La victoria que destruyó un mito

La victoria que destruyó un mito

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Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

El 18 de abril en la mañana, en el punto 1 (ubi­cado en calle 36 esquina 39 en Nuevo Vedado) donde se encontraba el puesto de mando y es­tado mayor del Comandante en Jefe Fidel Cas­tro Ruz, los comandantes del Ejército Rebelde Efigenio Ameijeiras Delgado y Samuel Rodiles Planas fueron llamados por el jefe de la Revolu­ción para recibir la misión de participar en las acciones en Playa Girón.

El Batallón en la unidad de patrulla pro­vincial, ubicada en Atarés, fue reorganizado y se reforzó con una compañía ligera de combate del Batallón 116 de las Milicias Nacionales Re­volucionarias. La misión consistió en realizar la marcha hasta el central Australia, seguir por el itinerario Pálpite-Soplillar-Los Sábalos-El Jiquí y, antes de Cayo Ramona, salir hacia la costa, ocupar ese terreno en la retaguardia enemiga, impedir su retirada de Playa Larga hacia Playa Girón y evitar que llegaran refuer­zos de Playa Girón a Playa Larga.

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A una distancia de 1,5 a 2 km de Playa Gi­rón, en una curva (la segunda antes de llegar al poblado), el enemigo que se había reagrupado en Playa Girón organizó una emboscada con un tanque, medios antitanques y ametralladoras bien fortificados.

La Compañía Ligera de Combate choca con el enemigo. Se inicia un encarnizado combate. Era imposible seguir avanzando con aquel tan­que emboscado allí.

Me encuentro al capitán Carbó (jefe de la Compañía Ligera de Combate de las Milicias Nacionales Revolucionarias, el cual cayó heroi­camente), quien me informa sobre el emplaza­miento de un tanque de los mercenarios en la curva del camino y me dice que necesitaba una bazuca para destruir el tanque.

Había llegado un refuerzo de tanques, pero no pudo hacer su tarea, entran en combate sin conocer la situación del enemigo, ni de nuestras tropas y fueron averiados por el fuego del tan­que y medios antitanques del enemigo.

Regreso, veo al capitán Flavio Bravo que se en­contraba en el emplazamiento de los morteros de 120 mm, le planteo que hacía falta nos entregara algunas bazucas, para dárselas al capitán Carbó.

Llega el capitán Fernández en un jeep y se baja con un mapa en la mano y empieza a dar indi­caciones, le planteo que nos hace falta una bazuca.

Al ver que ya empezó a hacer fuego la bate­ría y no me dan la bazuca, les digo que ellos ya conocen la situación del Batallón y que yo me dirijo al frente a mandarlo, que es la orden que tengo del comandante Efigenio.

El fuego de la artillería enemiga se iba in­crementando cada vez más. Realmente por don­de avanzaba nuestra tropa no había posibilidad de refugio alguno, era por encima de la tierra y de la roca. No obstante, el Batallón siguió com­batiendo contra el enemigo.

El comandante Félix Lugones, Pilón, llega a la posición donde yo estaba, me informa de parte de Efigenio que eran cuantiosas nuestras bajas y me pregunta qué yo había decidido ha­cer. Le respondí: mira Pilón, en qué situación quedaría la moral y el prestigio del Ejército Re­belde si nosotros nos retiramos de aquí. Pues la gran mayoría de los combatientes del Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria procedía del Ejército Rebelde, de la Columna 6 del Se­gundo Frente Oriental Frank País. Por lo tanto, no nos vamos a retirar.

El par de bazuqueros equipados solicitados aún no habían llegado y nunca llegaron.

El cabo Eurimes Sánchez Savón, quien es­taba como observador en esa dirección, me co­munica que el tanque enemigo se asoma al te­rraplén y viene hacia nosotros, por lo que doy la orden de replegarnos hacia la costa, a unos 30 metros entre el terraplén y el mar, en unas rocas.

Observé que el tanque llegaba a la misma altura de nosotros e hizo varios disparos de ca­ñón y ametralladora.

El teniente Nene Sosa me dice que él tiene una granada antitanque de FAL y le digo que se aproximara y se la tirara. Se recuesta a un árbol y hace el disparo, el tanque fue retirado para ocupar su ubicación en la curva del cami­no. Inmediatamente les ordeno a los compañeros volver a nuestras posiciones anteriores, pues in­dudablemente el enemigo trataría de ocuparlas.

En esas circunstancias es que fui herido en combate.

Estaba situado al lado de un árbol, cerca del terraplén, mirando hacia la curva, a ver por dónde se le podía entrar a ese punto fortificado, cuando un cañonazo tumba una rama del ár­bol. Me aparté para colocarme detrás de unas rocas, un nuevo cañonazo hizo saltar la tierra y piedras próximas, me vuelvo a apartar y si­gue la descarga cerrada de fuego de artillería y medios antitanques contra nuestra posición y un fragmento de un proyectil me hiere entre la nuca y la oreja izquierda, que además me quemó la piel por lo caliente que estaba. Los compañe­ros al ver que salía sangre de la herida, ense­guida se inquietaron y les dije, hay que seguir combatiendo, no podemos retirarnos.

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El combate se prolongó durante toda la ma­ñana hasta después del mediodía, sobre las 14:00 horas, que oímos los silbidos de los proyectiles de nuestra artillería apoyándonos, unido al in­cremento de la concentración del fuego directo de nuestro Batallón provoca que el enemigo co­mience su retirada en dirección a Playa Girón.

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La tenacidad y firmeza de todos nuestros combatientes obligó al enemigo a retirarse.

Cuando seguíamos avanzando llega Pilón y me dice de parte de Efigenio que detuviéramos la marcha, pues a las 15:00 horas la aviación iba a bombardear a Playa Girón. Con el mismo Pi­lón le envío un recado a Efigenio diciéndole que íbamos a avanzar unos 600 o 700 metros hasta un vehículo de color verde abandonado sobre el terraplén entre la primera y segunda curva antes de arribar a Girón, que le comunique a la aviación, que puede bombardear después del vehículo de color verde hacia Playa Girón y no al oeste de él, donde nos encontrábamos. A las 15:00 horas, más o menos, la aviación comienza a bombardear sobre Playa Girón.

Continuamos avanzando y alrededor de las 17:00 horas, la primera unidad de combate que entró y ocupó Playa Girón fue el Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria* con la Com­pañía Ligera de Combate del Batallón 116 de las Milicias Nacionales Revolucionarias, suce­dida por otros combatientes que se nos unieron durante las acciones. A continuación, los tan­ques bajo el mando del hoy coronel de la reser­va Fermín Tovar Tamayo y demás unidades.

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Estando en Playa Girón y ya oscureciendo, sentimos el ruido de un tanque que se acercaba desde la dirección de San Blas hacia Girón, en­cendiendo y apagando las luces, le comuniqué a los tanquistas y demás combatientes que se prepararan por si se trataba de un tanque ene­migo. De inmediato, les planteo organizar una emboscada con tres tanques en forma de V, dos ubicados a ambos lados del terraplén y el ter­cero al centro, al norte del tanque de agua que está a la entrada oeste de Playa Girón.

Aplicando la lógica, pienso que ese tanque no debe ser enemigo, pues ¿cómo es posible que los mercenarios se retiren de Playa Girón de día y vengan a recuperarlo de noche?, previendo que pudiera ser uno de los nuestros le dije a Tovar, jefe de los tanques, que hiciera todo lo posible para comunicarse por radio con la dotación. Pa­sados unos minutos lo consigue, y mediante el intercambio de palabras y señas, se identificaron como compañeros de la Escuela de Managua.

Al llegar a nuestra posición, se baja su jefe, el entonces capitán Joel Pardo Guerra, Pardi­to, le digo: tú estás loco, cómo es posible que sin saber si en la playa se encontraban los mer­cenarios vengan en forma tan peligrosa, y nos contesta que llegó así porque Fidel le había di­cho que montara en ese tanque, me pusiera en marcha y que no parara hasta llegar a Playa Girón, donde debía disparar hacia arriba fren­te al mar con el cañón y balas trazadoras para anunciar que había llegado. Le respondí que cumpliera lo ordenado por Fidel.

Aquella acertada apreciación evitó que se suscitara un enfrentamiento con nefastas e im­predecibles consecuencias entre nosotros y los blindados amigos que avanzaban desde San Blas.

Un rato más tarde arriba Fidel con unos tanques a Playa Girón, aún caían proyectiles de nuestra artillería.

Quiero expresar, en honor a la verdad, que Fidel, aun cayendo proyectiles, revisa varias instalaciones de interés, recorre el terreno, im­parte algunas órdenes, después manda a cesar el fuego artillero, lo que ejecuta con total se­renidad y posteriormente elabora el Parte de Guerra número 4 sobre la toma de Playa Girón.

Fidel nos plantea ir hasta un muelle de ce­mento que estaba en la costa, llegamos, yo estoy a su izquierda, frente al mar, y él con una linterna comienza a hacer señales de luces en dirección a los buques de guerra norteamericanos que esta­ban frente a la playa, es cuando le pregunto: ¿Co­mandante, para qué usted les hace señales a esos buques? Y él me responde: para ver si se confun­den, creen que somos sus mercenarios, vienen a recogerlos y les caemos a cañonazos.

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La victoria de Playa Girón fortaleció la Re­volución cubana y consolidó definitivamente el socialismo en Cuba. Aquella batalla destruyó el mito de la invencibilidad del imperialismo yanqui en el continente, alentó la lucha de los pueblos latinoamericanos por su independencia y representó una fuerza de resistencia contra la reacción en el continente.

*El Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria tuvo 32 caídos (18 policías y 14 milicianos), y casi un centenar de heridos.

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