Conferencia Provincial de La Habana: ¿Dónde está la fortaleza sindical?

Conferencia Provincial de La Habana: ¿Dónde está la fortaleza sindical?

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Multiplicar las buenas prácticas

La Conferencia Provincial de La Habana dejó abierta una in­terrogante que atraviesa todo el quehacer sindical: ¿por qué las buenas prácticas desplega­das por algunos organismos en apoyo a la comunidad no logran multiplicarse en otros territo­rios de la capital y del país?

Los más de 200 delegados capitalinos reafirmaron que La patria se defiende. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

Para Osnay Miguel Colina Rodríguez, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la Comisión Organizadora del 22 Congreso de la CTC, esta pregunta obliga a que los centros laborales evalúen sus modos de actuación frente a las circunstancias actuales.

En el debate se expusieron inconformidades en cuanto a la afiliación —punto en el que se evidencia un decrecimiento de 231 mil 183 afiliados—, la política de cuadros y el funcio­namiento interno. En sus re­flexiones Colina señaló que la credibilidad se construye en la práctica. “Somos más creíbles si atendemos mejor a los tra­bajadores y los representamos como ellos demandan.

“Estamos —precisó—, en medio de un escenario que exige fortalecer las asambleas sindica­les, garantizar el papel de con­trapartida de la administración y cumplir los Convenios Colectivos de Trabajo.

“El escalón superior de la participación es construir juntos la toma de decisiones, colocando la democracia sindical como eje de todo avance”, resumió. Igual­mente, insistió en la creación de espacios de cooperación en el que la familia sindical encuentre acompañamiento real.

Al calor del análisis, hizo hincapié en deficiencias como la aprobación de los planes econó­micos por debajo de las poten­cialidades y disponibilidad de materia prima, las utilidades repartidas sin resolver proble­mas internos y el escaso uso de las energías renovables. Instó a que desde los colectivos labora­les cada dirigente sindical debe preguntarse qué más puede ha­cer por su país y compulsar a los trabajadores.

“El sindicato debe ir al combate y combatir es trans­formar”, aseveró Colina Ro­dríguez. De esta manera, la asamblea de afiliados emer­ge como la mejor herramienta para debatir ideas, tomar deci­siones y trazar tareas en aras de mejorar. El reto es convertir cada centro laboral en motor de participación viva, audaz y propositiva, capaz de diseñar planes económicos desde la base y atender las diferencias sociales con justicia. Replicar estas experiencias en otros te­rritorios no es un lujo, es una urgencia, porque la Revolución solo se salva con una clase tra­bajadora pujante, comprometi­da y decidida, subrayó.

 

Convertir la palabra en acción

“Si la organización sindical no funciona, dejamos de aportar al desarrollo económico del país. Funcionar significa que el eje­cutivo sindical esté completo, capacitado y preparado”. Con esta sentencia, Misael Rodrí­guez Yanes, secretario general de la CTC en la capital, puso el dedo en la llaga: la fortaleza sindical comienza en la solidez de sus estructuras internas.

A esa idea se sumó Marlén González Díaz, secretaria del buró sindical de la refinería Ñico López, quien recordó que la unidad es el camino para alcanzar objetivos. Su inter­vención añadió un matiz con­creto: pese a las sanciones que limitan la llegada de materia prima y piezas de repuesto, los trabajadores de esta industria han sabido reinventarse con la adaptación de su tecnología. La unidad, en este caso, se traduce en resistencia productiva.

José Alberto Negrín Colina, secretario del buró extraterri­torial de Artex, llevó el debate hacia la cultura. “No tendre­mos apagón cultural”, aseguró, al enumerar la realización de actividades comunitarias en los barrios. Sin embargo, advirtió que estas experiencias no lo­gran generalizarse y que, sin cuadros preparados, el sindica­to pierde representatividad y se estanca.

La autocrítica más incisiva llegó con Jorge Gutiez Sánchez, secretario del buró extraterri­torial de nuevos actores eco­nómicos. Denunció el decre­cimiento en la sindicalización desde el Congreso anterior y llamó a cuestionarse primero si no somos capaces de afiliar.

Cada uno de los planteamientos de­mostró que el papel del sindicato no de­pende solo de estruc­turas o discursos, sino de una presen­cia permanente en la vida de los trabajado­res. Solo así las pala­bras se convierten en acción y la organiza­ción en fuerza trans­formadora.

 

Mirarnos por dentro

Lejos de la abstracción y con palabras cer­teras que ningún dirigente sindical puede obviar si aspira a un diagnóstico sincero, Eugenio Francisco Pérez Rivero, secretario del buró sindical del Hospital Pediátrico William Soler, no se limitó al ámbito labo­ral: expandió su mirada hacia los proble­mas sociales que repercuten directamente en la vida de quienes sostienen los servicios esenciales del país.

Durante la Conferencia, Eugenio Pérez Rivero enfatizó acerca de la necesidad de evaluarse hacia lo interno. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

El delegado realizó un llamado a ana­lizar la efectividad y la productividad la­boral, en un contexto en el que las caren­cias económicas afectan la moral. A pesar de ello, los trabajadores de la salud se so­breponen y cumplen con sus funciones, de­mostrando que la vocación y el compromiso pueden más que la escasez.

Ese esfuerzo se ha visto acompañado por gestos solidarios de trabajadores no estata­les, como los del área comercial del Puente de Calle 100, en Boyeros, y de la Feria de Monterrey, en San Miguel del Padrón, quie­nes donaron insumos de higiene y utensilios de limpieza para los hospitales pediátricos de la capital.

“No hemos dejado de hacer ni de luchar, conscientes de que cada jornada significa salvar vidas y acompañar a los más vulne­rables”, expresó. El señalamiento también se dirigió a la indolencia, la burocracia y la falta de control en niveles intermedios, fac­tores que con frecuencia alteran las condi­ciones de trabajo y que deben ser atendidos con urgencia. No obstante, en medio de esas tensiones, los logros son palpables: cirugías complejas realizadas con éxito, programas de vacunación sostenidos, atención garanti­zada aun con déficit de personal.

Eugenio insistió en que el papel del sin­dicato no es decorativo. Tiene que estar acti­vo en cada centro laboral, a partir de lo cual debe desempeñar sus funciones esenciales: representar y defender a los trabajadores, y también educar y disciplinar cuando sea necesario.

Su intervención, alejada de la simple enumeración de logros colectivos, centró las pautas en la autoevaluación crítica de cuánto se hace. Fue directo: “No son pocas las críticas que se nos hacen en el ejercicio movilizador y de representación de los de­beres y derechos de los trabajadores ante los empleadores”. Esa realidad, señaló, merece especial atención para fortalecer la legiti­midad y el alcance del movimiento sindical.

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