No es la magia de un día, sino de años. No es pasar o dar dinero cuando se pide, sino cada vez que se necesite. No es dar una nalgadita y luego golpear tu mano, sino educar con tu ejemplo y con esas mismas manos de trabajo y dedicación. No es solo darle besos y abrazos a todas horas, sino poderte robar esta frase al amanecer: «los besos de mi PAPÁ son los mejores aunque a veces pinchan». Continuar leyendo


