Este 23 de agosto, fecha de celebración del aniversario 66 de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), me viene a la memoria cuánto se ha hecho a favor de la mujer y su empoderamiento en la sociedad actual.

De cara al nuevo cumpleaños de la organización me enorgullece cada rostro femenino visto en fábricas, conduciendo procesos en la Central de Trabajadores de Cuba (CTC); en el oficio de operarias, periodistas, diputadas, directoras, emprendedoras como parte de los nuevos actores económicos, enfermeras, auxiliares de limpieza u otros roles.
Es, que decir mujer, es sinónimo de fuerza, valor, responsabilidad, inteligencia, capacidad, habilidad y talento que demuestran el aporte de esta masa en todas las aristas y sectores de la sociedad, incluso, en aquellos con preponderancia de los hombres.
Verlas desempeñarse en cualquier oficio, por difícil o contradictorio que parezca, habla de su empeño por visibilizarse; antes no tenían esta posibilidad porque los empleos eran patrimonio de los hombres, dado su rol de sustentar a la familia; mientras esto ocurría, ellas permanecían en casa al frente del lavado, el planchado, la cocina, el zurcido u otras tareas domésticas.
Hoy la realidad es diferente. Más del 35 por ciento de los hogares cubanos están encabezados por mujeres, aunque continúa el predominio del modelo tradicional con sobrecarga para las damas ante la existencia de costumbres y estereotipos machistas.
Esa mirada no ha faltado por estos días durante los debates previos al cumpleaños 66 de la FMC. En esos espacios, además, se intercambiaron criterios acerca de los valores que defienden, del trabajo educativo, preventivo y de la atención y el enfrentamiento a indisciplinas sociales.

Sus voces se alzaron también para abordar el tratamiento de su imagen y presencia en los medios de comunicación; la igualdad de derechos, y oportunidades, su participación en la economía del país, y su promoción a cargos de dirección, unido al funcionamiento integral de la organización, entre otros temas.
En cada bloque del Municipio Especial Isla de la Juventud se habló de la importancia del papel de la familia en la formación de las nuevas generaciones, la necesidad de vincularse más con las jóvenes que llegan a la edad de ingreso a la organización, en aras de garantizar el relevo de esta fuerza; de lo vital del trabajo personalizado con la familia, como célula base de la sociedad, en busca de orientarla y prepararla para reforzar los valores patrióticos, éticos y morales y enfrentar conductas que denigran la dignidad humana.
Tampoco faltó el análisis de cómo seguir fortaleciendo el funcionamiento de la organización; el contenido de trabajo y los métodos, que no siempre motivan la participación consciente ni responden a las necesidades e intereses.
Dijeron asimismo que en la actualidad las féminas pineras se nutren de mejores herramientas para enrumbar el trabajo en la próxima etapa y así poder arribar más fortalecidas y conscientes de sus retos, desafíos y cuánto más pueden hacer desde la organización.
En Cuba hay más de cuatro millones 300 mil federadas; de ellas, el 44 por ciento son jóvenes; y cada año ingresan a la organización aproximadamente 50 mil muchachas de manera voluntaria, porque la FMC, esa organización de masas fundada el 23 de agosto de 1960 por la destacada revolucionaria Vilma Espín, defiende y defenderá con todas sus fuerzas la emancipación de la mujer.
Este aniversario 66 es acicate para que el secretariado de la organización patentice su compromiso con la producción de alimentos y demás desafíos para convertirnos en Municipio Sostenible; justo por eso, en el acto municipal por el nuevo cumpleaños de la FMC, el cual tuvo lugar en el parque 15 de Mayo, se le impuso la medalla 23 de Agosto a la joven Yunidisledis Estrada Lezcano, trabajadora y federada en la avanzada de su quehacer, con reconocimientos en su hoja de haber por parte la FMC, los Comités de Defensa de la Revolución, la CTC y el Ministro del Interior.
De seguro, esas emociones serán buenas energías para que esta obrera continúe dando el «extra» porque a Cuba hay que quererla, pero sobre todo, acompañarla a «latir» en medio de momentos tan complejos.

