Esta semana hace exactamente 65 años que este pueblo agarró sus fusiles, proclamó con ellos en alto el carácter socialista de la Revolución y derrotó en poco menos de 72 horas una invasión de mercenarios que no pasaron de las arenas de Playa Girón, por mucho financiamiento y entrenamiento que les proporcionó el Gobierno de los Estados Unidos.

Apenas dos años y 104 días tenía el proceso revolucionario más radical que ha vivido esta nación en su historia cuando aviones traicioneros bombardearon nuestros aeropuertos y al decir del poeta: el aire tomó forma de tornado. Era el preludio de lo que vendría y Fidel convocó sin rodeos a su pueblo para decirle alto y claro: “Vamos a defender una Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes”.
Días gloriosos los de ese abril de 1961. Las milicias a la vanguardia, los tanquistas convencidos de su poder de fuego, los pilotos aniquilando cualquier refuerzo, el pueblo dispuesto a morir por su Patria. Un líder de verde olivo tejiendo estrategias correctas en el propio teatro de operaciones y los zapaticos blancos de la niña Nemesia agujereados junto a su madre y sus hermanos, cual tempestad violenta y arrasadora de lo que significa la guerra.
En Girón volvimos a demostrar qué es el amor a la Patria, cuánto puede costarnos la bota yanqui en nuestras playas. Enterramos hijos, hermanos y familias enteras con dolor y rabia. Crecimos en principios y conciencia ante un gendarme que hoy sigue amenazando. Y estamos listos para otro Girón si así nos los impone su prepotencia.
Los fusiles que levantamos ahora están más cargados de balas e historia. Junto a ellos nos salvarán, como hace 65 años, las ideas por las que fuimos a Girón.

