El trabajo como código

El trabajo como código

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A pesar de las graves dificultades que atraviesa el país y las crecientes agresiones y amenazas del gobierno de los Es­tados Unidos contra nuestro pueblo, no podemos perder de vista el camino de las transformaciones que soberanamente nos hemos planteado para el perfeccionamiento de nuestro modelo económico y social.

Un ejemplo de esos cambios importantes en proceso lo constituye la Ley del Código de Trabajo, cuyo anteproyecto se sometió a consulta con más de dos millones de trabajadores durante los últimos meses del pasado año, quienes hicieron alrededor de 97 mil propuestas de modificación al enjundioso documento.

Como se informó en febrero pasado, en las más de 40 mil reuniones efectuadas hubo temas que concentraron buena parte de las sugerencias, entre ellos varios que ahora mismo están siendo sometidos a la prueba de fuego de las condicio­nes excepcionales en que no pocos colectivos laborales se están desenvolviendo.

Asuntos como las facultades del empleador para otorgar licencia no retribuida, el pluriempleo y las distintas modali­dades de trabajo no presencial, las protecciones y los dere­chos de la juventud y las mujeres trabajadoras, los comités de expertos y su funcionamiento, fueron algunas de esas preo­cupaciones reiteradas a las cuales hay que seguirles la pista hacia el perfeccionamiento del anteproyecto.

Las recientes medidas que el país ha anunciado en ma­teria de mayor apertura a la inversión extranjera y al enca­denamiento de las distintas formas de propiedad en empre­sas mixtas y otras modalidades de asociación, le confieren también significativa relevancia como máximo garante de la justicia laboral al que deberá ser el tercer Código de Trabajo de la historia revolucionaria.

Vamos hacia relaciones laborales cada vez más comple­jas, en las cuales la futura Ley tiene que garantizar que, efec­tivamente, todos los trabajadores tengan iguales derechos, deberes y protecciones, con independencia del sector de la economía donde se desempeñen, un asunto que deberá estar en la mira de nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular cuando le corresponda discutir y refrendar el proyecto defi­nitivo de esta ley.

Voces expertas han reflexionado sobre la poca atención que reciben los derechos laborales en la actividad cotidiana de la asesoría jurídica tanto en entidades estatales como privadas, una debilidad que tendría que corregirse en ese entorno más dinámico, plural e ¿inequitativo? de vínculos de trabajo que ya existen y que incluso pueden profundizarse en un futuro inmediato entre empleados y empleadores con inte­reses no siempre coincidentes.

Los sindicatos cobran en toda esta recomposición de las relaciones laborales un papel primordial. Mucho se ha des­tacado la mayor jerarquización que otorgaría ese próximo Código a la participación de los trabajadores en la gestión económica y a las mayores responsabilidades que les corres­pondería a sus representantes sindicales.

Cambiar en el nuevo marco jurídico propuesto la fórmula de “oído el parecer” por la “de común acuerdo” con el sindi­cato, constituye, sin dudas, un paso notable en ese espalda­razo a la acción del colectivo, pero podría no ser ya suficiente en un entorno de mayores diferencias en la naturaleza de la propiedad sobre los medios de producción. Vamos a necesi­tar —ya lo estamos necesitando— un movimiento sindical mucho más enérgico, preparado para los cambios y con un espíritu batallador superior en todos sus niveles de dirección, como debe plantearse el ya próximo 22 Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.

Porque lo que sí es irrenunciable, cualesquiera que sean las fórmulas y mecanismos que asuma nuestra base produc­tiva y las adecuaciones prácticas que nos impongan los tiem­pos, es que el nuevo derecho laboral cubano tiene que mante­ner como premisa la defensa en primer lugar de los derechos inalienables que la Revolución ha conquistado para nuestra clase trabajadora, y el principio de que es el trabajo el único código honorable a seguir para superar las dificultades eco­nómicas internas y conseguir nuestra realización individual y colectiva como seres humanos.

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