“El día antes de regresar a Cuba ocurrió algo que me chocó bastante. Me encontré en la calle con una paciente, una señora mayor que comenzó a llorar con un desconsuelo que solo se ve en las personas que pierden a un familiar muy querido. Me abrazó en medio de la calle, fue triste y emocionante, no estaba preparado para eso y se me salió una lágrima. Ella me daba las gracias y yo le decía: Obrigado yo” Continuar leyendo


