Las Tunas.— Después de 12 años me reencuentro con Ana Rosa López Bañobre, vecina y amiga de Carlos Leyva González, una de las víctimas del abominable crimen de Barbados, el 6 de octubre de 1976, hecho sobre el que siempre habrá que escribir.

“Nos llevábamos muy bien. En el barrio todos queríamos a Carlitos”. Lo afirma y su mirada desanda rincones de la cuadra, la residencia que desde hace tiempo rebautizaron como Mártires de Barbados, en tributo a las víctimas y, entre ellas, al joven esgrimista, al campeón, al muchacho reservado, y a la vez amigable, cuya presencia física talaron manos asesinas.
Ana habla con el mismo dolor y la indignación de entonces carcomiéndole el alma. Ya son cinco décadas, aunque en su memoria persisten imágenes del mártir y de aquellos tormentosos días. Y vuelve al relato.
“A Carlitos lo recuerdo como un muchacho muy educado; callado, pero no tímido, le gustaba regalarles flores a sus amiguitas del barrio que se lo disputaban. Lo mataron en la mejor etapa de su vida, cuando los jóvenes comienzan a ponerse lindos.
“Supimos de la noticia con Henry Rumiao, hijo de María Dupont, una francesa que era dueña del terreno donde se construyó la casa de Carlos. Henry escuchó por la emisora BCC de Londres sobre el accidente de una nave de Cubana de Aviación que traía a unos deportistas y se lo comentó a mis padres, Rafael y Rosa.
“Había incertidumbre. Era algo que no podíamos creer. No podía ser verdad, así pensábamos hasta que se confirmó por Radio Reloj y otros medios de prensa nacionales.

“Nadie le dijo nada a Gudila —la mamá de Carlitos—, ni a Carlos, el padre; hasta que las autoridades lo hicieron de forma oficial. Ellos se pusieron muy mal. Era tanto el dolor que los vecinos y los familiares nos mantuvimos en velorio simbólico por espacio de una semana.
“Fue tan grande el impacto que el padre comenzó a padecer de desequilibrio mental. Él era muy activo, muy trabajador y de cierta cultura, hablaba francés e inglés; y, a Gudila, unos 8 días después de un conmovedor acto de recordación —el 17 de septiembre de 1995—, cuando develábamos una tarja en el Memorial le dio una trombosis e isquemias constantes de las que no se recuperó jamás. Ellos también son víctimas del crimen”, sentencia.
Desde el Memorial
En la esquina de la calle Lucas Ortiz se encuentra la casa museo, muy bien conservada y que trasmite solemnidad. La fuerza de su proyección pública la condicionan sus propósitos y el patrimonio que atesora.
El Museo Memorial Mártires de Barbados abrió sus puertas el 2 de julio de 1978. El comandante del Ejército Rebelde Faure Chomón Mediavilla entonces primer secretario del Partido en la provincia, fue el promotor de la idea.
(…) Su edad promedio apenas rebasaba los 30 años, aunque sus vidas eran ya, sin embargo, inmensamente ricas en su aporte al trabajo, al estudio, al deporte, al afecto de sus familiares allegados y a la Revolución”, sentenció el Comandante en Jefe Fidel Castro en la despedida de duelo a los mártires.
“El inmueble siempre tuvo dos plantas, expresa su directora Maelis Martínez Báez, y reseña que era de madera, pero en el año 2000 fue reconstruido totalmente. Ahora sus paredes son de mampostería con un acabado que imita las tablas que lo caracterizaron en sus inicios.
“Divulgar la historia nacional y local y promover en la juventud el conocimiento de la vida de los mártires de Barbados fueron sus objetivos fundacionales, y los conservamos y los defendemos cotidianamente”, asegura.
En mayo de 1995 Ana Rosa López empezó a trabajar en el museo hecho que interpretó como una oportunidad a la que sumó todas sus energías para mantener, junto el colectivo, esta tribuna de denuncia perenne contra el terrorismo.
“Comencé como veladora —recuerda—. Sentía un serio compromiso con Carlitos porque lo conocía y no iba a defraudar su memoria ni la de todos los caídos”. Estudió y transitó, como premio a su entrega, por las responsabilidades de auxiliar y técnica de museo.
“Fueron 30 años de trabajo y estudios, de investigaciones, de visitas a escuelas, centros laborales…, y de una labor incansable de búsqueda de información y de artículos vinculados con las víctimas que sirviera para acercar a los visitantes a esas vidas arrancadas por el sabotaje.
“De todas esas vivencias me siento muy orgullosa y de haber compartido con personas muy buenas, que conocen su misión y la cumplen incondicionalmente.
“Me jubilé el 30 de mayo de 2025, aunque sigo aquí, dispuesta a colaborar en lo que haga falta siempre que lo soliciten”, afirma y habla de su satisfacción de trabajar en el único museo memorial que rinde tributo en Cuba y Latinoamérica a los mártires del aborrecible acto.
Sueños cercenados por el crimen
“Es un museo chiquito pero cargado de una historia conmovedora en los planos sentimental, emocional y luctuoso. Aquí vienen las personas y durante el recorrido por las salas sus lágrimas brotan”, cuentan Maelis y Marbelis Martínez Báez, especialista de la institución.
Una ampliación con las fotos de las 73 víctimas y un pedazo del fuselaje de la nave siniestrada dan la primera visión de la magnitud del crimen. Además de Carlos, otros dos tuneros perecieron en el atentado: Leonardo Mackenzie Grant y Abelardo Rodríguez Font, oriundo del municipio de Jesús Menéndez y trabajador de Cubana de Aviación.
Carlos y Leonardo eran miembros del equipo juvenil de esgrima de Cuba que participó en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de este deporte celebrado en Caracas, Venezuela, y regresaban a la patria después de conquistar el cetro. Eran 24 deportistas, y de ellos 16 tenían entre los 16 y 30 años de edad.
“Disponemos de dos salas expositivas, con más de 522 objetos museables de gran significado histórico donadas, fundamentalmente, por familiares de las víctimas y por el Museo del Aire, de Barbados”, detalla Marbelis.
“Hay 14 piezas que se exhiben de forma permanente —señala Marbelis—, entre ellas destacan un uniforme de esgrima que pertenecía a Leonardo McKenzie Grant, los floretes de Carlos y Leonardo y fotos individuales y medallas de los campeones”.
La especialista detalla parte del quehacer de la institución: “Además de las visitas programadas y ocasionales desarrollamos cuatro actividades dirigidas a diferentes segmentos poblacionales, en las que combinamos temas de carácter histórico, de denuncia al terrorismo y charlas educativas”.
Así rinden permanente tributo a quienes fueron asesinados por un sabotaje que cercenó sueños y quedó como huella indeleble del terrorismo.
Acerca del autor
Licenciado en Periodismo (Universidad de Oriente, 1986), máster en Ciencias de la Comunicación (Facultad de Comunicación Universidad de La Habana, 2010). Inició como colaborador (1999) y desde el 2008 es corresponsal de Las Tunas. Profesor adjunto de la Universidad de Las Tunas con categoría de asistente. Cumplió misión en la República de Haití (2000) y en la República Bolivariana de Venezuela (2018-2021). Es colaborar del Periódico 26 y de la emisora provincial Radio Victoria.


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