En la mañana de este viernes, cientos de habaneros se congregaron en la Tribuna Antiimperialista José Martí para reafirmar que la patria se defiende. Quienes caminaron hacia el histórico lugar, testigo de grandes momentos, llevaban sobre sus hombros algo más que una camisa blanca o una bandera, sino años de bloqueo económico, comercial y financiero; de desgaste; de una retórica enemiga que ya no sorprende pero que sigue doliendo de un modo seco, sin aspavientos.

La jornada estuvo encabezada por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, acompañado por el Comandante del Ejército Rebelde José Ramón Machado Ventura. Asimismo, estuvo presente Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado; Manuel Marrero Cruz, primer ministro de la República; y Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central del Partido.

Junto a ellos se encontraban otros miembros del Buró Político, del secretariado del Comité Central, dirigentes del Estado y del Gobierno, representantes de las organizaciones de masas y sociales, la Unión de Jóvenes Comunistas, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior. La presencia de los cinco héroes de la República de Cuba —Gerardo Hernández Nordelo, René González, Fernando González, Antonio Guerrero y Ramón Labañino— otorgó un carácter simbólico y de continuidad histórica a la concentración, que se convirtió en un acto de ratificación colectiva frente a la infamia imperialista.

La acusación del Departamento de Justicia de los EE. UU. contra Raúl Castro Ruz, líder histórico —a pocos días de sus 95 años— tiene un deje de guión repetido: otro intento de fabricar un criminal donde hay un símbolo. En respuesta a tan infame declaración, el pasado 20 de mayo, el Gobierno Revolucionario refutó tan canalla mentira, cubierta de manipulación deshonesta y en legítima defensa de los sucesos de aquel 24 de febrero de 1996, para demostrar una vez más que la soberanía no es un delito.
El joven jurista Rolando López Berín, en su intervención evocó las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro: “Para quitarnos nuestra soberanía, hay que barrernos de esta tierra”, y subrayó que la unidad no es un acto reflejo, sino una decisión consciente que se asume frente a las tensiones acumuladas y las agresiones externas; destacó además que Raúl Castro es símbolo de paz y justicia, recordando su papel en la proclamación de América Latina y el Caribe como zona de paz y en los acuerdos de Colombia, desmontando la manipulación de hechos históricos que se pretende imponer desde Washington.

Frente a todo esto, los cubanos respondieron como siempre saben hacerlo cuando el adversario es de afuera. Con igual fuerza, Betina Valenzuela Corcho, hija de Adriana Corcho Callejas, víctima del atentado terrorista contra la embajada cubana en Lisboa en 1976, la cual relató el dolor de perder a su madre a los 12 años y cómo esa herida marcó su vida para siempre, denunciando la impunidad de los responsables y la complicidad del gobierno estadounidense en actos terroristas que han costado la vida a más de 3 mil cubanos; su testimonio recordó que la memoria de las víctimas es parte inseparable de la dignidad nacional y que la justicia se defiende con voz firme.
Cuba no se rinde
En la Tribuna, Gerardo Hernández Nordelo, héroe de la República de Cuba, expresó con energía que esta acusación espuria contra Raúl Castro se suma a los intentos desesperados por construir una narrativa fraudulenta, y recordó que la organización Hermanos al Rescate había violado reiteradamente el espacio aéreo cubano con más de 25 incursiones denunciadas oficialmente entre 1994 y 1996, sin que Estados Unidos actuara para detenerlas.

Señaló que esas violaciones fueron advertidas en múltiples ocasiones y que, de haberse atendido las protestas cubanas, se habría evitado el desenlace fatal. “Raúl es Raúl y no hay mentira capaz de borrar su ejemplo”, afirmó, subrayando que la hostilidad no es nueva, pero que la respuesta cubana siempre será la unidad, la resistencia y la certeza de que la patria se defiende.
Sus palabras, respaldadas por la multitud con consignas y aplausos, reafirmaron que Cuba no se rinde, que la soberanía no es un delito y que la Revolución se sostiene en la memoria, la justicia y la voluntad colectiva de resistir.
Entre los presentes, se encontraba Dailen García González, especialista en transfusiones del hospital Hermanos Ameijeiras de la capital, expresó: “Estamos defendiendo la moral de nuestro líder histórico Raúl Castro, que no se merece esta vil patraña del imperialismo. Somos unos de los sectores más golpeados por el bloqueo estadounidense, pero seguimos inventando, presentes, cumpliendo con nuestro deber como revolucionarios”.

Gerardo García Valdés, quien es plomero del Palacio de la Revolución, nos habló desde la sencillez de su oficio, pero con la firmeza de un revolucionario. “Lo que puedo decir es que estamos aquí cumpliendo lo que tenemos como revolucionarios, en estos momentos, para defender, por lo menos, todas las mentiras, todas las injusticias que se están haciendo contra nuestro país”, afirmó.

Ante la nueva arremetida del gobierno estadounidense, destacó que hoy desde esta tribuna no está solo, llegó acompañado de un grupo de jóvenes trabajadores, dispuestos a todo para defender la Revolución. Su testimonio refleja cómo, desde cada puesto de trabajo, los cubanos asumen la defensa de la patria como una responsabilidad compartida, convencidos de que la unidad y la continuidad son las mejores respuestas frente a la hostilidad externa.

Una vez mas, el pueblo cubano reafirmó que Cuba no se rinde y que la Revolución se sostiene en la memoria, la justicia y la voluntad colectiva de resistir. La presencia de cientos de habaneras y habaneros mostraron que la defensa de la patria no es solo un acto político, sino también un compromiso cotidiano desde cada puesto de trabajo. En la Tribuna Antiimperialista José Martí, el pueblo volvió a decir con claridad que no pueden quitarnos nuestra soberanía, porque está hecha de dignidad, continuidad y unidad.

