El Estado cubano protege el medio ambiente y los recursos naturales del país en busca de asegurar la supervivencia, el bienestar y la seguridad de la generaciones actuales y futuras, razón por la cual todos debemos contribuir a la protección del agua, la atmósfera, la conservación del suelo, la flora, la fauna y del uso potencial de la naturaleza.

Traigo el tema a colación porque este siete de mayo se cumplieron 41 años del descubrimiento del agujero en la capa de ozono sobre el continente antártico, dado a conocer por el equipo del British Antartic Survey, al publicar su hallazgo en la revista Nature, en 1985, donde advirtió que el agujero podría expandirse a otras partes del mundo.
El tema resulta recurrente desde ayer entre especialistas del medio ambiente, pues ese filtro natural a los rayos ultravioletas provenientes de la radiación solar, tiene efectos nocivos para la salud humana y los ecosistemas en general; es una capa frágil de gas que protege a la tierra y, por consiguiente, ayuda a preservar la vida en el planeta.
Tales razones, advirtieron en ese entonces los científicos, si su tamaño continúa creciendo -debido al uso de clorofluorocarbonados, unos gases utilizados comúnmente en los aerosoles- aumentarán también los casos letales de cáncer piel a causa de la exposición a los rayos solares.
El tópico es preocupante y debería ser de preocupación de toda actividad humana, ante el deterioro de esta debido a la emisión a la atmósfera de sustancias de elevada actividad química que provocan descomposición, peligro recogido en el Protocolo de Montreal y para lo cual existe un programa mundial para reducir los daños a la estratosfera.
Desde 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó su cuidado, el cual se materializa cada año con acciones de promoción relacionadas con los objetivos del Protocolo y sus enmiendas.
Hasta el presente lo plasmado en Montreal, relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono, ha logrado cumplir algunos de sus objetivos de eliminar sustancias dañinas para la atmósfera, algunos hablan de que, de seguir con esa estrategia, se prevé su recuperación hacia mediados de este siglo.
En la actualidad se evidencia que se transforma cada vez más la tendencia a la interpretación limitada de los problemas ambientales, dirigida a la protección de los recursos naturales de forma aislada. Comienza a realizarse la valoración de estos problemas con un nuevo enfoque, integrado a las esferas económica y social, teniendo en cuenta la deuda ecológica del mundo desarrollado, la persistencia de un círculo vicioso entre pobreza y deterioro ambiental, así como los efectos de las formas de desarrollo económico sobre los recursos naturales, de los que dependen la vida y el bienestar humano.
Una adecuada integración es la única forma de salvar el planeta y conservarlo en las condiciones que posibiliten la existencia de la especie humana.

Esto solo puede lograrse con una acción responsable del hombre y la sociedad hacia el medio ambiente, todos tenemos una cuota de responsabilidad, pero, ante todo, implica un nuevo paradigma de desarrollo, sobre la base de la sostenibilidad.
La seriedad de la amenaza ambiental ha obligado a científicos a buscar alternativas contra estos gases, pero se calcula que deberán pasar al menos unos 100 años para que se recupere por completo. Sirva esta efeméride para reflexionar al respecto y ocuparnos y preocuparnos.

