirigida desde su creación por el autor de Paradiso y José Rodríguez Feo. Otras de las figuras de la vanguardia artística, integrantes de aquel equipo fuertemente cohesionado por la amistad, fueron Mariano Rodríguez y René Portocarrero (pintores) y Alfredo Lozano Peiruga (escultor); además de los escritores Virgilio Piñera, Fina García Marruz, Cintio Vitier, Eliseo Diego y Gastón Vaquero; y los músicos Julián Orbón y José Ardevol.

El erudito sacerdote y Orígenes acogido por él en su hogar y en las parroquias de Bauta y Baracoa, nos legaron sólidas páginas de pensamiento nacionalista, en abierta crítica a los estrechos horizontes de la cultura en esa época. El grupo hizo de las letras un arma para denunciar la opresión social, a través de la revista cuyos gérmenes se fomentaron desde otras publicaciones(1) precedentes.

Como parte del programa que incentiva la biblioteca de Bauta entre la población(2), con el fin de descubrir y promover valores históricos y culturales del territorio, desde hace 17 años realiza el evento Orígenes y el Espíritu Actual, que cuenta con el lógicamente limitado apoyo del gobierno y la dirección de Cultura en ese municipio y en la provincia de Artemisa. Pero ya sobrepasa las expectativas locales y pudiera —sin quitarle el protagonismo fundacional— contar con mayor cooperación de otras entidades nacionales a las que estas experiencias pueden ser muy útiles.

Justo es mencionar la memoria recogida durante casi dos décadas por Silvia Amaro y Maria Virginia Pérez a través de su proyecto Tras las huellas de Orígenes, que les ha permitido conformar un valioso archivo con fotos, cintas de audio, papelerías, y otros documentos relacionados con la presencia en esa localidad —próxima a la capital del país— de lo más avanzado de la intelectualidad cubana de la primera mitad del Siglo XX.

En el último de esos encuentros participaron varias figuras de la cultura nacional, como Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García y Menocal, Vicario de la vicaría de San Agustín; Araceli García Carranza, especialista de la Biblioteca Nacional José Martí; el cronista e historiador Ciro Bianchi; el ensayista y escritor Carlos Jesús Cabrera; y el músico José María Vitier, entre otros.

Memorable mañana durante la que, además, fue inaugurada la muestra Pa’ defenderse, con obras del joven creador de la plástica, Denys San Jorge; en tanto el grupo Cachiván dio a conocer parte de lo mejor de su repertorio musical y se presentó la revista literaria La diana, de la provincia de Artemisa.

Este jolgorio fue uno de los tantos que, con lleno total de la sala, cada mes organiza la Biblioteca Antonio Maceo, institución que, como se lo propuso Orígenes, intenta descubrir “el lado más oculto del ser cubano”(3).

(1) Esas revistas fueron: Verbum (1937), Espuela de Plata (1939 – 1941), Clavileño (1941 – 1943), Nadie Parecía (1942 – 1944) y Poeta (1942 – 1943).

(2) La biblioteca tiene una extensión de 332 m2, atiende a más de 43 mil 450 habitantes y posee un fondo cercano a los 30 mil volúmenes.

 (3) Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, en Adiós al padre Gaztelu, Opus Habana. Semanario Digital. Vol. I, No. 5/2004.  

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