Holguín.— Él no lleva casco de liniero ni opera una subestación eléctrica. Tampoco es despachador de carga. Su pequeño taller, ubicado en un lateral del edificio central de la Empresa Eléctrica de esta provincia, puede pasar desapercibido incluso entre sus propios compañeros. Sin embargo, se trata de un hombre valiosísimo para un sector que hoy mantiene atento a todo un país.

Además de habitar el mundo de las radiocomunicaciones, imprescindible para que se coordinen todas las operaciones del sistema eléctrico, Alejandro innova con pasión.
Sus conocimientos como informático y técnico en electrónica se habían puesto a prueba en la electromedicina y la agricultura, pero jamás en un sector sobre el que baten con tanta fuerza los vientos del bloqueo del Gobierno estadounidense. Así que en solo tres años como especialista A en Comunicaciones y Telecontrol del Despacho Provincial de Carga se ha puesto, y bien ajustado, el traje de anirista.
“Con lo que tenemos hay que hacer cosas nuevas. Estos son tiempos de muchas carencias, y si no innovamos y racionalizamos, sucumbimos”, sentencia. Por eso se dio a la tarea de resolver un problema que ponía en jaque a los operadores del Despacho.
Explica que en el entramado eléctrico de Holguín existe un número importante de recerradores automáticos, los llamados interruptores marca Nulec, que se operan a distancia. Cuando uno de esos equipos detecta una alteración en un parámetro de línea, ya sea en la tensión, en la corriente que consume o un falso contacto, y de inmediato envía una señal.
Al tener las líneas eléctricas cierto estado de deterioro, las alertas se vuelven repetitivas al punto de que un solo interruptor satura el canal de entrada de los mensajes y los trabajadores del Despacho no pueden operar de forma correcta el sistema, o sea, abrir o cerrar un circuito.
Ronda González se propuso entonces crear un software que identificara el dispositivo y permitiera hacer algo al respecto, arreglarlo o apagarlo de manera momentánea. Con ese programa ya es posible saber el número del interruptor y el lugar en el que está ubicado y actuar en consecuencia.
Explica que antes de esa innovación, premiada a nivel provincial el pasado año, el proceder era muy engorroso. “El personal de comunicaciones debía salir con un transceptor (walkie-talkie) al que le quitábamos la antena para captar solo las señales más fuertes y ‘cazar’ la de kilómetro a kilómetro hasta dar con el interruptor culpable, lo que generaba gasto de tiempo y combustible”, precisa.
Pero Alejandro no se detuvo ahí. Recientemente presentó una segunda innovación: el Puente FLC, que mide inductancia, capacidad y frecuencia en componentes electrónicos, y que facilita la reparación de otros equipos. “Nunca hubo uno de ese tipo aquí, aunque existe en el mundo”, aclara.
Sobre su motivación para crear, Alejandro es claro: “Lo que me inspira es el reto técnico y ahorrarle gastos al país, que es lo más importante”. Y añade a modo de consejo: “Innovar requiere estudio y no estancarse, utilizar todo lo que uno tenga a mano”.

