Hace justo 65 años, en las arenas de Playa Girón se juntaron varios trazos de vida para contribuir a la epopeya mayor. Lo hicieron también en los aeropuertos bombardeados, o en los caminos que las bombas borraron para los carboneros de la ciénaga.
Un miliciano, un piloto de combate, unos campesinos, unos jóvenes. Cada uno de ellos dejó allí su pequeña parte de destino y su dosis de tristeza, dolor y vida. Entre los caídos de aquel 15 de abril se encontraba el joven artillero Eduardo García Delgado, quien, al ser alcanzado por la metralla, guardó fuerzas para escribir, con su sangre generosa, el nombre de Fidel.

Siete combatientes cubanos cayeron ese día mientras rechazaban la agresión; fue en 1961 cuando de forma traidora y sorpresivamente, en un plan organizado y pagado por la CIA, fueron bombardeados tres aeropuertos cubanos.
Eduardo García fue un joven miliciano cienfueguero que demostró lealtad a la Patria; su hazaña alcanzó un lugar significativo en la historia de Cuba al realizar el gesto simbólico de escribir con su sangre en una tabla unos instantes antes de fallecer el nombre del máximo líder de la Revolución: Fidel.
Tal suceso ocurrió al ver escapar su vida como consecuencia de las heridas sufridas por el ataque de aviones con falsas insignias de las Fuerzas Aéreas cubanas, realizaron vandálicos y sorpresivos ataques a las bases aéreas de Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños, en La Habana, y el aeropuerto Antonio Maceo, en Santiago de Cuba.
Al morir bajo la metralla de aviones norteamericanos. El joven miliciano cienfueguero demostró lealtad a la Revolución y sus principios.

Conmovido por esta acción el Poeta Nacional Nicolás Guillén expresó la admiración del pueblo de Cuba en su poema La Sangre numerosa:
“(…) Cuando con sangre escribe
FIDEL, este soldado que por la Patria muere,
no digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la Patria que vive (…)”
Eduardo, uno de los nueve hijos de Ángel García y María.
Apenas contaba con 25 años al morir, nació el 13 de octubre de 1935 en Cienfuegos. En 1959, en acto celebrado en la Universidad de La Habana, Fidel hizo un llamado a los milicianos y Eduardo García Delgado fue uno de los primeros jóvenes en unirse a las pujantes fuerzas armadas, donde desempeñó las tareas de artillero e instructor en la Campaña de Alfabetización.
Cuando se produjo el ataque aéreo de los mercenarios al servicio de Estados Unidos, el 15 de abril de 1961, él joven se encontraba en el aeropuerto militar de Ciudad Libertad, antiguo Columbia, uno de los tres puntos bombardeados por el fuego enemigo. Allí se formaba como artillero e impartía clases políticas. Una y otra vez pasaba rasante el B-26 enemigo descargando su vómito de muerte.
Junto a su compañero Carlos Laplace, García Delgado se encontraba en la habitación donde dormía, situada en un segundo piso. Al escuchar las bombas corrió hacia su metralleta, pero es alcanzado en un costado por las balas disparadas desde dos aviones camuflados con las insignias de las Fuerzas Aéreas Revolucionarias. Parecía una herida a sedal.
Pero todavía le quedaban fuerzas para dejar constancia de la expresión del sentimiento que hasta hoy mueve a los cubanos a entregar sus vidas si fuera necesario por esta Revolución.

Levantó su mano y con sangre escribió una palabra: Fidel. Minutos después una bomba explotó muy cerca del pequeño cuarto; su cuerpo fue encontrado a pocos metros de su arma, la cual no llegó a alcanzar. Sus libros y libretas de apuntes donde guardaba las experiencias acerca del período como alfabetizador en las Milicias Nacionales Revolucionarias, quedaron destruidos.
Su ejemplo moral y el legado de estos mártires fortalecen a la Revolución, por su alto sentido del patriotismo y compromiso con la Patria; a más de seis décadas de esos hechos demostrativos del terrorismo yanqui, y apreciando el panorama mundial, las calumnias que a diario echan a volar sobre nuestra Revolución y sus dirigentes, el férreo y recrudecido bloqueo que asfixia al país y daña seriamente a la familia cubana, nos damos cuenta que los métodos de dominación, abuso y coerción del imperialismo no han variado, solo se han recrudecido, y siguen apostando por destruir la Revolución, porque esa victoria de Playa Girón, 65 años después, no se la han podido cobrar.

