
Artemisa.— En playa Baracoa hay un negocio que todos conocen, dedicado a la recuperación y mantenimiento de vehículos. Se llama Alonso Servicios Automotores S.R.L., pero en la comunidad todo el mundo dice los Alonso. Lo que se inició como un apellido ya es una gran familia. Tanto insisten en ello que cuando algún vecino señala: “Anda donde los Alonso, allí seguro resuelves” nadie lo duda.
La empresa ha logrado extender sus servicios a todo el territorio nacional, con un punto de venta en el Vedado capitalino, pero el alma está en los talleres. Allí, en medio del olor a aceite y soldadura reciente; suena una radio a volumen bajo y entre el golpe seco de las llaves y el silbido de una manguera que se prueba, alguien tararea. Ese es el corazón del negocio.
No solo comercializan partes y piezas de equipos, sino también reparan vehículos privados y estatales, con énfasis en ramas claves como salud pública, transporte y recursos hidráulicos y empresas de logística. Entre sus principales clientes sobresale el sector del níquel, con el que han obtenido avances significativos en la recuperación de camiones y autos, así como en el suministro de neumáticos, baterías y lubricantes. Asimismo, contribuyen a la transportación de cargas para entidades estatales y de mensajería en todo el país, lo cual les ha permitido sumar más de 500 contratos.
De vuelta a la vida
No obstante, el servicio que los distingue es la recuperación de ambulancias, labor que llevan junto a las autoridades gubernamentales de la localidad. Daniel Alonso Leyva, socio administrador de la empresa, lo cuenta sin aspavientos: “Hemos devuelto a la vida varios vehículos que estaban en total abandono, sobre todo en Artemisa. Los rehabilitamos en el menor tiempo posible. El chofer los prueba con uno de nosotros; si se siente bien, se entrega”.
La calidad es el sello en esta actividad, por la que han puesto en marcha más de un centenar de ambulancias en el país. No son reparaciones menores. Algunas llegan casi inservibles, pero este colectivo de cerca de 60 jóvenes hace magia. Una de ellas fue ensamblada por completo y entregada al sistema de salud artemiseño, y cada 15 días recibe mantenimiento total gratuito. Además, donaron un carro fúnebre recuperado al municipio de Bauta.
Para Yaimi Leyva Laso, especialista en control y fiscalización y madre del titular de la mipyme, Alonso significa familia. “Nuestros empleados, la mayoría residentes de la comunidad y algunos pocos de la capital, están comprometidos con la tarea, siempre en ascenso, con la responsabilidad que nos caracteriza y el empleo de la energía renovable”, afirmó.
Entre ellos está Yosbel Cabrales, quien lleva tres años en Alonso Servicios Automotores. Poco sabía de mecánica cuando llegó y encontró en el taller la oportunidad de aportar. Comenzó en el almacén y ya hoy arma motos completas.
“Aquí cada jornada se inicia con la organización de las tareas para garantizar la satisfacción del cliente; tenemos un sindicato que nos acompaña pues mantiene el diálogo cercano con sus afiliados y la solidaridad entre compañeros”, explicó.
Esta mipyme resulta referente de innovación y compromiso social, ya que es la primera forma de gestión no estatal en la provincia desconectada del Sistema Electroenergético Nacional por el uso de paneles solares, solución compartida con otras instituciones como la casa de niños sin amparo familiar de Bauta y el policlínico de la comunidad. Además impulsan proyectos sociales como la Finquita del Arte, en la cual niños y adolescentes pintaron su propio cartel y realizan actividades culturales.
El taller no es solo ruido, sino maquinaria humana que sostiene al barrio y más allá. Por eso cada vez que haya que arreglar algún vehículo, todos saben a quién acudir. El ejemplo de los Alonso demuestra que el sector privado es también un elemento importante para el país que inspira otros proyectos y aporta al desarrollo sostenible desde la eficiencia y la innovación.

