Llegaron cerca del mediodía y el polvo era blanco y resbaladizo por donde se pisaba o tocaba. Los rostros seguían arrugados del trabajo y el dolor. Una Iglesia emblemática del municipio más poblado de la capital continuaba sin su cruz y en un descenso de apenas 100 metros, cientos de escombros, madera, piedras, basura y… Continuar leyendo

