Herminio Almendros, un maestro español de convicción martiana

Herminio Almendros, un maestro español de convicción martiana

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El 10 de octubre de 1868 se inició en Cuba la guerra por la liberación del yugo español, exactamente 30 años después nació en España, Herminio Almendros Ibáñez, hijo único de un matrimonio humilde. Vivían en una modesta casa al final de la calle Niceto Cuenca, muy cerca de la estación de ferrocarril donde laboraba el padre, en Almansa, región de Albacete. El joven cursó estudios de magisterio en Albacete y Alicante; luego viajó al continente africano donde cumplió el Servicio Militar en plena escalada bélica en Marruecos. Al regreso continuó su formación en la selectiva Escuela de Estudios Superiores de Ma­gisterio de Madrid, donde en 1921 supera las pruebas selectivas y accede a una de las veinticinco plazas masculinas con derecho a beca y a alojamiento en la Residencia de Estudiantes; se graduó con el primer expediente en 1928.

 

Herminio Almendros, un maestro español de convicción martiana.

Trabajó como maestro en la región de Villablino (León), allí llegó a ser director de la  Escuela de Capacitación Agraria Sierra Pambley, y conoció a María Cuyás Ponsa, también apasio­nada por el magisterio, quien sería su esposa y madre de sus tres hijos: Néstor, María Rosa y Sergio. Juntos viajaron a Lérida como inspectores de enseñanza primaria; en aquella ciudad Herminio se pone en contacto con la pedagogía del ilustre pedagogo francés Célestin Freinet.

Luego de una breve estancia en Huesca, ambos maes­tros son designados como inspectores en Barcelona, donde Hermi­nio colaboró con la recién creada Sección de Pedagogía de la Universidad de Barcelona y divulgó la pedagogía Freinet. Su libro La imprenta en la escuela (1932) fue la primera obra que se publicó sobre estas técnicas en lengua no francesa; el texto fue muy bien acogido en los círculos intelectuales de la época y lo marcó como pionero de la pedagogía Freinet en lengua hispana.

Promovido en 1936 a inspector-jefe, participó en el pro­yecto del Consejo de la Escuela Nueva Unificada que estruc­turaba todos los niveles educativos desde preescolar hasta la Universidad. Perseguido por sus ideas progresistas durante la Guerra Civil Española, en enero de 1939, atravesó los Pirineos y  huyó a Francia en compañía de su amigo, el filósofo José Ferrater Mora. La familia de Freinet le acogió, pero la Segunda Guerra Mundial le obliga a marchar de nuevo. Al finalizar la Guerra Civil Española emigra a Cuba en el vapor Flandre, gracias a las gestiones de su amigo el dramaturgo Alejandro Casona. El domingo 28 de mayo de 1939, con 40 años, arribó a La Habana; su familia quedó en Barcelona y no volvieron a encontrarse hasta una década más tarde, el 15 de enero de 1949.

Al no convalidarle sus estudios universitarios tuvo que repetirlos en Cuba. Durante ese período fue codirector de La Escuela Activa (1939-1940). Fundó y dirigió, con Ruth Robés, la revista mensual para niños Ronda (1941-1942). En 1950 obtuvo el primer premio del tricentenario de Descartes, concedido por la Sociedad Franco-Americana de Cuba, por su obra La idea de la matemática universal en la obra de Descartes.

Dos años después se doctoró por la Universidad de Oriente, con una tesis titulada La inspección escolar. Exposición crítica de su proceso en Cuba y sugestiones para una readaptación posible. Con una fructífera carrera pedagógica llegó a ser asesor del Ministerio de Edu­cación Superior de Cuba, cargo del que fue destituido, en 1952, por el presidente Fulgencio Batista. Luego la Unesco lo nombró para trabajar en la Escuela Internacional de la Organi­zación de Estados Americanos, ubicada en Rubio, Venezuela. Poco antes del triunfo de la Revolución liderada por Fidel Castro, regresó a Cuba.

Abrazó con pasión la Revolución triunfante y ocupó numerosas responsabilidades: integró el equipo de trabajo de la Campaña de Alfabetización, fue Director General de Educación Rural, Director del Departamento de Publicaciones del Ministerio de Educación, Director de la Editora Juvenil (1962-1967), Asesor de la Sección de Enseñanza del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Asesor en la Dirección de Formación y Perfec­cionamiento del Personal Docente del Ministerio de Educación.

Desde estos cargos directivos impulsó la publicación de una amplia literatura infantil donde supo conjugar el atractivo de la Historia con la calidad literaria y la intencionalidad educativa; colaboró en la redacción de programas de estudio, orientaciones metodo­lógicas y textos para la nueva red de Escuelas Formadoras de Maestros Primarios; intro­dujo en Cuba las concepciones de la Escuela Popular Moderna de Freinet, sobre todo lo referente a la imprenta escolar.

Herminio quedó sorprendido con la obra de José Martí, la cual se convirtió en motivo de desvelo para toda su vida. En consecuencia, escribió: «Cuando yo llegué aquí, en el año 39, no lo conocía sino por el artículo de Rubén Darío en Los Raros. Cuando me asomé a alguno de sus libros tuve la impresión de estar frente a un genio».

En 1956 publicó A propósito de “La Edad de Oro” de José Martí. Notas sobre literatura infantil, la edición de 500 ejemplares se realizó en Santiago de Cuba por el Departamento de Extensión y Relaciones Culturales de la Universidad de Oriente. El volumen tiene el mérito de constituir el primer acercamiento a esta medular obra del Apóstol. Sobre esta primera edición dijo Herminio: «Yo confieso que al acercarme a la obra escrita de Martí, y topar con la singular revista infantil, me detuve sorprendido primero ante ella, con esa misma extrañeza que quizás hayáis también de momento sentido. La curiosidad me llevó luego a leerla, a interesarme por ella, a admirarla y a intentar comprenderla en su entraña».

Con singular maestría destaca el ambiente poético de los zapaticos de rosa, la sencillez del lenguaje matizado por imágenes sobrias, asequibles, precisas y limpias que apuntan a la virtud y tienen alto poder de sugerencia. Sobre La Ilíada considera que es un relato admirable, con buen poder de síntesis, que entretiene y enseña; subraya Herminio no solo el resumen, sino la forma en que Martí es capaz de contar la epopeya.

Fueron múltiples los elogios que recibió esta edición prístina y las sucesivas de 1972 y 1976 publicadas por las Editoriales Gente Nueva, y Pueblo y Educación respectivamente. Se destacaron sus valores humanos, éticos y estéticos, así como sus aportes literarios y educacionales. Juan Marinello apuntó «sus interpretaciones y comentarios muy atinados», mientras que Ambrosio Fornet destacó que «fue Almendros, entre todos los martianos, quien reflexionó de modo más sistemático y profundo sobre La Edad de Oro».

Cubierta del libro Nuestro Martí, edición publicada por la Editorial Gente Nueva en 1972.

Tres años después de su primera publicación martiana, en 1959, regresó al tema con la publicación del folleto En torno a La Edad de Oro, dirigido a los maestros cubanos. Vale destacar las herramientas que ofrece a los educadores en un contexto importante, signado por la llegada de una Revolución que se estrenaba. Fiel a su devoción martiana, en 1960 donó 14 000 pesos de sus derechos de autor para la construcción de una escuela en Dos Ríos, sitio donde cayera José Martí.

Ideario Pedagógico de José Martí, con selección e introducción de Herminio Almendros, salió en 1961 a cargo de la Imprenta Nacional de Cuba. En 1990, el Centro de Estudios Martianos y la Editorial Pueblo y Educación realizaron de conjunto una se­gunda edición; luego el propio Centro de Estudios Martianos lo reeditó en 2011 por tercera ocasión y la cuarta  salió en 2015 por la misma institución martiana. Insiste el pedagogo en que no se trata de menospreciar la virtud de la intuición para penetrar y ver directamente la entraña de las realidades ni su condición de instrumento o vía del cono­cer y aun del obrar; por el contrario, para él tiene categoría de su­premo elogio esa exaltación de la intuición pedagógica de Martí.

 

Cubierta del libro Ideario Pedagógico, edición publicada por el Centro de Estudios Martianos en el 2015.

 

Este ideario pedagógico era el que veía Herminio como pieza clave para impulsar, desde el punto de vista ideológico, las transformaciones que se estaban produciendo en los procesos docentes de un país que, dos años antes de la publicación del texto, había alcanzado su libertad. Cuba apostaba por cambios radicales y todo lo relacionado con la docencia era fundamental en este empeño.

En este ensayo Herminio aclara que nos faltaba el estudio cuidadoso que ofreciera en forma orgánica las ideas de Martí sobre educación y sin proponérselo realiza comentarios jugosos y sugestivos y se aventura a compilar lo publicado por el Apóstol sobre el tema. Un mérito del autor es que le llama a este entra­mado teórico «la doctrina educativa de Martí», y demuestra con ele­mentos convincentes la necesidad de que la profunda reforma educacional a que aspiraba la Revolución cubana —recordemos que el volumen se publicó en 1961— debía nutrirse radicalmente de la fuente martiana.

Entre los años 1963 y 1965 Herminio dirigió la edición de las Obras Completas de José Martí. La tirada de veinticinco tomos estuvo al cuidado de la Editorial Nacional de Cuba, en coordinación con la Editora del Consejo Nacional de Cultura y la Editora del Consejo Nacional de Universidades. Con maestría de orfebre el intelectual ibérico trabajó cada tomo; esta edición fue muy bien acogida por el público lector.

Cada vez más entusiasmado por la obra martiana, publicó en 1965, Nuestro Martí, obra que tiene el mérito de ser la primera biografía martiana que salió después del triunfo de la Revolución; desde entonces ha tenido, hasta donde alcanzo a saber, seis ediciones; la última, en el 2012, bajo el cuidado de la colección colibrí del Centro de Estudios Mar­tianos, en el 35 aniversario de esta institución. Celebro el título escogido por el autor que invita a apropiarnos del personaje que nos muestra y lo coloca muy cerca del corazón al llamarlo nuestro, exhibe así desde aquí sus altos dotes de educador.

Cubierta del libro Nuestro Martí, edición publicada por el Centro de Estudios Martianos en el 2012

 

Coincido con el exégeta martiano Luis Toledo Sande, quien ha expresado: “El logro de una biografía depende no poco de la feliz fusión que ella alcance entre lo histórico y lo literario […] una biografía no es una vida, aunque biografía y vida se hayan empleado como sinónimos”; precisamente esta biografía conjuga con armonía elementos básicos de la historia y la literatura para obtener como producto final un libro ameno que se lee fácil y en el cual se aprende. Es evidente que su autor lo escribió pensando en esa multitud de niños y niñas que des­de nuestras escuelas tenían el deber de apropiarse de la vida y obra del Apóstol cubano.

Destaca en todo el ejemplar la maes­tría con que Herminio utiliza la prosopografía o descripción físi­ca de una persona. Así describe al preso 113 a quien le cortan el pelo al rape, le rodean la cintura con una cadena que cuelga y se prende remachada al grillete que aprisiona el tobillo del pie derecho, y remata la figura el feo sombrero negro al que algunos llaman estampa de la muerte. El ensayista no se detiene a caracterizar a la persona ni a abocetar su vida, su análisis va más allá, penetra en el interior de su pensamiento, de su conducta; además contextualiza todo lo que acontece y nos muestra atisbos de la sociedad y del país en que se encontraba el Apóstol en cada momento.

Importa destacar la concepción axiológica presente desde el pórtico. Nuestro Martí es un libro emotivo que despierta sensaciones indescriptibles como si estuviéramos conversando con ese niño, ese adolescente, ese hombre que nos enseñó a conquistar toda la justicia. A pesar de lo anterior destaco que los elementos persuasivos y emocionales utilizados con verdadera destreza por Herminio, no enturbian la claridad de la comprensión. Todo lo contrario, éstas son herramientas que le permiten un delicado equilibrio, un balance magistral entre lógica y emoción, más elocuente y movilizador cuanto más avanzamos en la lectura y advertimos la adecuada sintaxis que subyace y organiza los planteos principales que se defienden.

La revista Casa de las Américas dio a conocer, en su número correspondiente a marzo-abril de 1967, su ensayo Notas sobre Martí innovador del idioma. Acota Herminio «la elegante soltura con que Martí construye, como nadie, frases adverbiales de singular gracia expresiva». Considera el eminente educador que la gran aventura expresiva del Apóstol y su capacidad verbal prodigiosa tienen sus bases en la adecuada manera en que desde pequeño aprendió a dominar su lengua materna.

En 1969 publicó Leyendo una carta a María Mantilla, se refiere a la epístola escrita por el Héroe Nacional el 9 de abril de 1895 desde Cabo Haitiano, considerada su testamento pedagógico. El artículo insertado en el primer número del Anuario Martiano, de la recién creada Sala Martí, de la Biblioteca Nacional José Martí, pondera «la carta larga, cariñosa y previsora». Elogia sus criterios y consejos sobre educación los cuales constituyen fuentes de inestimable valor dignas de estudio y meditación. Este texto es complemento del análisis sobre el ideario pedagógico que Almendros había dado a conocer ocho años antes.

Herminio publicó más de 40 libros, múltiples artículos y prólogos. En España solo dio a conocer dos volúmenes: Pueblos y leyendas (Barcelona, 1929) y La imprenta en la escuela (Madrid, 1932). Sus textos Oros viejos y Había una vez se han convertido en clásicos de la literatura infantil. Otros muy leídos son: Cuentos de animales, Cosas curiosas de la vida de algunos animales, 30 escenas de animales, Aventuras de los hombres y Lecturas ejemplares. Durante su vida intelectual colaboró con los medios de prensa Información y Bohemia. Asimismo, viajó por Francia, República Democrática Alemana, Polonia, Checoslovaquia, Unión Soviética, China, Estados Unidos, Venezuela y México.

Otra labor destacada del pedagogo ibérico estuvo relacionada con la adaptación de obras de la literatura universal e incorporó poemas de destacados autores. La recreación de Carlos J. Finlay, María Curie y Luis Pasteur, se consideran ejemplos clásicos de cómo llevar  la vida de los grandes hombres de ciencia al lenguaje infantil. Es poco conocida su valiosa traducción de varios libros sobre todo textos de pedagogía. Asimismo, fue activo participante en los Seminarios Juveniles de Estudios Martianos, fundados en 1972, y en la creación de colecciones destinadas a la divulgación y la docencia como la Serie Martí, la Biblioteca de Trabajo y las Guías de Trabajo.

El domingo 13 de octubre de 1974, a los 76 años, falleció el querido republicano emigrado que tanto amor sembró en Cuba. Su deceso, ocurrido en el Hospital Calixto García, de la capital habanera, estuvo relacionado con graves complicaciones poso­peratorias de una intervención prostática. Al momento de su muerte presidía la Comisión de Español de la Dirección General de Formación del Personal Docente del Ministerio de Educación. Herminio Almendros Ibáñez fue, sin dudas, un maestro español de probada convicción martiana.

Acerca del autor

Dr. C. Ricardo Hodelín Tablada*

Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente “Saturnino Lora”. Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.

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