José Martí en la hora de Nuestra América

José Martí en la hora de Nuestra América

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Homenaje al ensayo Nuestra América en el 135 aniversario de su publicación

El 1º de enero de 1891 salió publicado en La Revista Ilustrada de Nueva York el ensayo escrito por Martí, Nuestra América. Esta revista, publicación mensual en español, pertenecía a la compañía Losada & Co., su editor era el panameño Elías Cristóbal Losada y Plissé (1848-1891). Con anterioridad, la casa editorial de la revista había tenido a su cargo la distribución de la novela Ramona, escrita por la estadounidense Helen Hunt Jackson en 1884 y traducida por el Apóstol.

 

José Julián Martí Pérez (1853-1895). Fotografía de 1891, año en que publicó Nuestra América.

 

Martí escribe el texto debido a una petición que le hace Losada y a la que el cubano corresponde el 17 de noviembre de 1890 «aceptando de pleno corazón su encargo de escribir unas cuartillas para el número de enero», y le ruega «para no pagarle con trastornos su bondad, que me haga decir en qué fecha debe de estar el artículo en sus manos». De manera que pasó los últimos días de noviembre y el mes de diciembre de 1890 inmerso en la escritura del medular texto.

Importa destacar que en los momentos que redacta el manuscrito habían pasado diez años de la llegada del cubano a tierras norteñas donde conoció las entrañas del monstruo. El joven José Julián arribó a Nueva York el 3 de enero de 1880, la ciudad era una modesta urbe postcolonial que fue cambiando hacia a una metrópolis del imperio mundial. París y Londres miraban con recelo a aquella ciudad que del otro lado del Atlántico comenzaba a hacerle competencia. Martí fue testigo del nacimiento del imperialismo estadounidense que forjó en él sentimientos que aparecen en el texto.

A lo anterior vale añadir que el segundo semestre de 1890 fue crucial en la labor desarrollada por el héroe cubano; el 24 de julio fue nombrado, por decreto presidencial, Cónsul de la República Argentina en Nueva York, y seis días después el presidente de la República de Paraguay le confiere el consulado de su país en la ciudad que nunca duerme. En agosto enferma de broncolaringitis por lo que, por prescripción facultativa, se instala en las montañas de Catskill; diría Martí «me echó el médico al monte, escribí versos», y allí escribió la mayor parte de los poemas que aparecieron en su libro Versos sencillos.

 

La Revista Ilustrada de Nueva York

 

En octubre, el día 10, conmemora la histórica fecha con un encendido discurso que pronuncia a los cubanos reunidos en Harmand Hall; seis días después pronuncia otro discurso en la velada que ofrece «La Liga» como saludo a Gonzalo de Quesada Aróstegui, quien regresaba de Argentina. El 6 de diciembre lo eligen presidente de la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York.

Días después, 15 de diciembre, Manuel Gutiérrez Nájera le escribe desde México para comunicarle que tiene a su cargo el periódico  El Partido Liberal «y como va a empezar un año nuevo y en él queremos que esa publicación se mejore un tanto cuanto, bueno es pedir a los próceres de la inteligencia como V. que continúe protegiéndola». Martí aceptó la petición de su amigo azteca y permitió que Nuestra América, tuviera una nueva edición en el número correspondiente al 30 de enero de 1891 del periódico mexicano.

El ensayo aparece en La Revista Ilustrada de Nueva York como primer texto, entre las páginas tres y siete, luego de la editorial titulada Nueva Era; inmediatamente le sigue Manuel Gutiérrez Nájera con sus cartas mexicanas. Esta revista mensual que se editaba en español, tuvo amplia circulación y prestigio; en sus páginas publicaron los más destacados escritores de la época como Rubén Darío, José Asunción Silva, Juan Montalvo, Salvador Díaz Mirón, junto a Gutiérrez Nájera y Martí. Asimismo, aparecieron traducidos autores estadounidenses y franceses como Mark Twain, Edgar Allan Poe, Émile Zola y Alexander Dumas.

Nuestra América tiene desde el título la impronta de lo propio, lo autóctono, la idea de cultivar la identidad y unidad entre los pueblos latinoamericanos. Obra inscripta en el movimiento literario modernista desde el inicio fomenta valores, porque «cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea». Alerta sobre los gigantes que llevan siete leguas en las botas, «y le pueden poner la bota encima».

El personaje simbólico El gigante de las siete leguas fue creado por el escritor francés Charles Perrault (1628-1703), apareció por primera vez en 1697 en el clásico cuento Pulgarcito; este literato galo también nos regaló otros hermosos relatos infantiles como La bella durmiente, Caperucita roja, Cenicienta y Barba azul. Martí utiliza el símbolo dos veces para referirse al imperialismo y hace un llamado a la unidad de los pueblos porque «estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sin con las armas de almohada».

En otro momento se refiere a los sietemesinos que les falta el valor y no tienen fe en su tierra. Con toda claridad enjuicia a los que quieren regir pueblos originales de composición singular, con leyes heredadas de cuatro siglos en los Estados Unidos y diecinueve siglos en Francia. Y decreta que el gobierno ha de nacer del país, el espíritu del gobierno ha de ser el del país. Concluye el párrafo con la sentencia «gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creación».

Critica Martí al hijo del carpintero que se avergüenza del oficio de su padre y a ese nacido en América que se apena porque lleva el delantal del indio; ahí está la defensa de lo autóctono, del orgullo propio de cada nación. Defiende que «ni el libro europeo, ni el libro yankee, daban la clave del enigma hispano-americano». En una hermosa imagen declara «el vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!».

Novedoso para la época es la convocatoria a la creación colectiva porque «crear, es la palabra de pase de esta generación», postulado necesario en la actualidad y que bien le sirve a los países latinoamericanos. De igual modo lanza sus dardos contra el hombre liviano que abre la puerta al extranjero, contra el lujo venenoso, enemigo de la libertad, y señala con énfasis algunas repúblicas sobre las cuales está durmiendo el pulpo.

Esta obra evidencia la madurez política que ha alcanzado Martí; ideas que ha esbozado anteriormente y otras que desarrollará en los próximos cuatro años hasta su caída en combate, el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos. Entre las que destacan: «pensar es servir», «no hay odio de razas porque no hay razas», «trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedra», «una idea enérgica, flameada a tiempo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados» y «con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero», entre otras.

Termina el ensayo reclamando la unión tácita y urgente del alma continental, señala la América trabajadora, las naciones románticas del continente y las islas dolorosas del mar. Se muestra optimista porque ya suena el himno unánime, la generación real crece, y viene por el camino abonado «la semilla de la América nueva». Nuestra América es una obra hermosamente escrita, se disfruta su lectura como una lección de cívica y humanidad que invita a cultivar un pensamiento original en América Latina, en los pueblos que la integran y en sus hombres y mujeres que andan del Bravo a la Patagonia con delantales indios.

En el 135 aniversario de la publicación del ensayo, la vigencia martiana  es permanente en la hora de Nuestra América porque «no hay proa que taje una nube de ideas». Los últimos acontecimientos sucedidos en Latinoamérica  hacen pensar que «los pueblos que no se conocen, han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos […] es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes».

Acerca del autor

Dr. C. Ricardo Hodelín Tablada*

Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente “Saturnino Lora”. Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.

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