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¡Señora alumbramientos!

Sonriente, segura y rodeada de sus alumnos durante la atención a una de sus pacientes. Foto: Roberto Carlos Medina
Sonriente, segura y rodeada de sus alumnos durante la atención a una de sus pacientes. Foto: Roberto Carlos Medina

No es autoritaria, pero su modo de hablar alto, su tono grave y la seguridad con que se expresa inspi- ran un respeto adicional al que ha conquistado como profesional. De risa fresca y espontánea, respuestas rápidas y soluciones siempre a mano, está hecha esta mujer, a quien la Federación Latinoamérica de Obstetricia y Ginecología le otorgó la categoría de Maestra, en el 2014.

La doctora Manzano no se pierde en los recovecos del capitalino hospital materno Ramón González Coro; va dejando su rastro a cada paso, y cuando llegan las nueve de cada mañana, ya la esperan a la puerta de su oficina un montón de mujeres, jóvenes o de la tercera edad, que buscan un minuto de su tiempo para consultarla, pedirle que atienda un parto o simplemente saludarla.

Dos años atrás (2012), la Federación Internacional ya le había conferido igual condición a la doctora Blanca Rosa Manzano Ovies, y esas son sus máximas condecoraciones, porque además, llevan explícito un gran simbolismo: “En 1994 y en el 2002, le otorgaron a mi madre los mismos reconocimientos que luego obtengo yo”; así desvía la atención hacia la persona que ha sido luz de sus pasos como profesional. ¡Tres para una especialidad!

“Soy hija de la doctora Ada Ovies, una personalidad para la salud pública de Güines; directora de su maternidad durante 40 años, fue por mucho tiempo la principal ginecóloga del pueblo, y sentó cátedra no solo en la atención a sus pacientes sino también en la formación de los especialistas que laboran allí.

“Ella ha sido muy importante para mi hermana y para mí, las tres somos lo mismo (se refiere a la especialidad). Crecimos viendo a aquella mujer imprescindible, que trabajaba intensamente, hacía guardias en la maternidad, casi no tenía tiempo para nosotras, por eso mi abuela se ocupaba de nuestro cuidado. Siempre estuvimos muy relacionadas con su carrera y su desempeño, y eso definió nuestra vocación.

“Tener esa vinculación con mi madre nos preparó para asumir una especialidad difícil y dura, donde la responsabilidad se convierte en una carga pesada; cuando nacen tus hijos tienes que pedir ayuda porque no alcanzas para todo, y el tiempo que debes estar en el hospital es impredecible, porque además de las guardias, te pueden necesitar en cualquier momento.

“Ese esfuerzo tiene su recompensa con el nacimiento de cada niño que pasa por tus manos. El alumbramiento es un acto de amor, donde se funden gratitud, esperanza y responsabilidad. La madre y la familia siempre esperan que una haga el trabajo perfecto para que todo salga bien con su descendencia. Cuando es así, siento una tranquilidad y felicidad extraordinarias.

“Ya yo no hago guardias, ni casi partos después de 40 años de trabajo —se cumplieron el 17 de febrero, todos en esta misma institución—; aquí he sido vicedirectora facultativa y luego docente, además de ser ocho años presidenta de la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología; ahora me dedico más a la labor con los estudiantes que a la asistencia.

“He logrado todo lo que he querido en mi profesión, soy Profesora Titular Consultante de Obstetricia y no tendría que estar en el hospital, pero me siento atada a esta especialidad, me gusta la docencia, tenemos que formar el relevo”.

La hija de Güines

La doctora Blanca Rosa Manzano debe a su pueblo natal mucho de lo que es hoy. “Toda la enseñanza general la hice en las escuelas de Güines, desde la primaria hasta el preuniversitario, donde tuve excelentes profesores que además de las diferentes asignaturas me inculcaron muchos de los valores que se necesitan para consagrarse a la Medicina”.

En 1966, la mayor de las hijas de la doctora Ada Ovies llegó a la escuela de Medicina Victoria de Girón, hizo el internado vertical en el hospital América Arias (Maternidad de Línea), y Güines la recibió de nuevo en los momentos que desarrollaba su servicio rural, en el cual bebió, con una perspectiva más específica para su carrera, la savia de la madre.

“Cuando aún no tenía mucha experiencia profesional tuve a mi primer hijo, en Güines; un familiar mío junto a mi madre tuvieron que hacerme una cesárea; el segundo nació en el González Coro, programaron la cirugía y la realizaron una amiga y mi profesor.

“Yo creo que sí es posible deslindarse de la profesión en esos momentos. Confié en los médicos que me atendieron y todo el tiempo estuve convencida de sus habilidades y conocimientos. Los profesionales de esta especialidad tienen que demostrar seguridad en todos sus actos; es preciso que cuando una mujer vaya a parir, el médico que le toque le inspire confianza, seguridad y le dé afecto.

“No sé cuántos niños han visto la luz en mis manos, son muchos, pero no recuerdo con exactitud la cifra. Reconforta verlos al salir del vientre materno y también hacerles el parto a mujeres que he visto nacer, eso es muy bonito.

“Ahora pienso en la primera vez: fue durante el internado, haciendo la especialidad; practiqué una cesárea junto a mi profesor y me sentí importante al ver cómo ayudaba a una madre a parir, que pasa por un momento doloroso; después que vi al bebé sentí muchísima alegría.

“Cuando el parto no sale como una espera o se complica —y tengo experiencias de eso—, pasas por un momento muy difícil. Tienes que atender al niño y ayudar a la madre a enfrentar los problemas, siempre diciendo la verdad, no puedes engañarla; incluso si no te diste cuenta a tiempo, asumirlo, las personas se pueden equivocar. Llegas a sentirte muy disgustada en esas situaciones.

“El momento más reconfortante es aquel en que todo sale bien, por ejemplo, cirugías complejas que te preocupan desde el punto de vista profesional, que te quitan el sueño la noche antes. Esta es una especialidad estresante; el parto es con sangre, la cesárea también, y el riesgo de que una mujer se ponga grave llega en un minuto”.

De hacer partos al climaterio

Hay temas que no pueden dejarse pasar cuando estamos ante una personalidad que conoce casi todo sobre su especialidad. El parto sin dolor y su impracticabilidad en Cuba es uno de ellos: “Considero que no se hace, principalmente, por problemas de recursos y falta de anestesistas. Para realizarlo con éxito se necesita el apoyo de esos especialistas. En los países desarrollados, cuando la parturienta tiene de tres a cuatro centímetros de dilatación, con su consentimiento, se le aplica anestesia; ello no impide que desarrolle su proceso de contracciones, de pujar, de colaborar en el parto”.

Sobre la posibilidad de que Cuba continúe rebajando los índices de mortalidad infantil y materna, comentó: “Hay un intenso programa nacional que cuenta con los recursos necesarios, con voluntad política y la ayuda del Ministerio de Salud Pública, ahí están las bajas tasas de los últimos años.

“La materna es más complicada, y aunque se han logrado resultados se puede seguir reduciendo el indicador si se atienden los problemas fundamentales actuales: los embarazos ectópicos no diagnosticados, los que a veces se presentan en los trayectos de lugares lejanos a la maternidad; las operaciones cesáreas (tienen que estar bien indicadas porque ponen a la mujer en riesgos en relación con el parto); cuando la placenta no está bien colocada, y padecimientos que afectan en nuestra especialidad como la hipertensión arterial, la diabetes, entre otros”.

Para una profesional que ha llegado a la tercera edad siempre hay una pregunta en el tintero: ¿Alguna vez pensó desistir o retirarse? Y la respuesta llega con una exclamación: “¡Nunca!

“Soy experta en climaterio. Hace algunos años me dedico a tratar la Ginecología en la tercera edad porque me gusta, hay que atender antes a las mujeres para que lleguen bien a los 60 años y veo que es una rama dentro de la especialidad un poco olvidada.

“La geriatría ginecológica te da la oportunidad de conocer todos los problemas que la mujer puede llegar a padecer después de la mencionada edad, además de ayudarlas a pasar el climaterio. Tenemos consultas en los hospitales maternos y creamos la sesión correspondiente dentro de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología con un programa a nivel nacional.

“Haber trabajado siempre en este hospital me da tremendo sentido de pertenencia, llega a formar parte de mí como persona, por eso siempre estaré a la expectativa de todo lo nuevo”, porque esta ¡Señora alumbramientos! no va a desaparecer mientras pueda.

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