La primera circunnavegación a Cuba aconteció en 1508, en cumplimiento de las órdenes del entonces gobernador de La Española, Nicolás Ovando. Durante ochos meses, Sebastián de Ocampo dirigió aquella exploración que demostró al mundo la insularidad del territorio.
Más de 450 años después sucedió “otro bojeo a Cuba”, mucho menos conocido, el protagonizado por los 160 mercenarios que, acobardados ante la defensa establecida por las fuerzas revolucionarias, desistieron de desembarcar por el litoral de Baracoa en la madrugada del 15 de abril de 1961 para cumplir la artera Operación Marte, orquestada por la CIA para provocar la intervención militar directa de Estados Unidos en Cuba.

¿Qué fue esa operación?
El Grupo Especial que dirigió Richard Nixon, vicepresidente en el gobierno de Ike Eisenhower, y desde hacía un año encargado de la preparación del desembarco de la brigada mercenaria 2506 por la Ciénaga de Zapata, había considerado que si no sucedía una invasión directa de las fuerzas armadas de los Estados Unidos era imposible derrocar a la Revolución liderada por Fidel Castro.
El dictamen se oponía a la reticencia de John F. Kennedy, de cubrir las apariencias sobre la participación norteamericana en la Operación Pluto, heredada por el nuevo mandatario de la administración anterior y que sólo aprobó el 17 de marzo de 1961 con la condición de ejecutarla sin la inmediata ayuda masiva estadounidense.
Para tratar forzar al presidente demócrata a autorizar el uso de las fuerzas armadas norteamericanas, la jefatura de la CIA y el alto mando del Pentágono urdieron una maniobra secreta paralela, con la intervención de una fuerza élite preparada bajo la dirección de George Bush padre, cuyo entrenamiento para cumplir misiones especiales se realizó en una instalación naval en Belle Chase, Louisiana.
La llamaron Operación Marte y consistía en que 160 hombres, vistiendo el uniforme del Ejército Rebelde, desembarcarían para apoderarse de la Ciudad Primada de Cuba, Baracoa, y posteriormente simular un ataque de las tropas cubanas contra la ilegal base naval en la bahía de Guantánamo, lo que obligaría a Kennedy autorizar la intervención en el conflicto que se crearía con la invasión mercenaria por la Ciénaga de Zapata.
Al frente de esa fuerza fue designado Higinio “Nino” Díaz Ané, un traidor a la Revolución y al Ejército Rebelde, que había huido a los Estados Unidos en 1959 y se subordinó a la CIA.
Con tal propósito, fijaron el desembarco en el litoral baracoense para la madrugada del 15 de abril, coincidiendo con el golpe aéreo mercenario contra los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, con la intención además de distraer al alto mando cubano de la otra dirección principal, en Bahia de Cochinos, unas 30 horas después.
El día precedente, una agrupación de buques, la mayor parte de ellos de la US Navy, para aparentar una fuerza de mayores proporciones, se acercó a las inmediaciones de Baracoa, para efectuar el asalto del grupo de “Nino” Díaz.
La orden de la CIA era “infiltrarse en la provincia de Oriente; organizar, dirigir y controlar operaciones destinadas a hostigar, interceptar y aislar a los elementos de seguridad de Castro y, en última instancia, obtener el control de área de operaciones”.
Pero la “optimista” ordenanza chocó con una dura realidad.
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el ministro de las FAR, comandante Raúl Castro Ruz, habían considerado la posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos realizara un ataque de falsa bandera contra el enclave naval en Guantánamo y decidieron reforzar con medios antitanques y antiaéreos la zona sur de Oriente.
Igualmente fueron reforzados otros lugares de posible incursión enemiga, como Baracoa, para donde fue enviado el batallón de infantería No. 80, de Jiguaní, al que se le sumó una batería de antiaéreas ZPU-4, cuatro bocas, y cañones antitanques Zis-2, de 57 mm de calibre. A esa tropa se unieron 400 milicianos serranos baracoenses, lo que convirtió a la zona en un bastión duro de roer por cualquier enemigo que osara desembarcar.

Para dirigir esa fuerza de defensa, el Comandante en Jefe y el ministro de las FAR designaron al comandante Eddy Suñol, aguerrido veterano de la Sierra Maestra.

Luego de una travesía cercana a las costas cubanas, los de la Operación Marte vieron los movimientos de las sólidas defensas de las tropas revolucionarias. Más pudo su esencia mercenaria que su hombría y literalmente huyeron del lugar. Ni siquiera los animó la preparación especial recibida de sus amos yanquis.
A “Nino” Díaz y sus compinches no se les permitió regresar a la Florida, sino que en altamar fueron interceptados y trasbordados a dos destructores que los llevaron a instalaciones militares norteamericanas en la isla de Vieques, Puerto Rico.
Corrieron mejor suerte que sus colegas de la Brigada 2506, derrotados en menos de 72 horas en Playa Girón, por el pueblo cubano, defendiendo el carácter socialista de la Revolución, y devueltos a Estados Unidos en 1962 a cambio de compotas y medicamentos.
Hasta en Miami la Operación Marte fue objeto de burla, al bautizarla años más tarde como el bojeo a Cuba.

