Tres relevantes periodistas cubanos, Tubal Páez Hernández, Edda Diz Garcés y Arleen Rodríguez Derivet, reconocidos con el Premio Nacionales de Periodismo José Martí en distintos años, exponen a Trabajadores su apreciación sobre los retos actuales del periodismo cubano. Así validan lo expuesto por Martí: “No es el oficio de la prensa periódica informar ligera y frívolamente sobre los hechos que acaecieron o censurarlos con mayor suma de afecto o de adhesión. Toca a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir…”
Desafíos de la prensa
Tubal Páez Hernández
Como prensa genuinamente cubana, los desafíos que enfrenta son aquellos derivados de las agresiones y amenazas del imperialismo yanki a nuestro país. Ya no se esconde la brutal amenaza de “entro a Cuba y destrozo todo”, como una fiera.
La agresión armada viene precedida de la alfombra voladora mediática que se sustenta en la campaña de las dificultades cotidianas que han endurecido al noble y patriótico pueblo. Un festín de anuncios de intervención directa amenaza la integridad de la nación y sus instituciones.
Defenderla es ineludible, con la verdad de las dificultades, del lado de la cotidianidad, donde están los héroes de la realidad, a quienes molesta la demagogia, el engaño, la inacción y la indiferencia.
Nuestros periodistas, ajenos al acomodamiento y los privilegios, aunque no solos, asumen hoy idénticos desafíos a los que libraron las tropas mambisas contra España o las de Fidel Castro Ruz en las distintas etapas de la lucha revolucionaria.
La diferencia de hoy son los instrumentos de las tecnologías y las políticas imperiales que permiten hacer circular masivamente la mentira, la censura, la manipulación y la visión del capital como algo consustancial a la cotidianidad.
En ese ecosistema irrespirable por su toxicidad, ajeno al papel cultural y social del periodismo cubano, corresponde a la prensa y sus periodistas responder con la profesionalidad en que se formaron y se desempeñan.
La parte que nos toca
Edda Diz Garcés
Desde mi experiencia de más de 50 años haciendo periodismo esta profesión no ha sido nunca miel sobre hojuelas, las dificultades han existido siempre, pero las hemos sabido afrontar, aun en las más complejas y diversas circunstancias, como fue el período especial o la epidemia de la COVID-19, teniendo todo el tiempo como telón de fondo el recrudecido bloqueo sexagenario del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba.
Ahora estamos ante una nueva escalada de esas agresiones, lo cual ha obligado a adoptar medidas que afectan directamente a la prensa, al modificar la edición impresa y circulación de los periódicos nacionales y provinciales, no significará disminuir la información sino multiplicarla por todas las vías posibles.
Una vez más hemos sido convocados a reconvertirnos, porque no se trata solo de cambiar de plataforma y seguir haciendo más de lo mismo, se trata de prepararnos más para aprovechar al máximo todos los canales de comunicación, y para ello hay que dominar sus lenguajes, sus recursos expresivos y conocer los públicos de cada uno de ellos.
Será fundamental concentrarnos más en la calidad e integralidad de cada producto comunicativo y preguntarnos si lo que estamos publicando es de interés para los potenciales receptores de nuestros mensajes.
Tendremos que enfatizar más en el valor humano de cada pieza periodística, apelar a las emociones para empatizar con la audiencia.
Aprovechar en toda su magnitud, junto a los medios tradicionales, como la radio y la televisión, el alcance de los sitios web y las plataformas de redes sociales, demandan una estrategia que va desde la superación para enriquecer las competencias profesionales, hasta la modificación de la cultura del hacer.
Será la mejor manera que tendremos para cumplir la parte que nos toca en este inédito escenario y salir nuevamente airosos.
Inolvidable septiembre
Arleen Rodríguez Derivet
Hasta septiembre de 1990 Juventud Rebelde fue el diario de la juventud cubana, vespertino en La Habana, matutino en el resto del país y la publicación más buscada en los estanquillos al amanecer del domingo, día de lecturas reposadas en que se intentaba sorprender a los lectores con largos reportajes literarios o de investigación, crítica artística y deportiva de las más polémicas, humor satírico (a lo DDT) y columnas de firmas exclusivas, como Gabriel García Márquez y Enrique Núñez Rodríguez.
Así fue hasta el último día de septiembre de aquel primer año del período especial, cuando una inolvidable visita del Comandante en Jefe, nos puso ante el inédito desafío de seguir siendo todo lo que éramos y haciendo todo lo que hacíamos, pero en un solo día, en la mitad de las páginas y con la mitad de la plantilla.
El mundo socialista, tal como lo conocíamos, se derrumbaba como castillo de naipes y se avecinaba una época de profunda escasez material que, en nuestro caso, obligó al gobierno a reducir drásticamente el consumo del encarecido papel. Era cortar toneladas de papel o renunciar a toneladas de leche en polvo.
Así nos tocó experimentar primero que otros sectores y en carne propia, el significado real del derrumbe socialista europeo, del sistema del Consejo de Ayuda Mutua Económica (Came), de todo el equilibrio que nos había permitido avanzar mucho en pocos años.
Considerando todo lo que perdíamos, bien pudimos echarnos a llorar. Pero no hubo lágrimas, porque Fidel estaba allí, desterrando incertidumbres, dando ideas y ánimos y asegurando que nadie se iría a la calle. El exceso de personal sería reubicado en medios audiovisuales menos afectados y los directivos y periodistas más profesionales fueron solicitados por Granma, único con salida diaria a partir de entonces.
Cuando nos autorizaron a escoger qué día de la semana publicar, dijimos sin dudar: domingo, aunque eso significaba sacrificar la sagrada salida de los sábados. Trajimos al DTT para la última página y nos inventamos una edición radial: Rebelde en Rebelde.
Cuatro años más tarde, tal como pronosticó el propio Fidel aquella inolvidable noche, el país comenzó a levantarse de su estrepitosa caída económica. En 1994 creamos Opciones, una publicación alternativa, dirigida al pujante sector de los inversionistas extranjeros y los turistas. Fuimos autorizados a operar en divisas y con los primeros fondos logramos financiar la restructuración de la redacción central y remontar la crisis material.
Increíblemente no solo no morimos, sino que fuimos los primeros en remontar la crisis, a la que habíamos entrado siendo solo un diario y de la que emergeríamos siendo un grupo editorial.


