RETRATOS: Atender al cliente, la razón de ser de Milagros

RETRATOS: Atender al cliente, la razón de ser de Milagros

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Los más viejos conocen su nombre y los que no, la saben identificar y hasta prefieren perder un turno por tal de que sea ella, la señora canosa, quien les atienda. Una sonrisa suave, unas manos curtidas en años pero precisas en la escritura, una memoria prodigiosa y unas maneras tiernas de explicar al atenderte son la carta de presentación de Milagros González de Arma, dependienta de la unidad farmacéutica 662, ubicada en la cabecera provincial de Camagüey.

 

 

Unos 50 años, de los 61 de servicios que acumula, los lleva laborando Milagros en la misma farmacia. A muchos de sus clientes los conoce y hasta sabe los medicamentos que requieren.

Pero no le gusta abusar de su memoria y prefiere siempre revisar bien los documentos y contrastar las dosis. Y controlar todo, para que no se dé ninguna situación.

Esa seriedad al trabajar, dice que la aprendió de sus padres. En casa, cuenta, eso primaba. De ellos entendió también la importancia de ser buena gente y sonreirle a los demás, «porque ellos no tienen la culpa de que uno tenga problemas o esté cansado».

Aunque sus progenitores no laboraron en nada que tuviera que ver con salud, Milagros y su hermana decidieron formarse como auxiliares técnicos de farmacia, que luego se unificó y las preparó como dependientas además.

Cuando Milagros comenzó a trabajar pasó por varias unidades, pero «cuando llegué a la 662 me sembré como quien dice. Aquí no tenemos dispensario, pero hubo años en los que se trabajaba mucho.

«Cuando entraba un pedido no nos íbamos hasta que se organizara todo. Ahora hay mucha escasez de medicamentos, pero antes era locura y con un trabajo constante».

Lo más complejo, agrega, son los medicamentos controlados. «De ellos, dice, hay que llevar un control, contrastar el número del carné, el vale, ver bien si toca o no, poner correctamente el nombre de la persona. Unos cuantos elementos que son esenciales.

«Ser dependiente no es sencillo hay que llevar muchos controles y tratar con el público, lo más complejo según mi experiencia.

«Cuando la persona llega y no hay lo que necesita, uno trata de convencerla sin maltratarlo para que comprenda que no es culpa de uno, pero siempre los hay que se ponen muy descompuestos.

«La cobertura es baja y muchos los necesitados, por lo que debemos hablarle para que entiendan. Y aunque se alteran bastante, un buen trato siempre es importante».

Milagros ya se jubiló, el calendario supera las 80 primaveras, pero continúa siendo la primera en llegar a la farmacia. En casa le dicen que descanse que ya son muchos años de entrega. Sin embargo Milagros no siente que deba descansar y mucho menos ahora que, como dice medio en broma, «el trabajo es lento y estamos aburridas. Además, lo que hago me encanta, así que mientras lo pueda hacer, aquí estaré».

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