En este 14 de febrero, mientras el mundo habla del amor con flores y promesas, en el servicio de Pediatría del Instituto de Hematología e Inmunología Dr. José Manuel Ballester Santovenia el sentimiento florece de una manera más profunda, más pura, más cierta.

Allí, donde la vida se mide en esperanzas pequeñas y batallas diarias, como dice la doctora Yesenia Izquierdo Torres: para tratar niños con leucemia hay que tener alma de niño, y por eso, el amor persiste, sonríe, resiste.
Se escucha el murmullo constante del cariño en las salas donde los recursos se consiguen con dificultad y por culpa del bloqueo los médicos deben reinventarse para aplicar los protocolos de tratamiento.
Es el sonido de una enfermera que canta bajito mientras cambia un suero; de un médico que se agacha para mirar a los ojos de su paciente; de un padre que se aferra a la mano diminuta de su hijo como si en ese gesto cupiera todo el milagro.
No hay recursos de sobra sino que faltan, pero sí hay ternura. No hay tecnología de punta, pero hay ciencia y entrega. El personal de salud, que enfrenta las mismas carencias que el resto de sus compatriotas, ofrece cada día lo mejor de sí: tiempo, afecto y fe.
Y en ese intercambio constante entre el dolor y la esperanza, florece algo más poderoso que cualquier medicina: la amistad.
Porque en Cuba, este día no solo se celebra el amor, sino también la amistad —esa forma luminosa del afecto que une a los médicos con sus pequeños pacientes y a las familias entre sí—. Es el abrazo compartido ante la dificultad, la sonrisa que rompe la rutina de la enfermedad, el lazo invisible que convierte un hospital en hogar.
Así, entre jeringuillas y dibujos de colores que hasta en el rostro le aplican a sus médicos, entre diagnósticos y canciones improvisadas, el amor infantil y la amistad adulta se confunden hasta ser una sola fuerza. Una fuerza que cura el alma, aunque el cuerpo todavía duela.
Hoy 14 de febrero, el colectivo celebra que un paciente de 22 meses de nacido que llegó en situación muy compleja al IHI ya está recuperado en su casa con tratamiento después de haberlo atendido por una leucemia.
Y es que en ese rincón de Cuba donde el amor tiene alma de niño, la esperanza no entiende de bloqueos ni de imposibles. Solo sabe que, mientras haya manos que cuiden y corazones que crean, siempre habrá luz.
Acerca del autor
Licenciado en Periodismo y licenciado en Ciencias Sociales, autor de El Foro en Cubahora, jubilado y reincorporado en la Redacción Digital de Trabajadores, donde escribe las secciones LA GUAGUA y EN 500 CARACTERES, fue corresponsal del periódico Vanguardia en tres de las seis regiones de Las Villas, Jefe de Redacción fundador del periódico Escambray, Corresponsal Jefe de la Agencia de Información Nacional (actual ACN) en Sancti Spiritus, colaborador de Radio Progreso, Prensa Latina y Radio Sancti Spíritus; así como Jefe de Información, Subdirector y Director del periódico Vanguardia, donde administró sus foros de discusión.

