En el contexto de la presentación del informe periódico de Cuba (2018-2023) ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD), la contribución de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba destaca como uno de los pilares desde la sociedad civil en la construcción, alerta y acompañamiento crítico de las políticas públicas dirigidas a erradicar la discriminación racial en el país.

La delegación cubana, encabezada por la vice primera ministra Inés María Chapman Waugh, defendió en Ginebra un informe que, según sus propias palabras, “refleja la posición de principios y condena permanente de Cuba (…) contra todas las formas de racismo y discriminación racial”. Ese documento es resultado de un amplio proceso colectivo en el que participaron instituciones del Estado y actores de la sociedad civil, entre ellos la Uneac, cuya impronta ha sido decisiva en visibilizar las deudas históricas y los desafíos persistentes en esta materia.

Voz temprana y sostenida
Mucho antes de la institucionalización del actual Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial “Color Cubano”, aprobado en 2019, la Uneac ya había colocado el tema en el centro del debate público. Desde sus congresos, espacios de pensamiento y pronunciamientos, la organización alertó que el racismo era un problema aún no superado, una tarea inconclusa que requería atención sistemática, investigación y políticas específicas.
Ese posicionamiento temprano contribuyó a generar consensos dentro de la sociedad cubana sobre la necesidad de abordar el fenómeno con herramientas más integrales. Intelectuales, artistas e investigadores miembros de la Uneac impulsaron estudios, obras y debates que desmontaron la idea de que la igualdad jurídica alcanzada tras 1959 implicaba automáticamente la desaparición de prácticas discriminatorias.
Del VII Congreso a la Comisión Aponte
El VII Congreso de la Uneac (2008) significó un punto de inflexión en el tratamiento del tema pues visibilizó la persistencia de desigualdades raciales dentro de la sociedad cubana. En aquel escenario, la intelectualidad asumió como propia una preocupación reiterada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien había advertido que “la Revolución hizo mucho por la igualdad, pero no logró eliminar totalmente las diferencias”, con lo cual reconocía la profundidad histórica del problema.
Los debates de aquel Congreso reflejaron esa conciencia crítica. Intelectuales y artistas insistieron en que no bastaban los logros alcanzados, sino que era necesario visibilizar prácticas discriminatorias aún presentes en la vida cotidiana y en los imaginarios culturales. Como expresaron algunos de los delegados al eventos, se trataba de “nombrar el problema para poder transformarlo”, subrayando la urgencia de pasar del diagnóstico a la acción.
En esa misma línea, el poeta y etnólogo Miguel Barnet, entonces al frente de la Uneac, hoy Presidente de Honor, defendió la necesidad de que la organización asumiera un papel más activo en la lucha contra el racismo, en coherencia con la vocación humanista de la cultura cubana.

De ese clima de debate —alimentado por el pensamiento de Fidel y la voluntad de los intelectuales— emergió en 2009 la Comisión de lucha contra el racismo y la discriminación racial, posteriormente conocida como Comisión Aponte, en homenaje a José Antonio Aponte. Su nacimiento institucionalizó dentro de la Uneac una línea de trabajo sistemática, orientada no solo a la reflexión crítica, sino también a la transformación cultural y social.
Así, lo que comenzó como un reclamo ético en el ámbito intelectual, se convirtió en una política cultural concreta, confirmando que —como había señalado Fidel desde Palabras a los intelectuales— “dentro de la Revolución, todo” implica también el deber de confrontar las insuficiencias propias para avanzar hacia una justicia plena.
Comisión Aponte: pensamiento y acción
La creación de la Comisión José Antonio Aponte en el 2009 fue un hito en el camino de la lucha contra la discriminación. El espacio, liderado durante mucho tiempo por el periodista y crítico Pedro de la Hoz, tiene hoy en la presidencia al filósofo, historiador, escritor y profesor universitario Rolando Julio Rensoli Medina, quien ha dado continuidad al empeño de articular investigación y formación, con la capacidad para incidir en la elaboración de políticas públicas.

La Comisión Aponte ha contribuido a la producción de pensamiento crítico sobre la racialidad en Cuba y ha sido interlocutora en procesos institucionales clave, incluyendo el diseño e implementación del programa “Color Cubano”.
La presencia de Rensoli Medina en la Comisión Nacional de dicho programa, donde funge como secretario del grupo coordinador ejecutivo, evidencia esa integración efectiva entre cultura, academia y gestión gubernamental.

Incidencia en políticas públicas
El informe presentado ante el CERD reconoce avances significativos: la implementación total o parcial del 92 % de las recomendaciones emitidas por esa instancia a Cuba en 2018, la incorporación del principio de igualdad y la dignidad humana en la Constitución del 2019, así como la incorporación de más personas negras y mestizas en roles básicos para la toma de decisiones.
Durante los últimos 15 años la Uneac ha jugado un papel relevante al aportar diagnósticos, acompañar consultas y promover espacios de diálogo entre Estado y sociedad civil. Iniciativas como el Observatorio Social “Color Cubano” y la participación en consultas nacionales e internacionales sobre derechos humanos han contado con la presencia activa de sus miembros.
Asimismo, la organización ha contribuido a posicionar la dimensión cultural del racismo, entendida no solo como un problema estructural, sino también simbólico y subjetivo, que se reproduce en imaginarios, narrativas y prácticas cotidianas. Desde el arte y la literatura, ha impulsado una resignificación de la identidad nacional como diversa, mestiza e inclusiva.

El informe reconoce desafíos pendientes, entre ellos la necesidad de perfeccionar los sistemas de información estadística, ampliar el conocimiento ciudadano sobre mecanismos de denuncia y profundizar la implementación territorial de las políticas antirracistas. En ese escenario, la Uneac se proyecta como una plataforma indispensable para continuar dinamizando el debate público, acompañar procesos de formación y contribuir a la transformación cultural necesaria para erradicar definitivamente los prejuicios raciales.
La experiencia cubana presentada en Ginebra confirma que la lucha contra la discriminación racial no puede limitarse al ámbito jurídico o institucional; sino que requiere de una transformación profunda de la cultura y de la conciencia social. En la convergencia entre pensamiento crítico, creación artística y compromiso social, el aporte de los escritores y artistas de Cuba sigue siendo decisivo para avanzar hacia una sociedad más justa, donde la igualdad no sea solo un principio legal, sino una práctica cotidiana.


