Desalentador panorama en la tienda Panamericana de Infanta y Manglar

Desalentador panorama en la tienda Panamericana de Infanta y Manglar

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La ciudad de La Habana, joya cultural y patrimonial de Cuba, enfrenta un reto significativo en la gestión de su higiene y salubridad. Desde que se han iniciado encuentros entre la dirección del país, encabezada por el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y las autoridades locales, se han renovado los esfuerzos para enfrentar los problemas acumulados en la capital. Sin embargo, a pesar de los buenos propósitos expresados en dichas reuniones, las evidencias en el terreno en ocasiones muestran un panorama desalentador.

 

Foto: Jorge Rivas

 

El empeño del Partido y del gobierno no solo tiene como objetivo combatir los focos de insalubridad que proliferan en la ciudad; también busca embellecer los espacios públicos y fomentar la participación directa de la fuerza laboral en mejorar la calidad de vida de los habaneros. Las jornadas de limpieza y concientización debieran ser un modelo de gestión proactivo, pero la persistencia de problemas críticos pone en tela de juicio la efectividad de estas políticas.

Uno de los ejemplos más preocupantes —entre otros— se encuentra en los alrededores de la tienda Panamericana, situada en la intersección de Infanta y Manglar. Allí el paisaje que se observa es desolador. Basuras de todo tipo pululan por esa zona, y las áreas verdes y jardines están impregnados de residuos que no solo deslucen el entorno, sino que también representan un grave riesgo para la salud pública. La presencia de desechos en estos lugares no solo afecta a los habitantes de los alrededores sino que también pone en peligro la salud de los trabajadores de la propia tienda. Resulta inconcebible que un establecimiento donde se expenden alimentos esté rodeado de condiciones insalubres que favorecen la proliferación de vectores de enfermedades.

 

Foto: Jorge Rivas

 

La situación es aún más alarmante cuando se considera que la higiene y la prevención deben ser prioridades permanentes en todos los entornos que ocupamos. La falta de acción frente a la acumulación de desechos parece indicar una desconexión entre lo que se discute en las reuniones oficiales y lo que realmente sucede en el día a día de la ciudad. La imagen deteriorada del antiguo BinBom, que ha sido relegado a un estado de abandono, representa una metáfora de la negligencia administrativa en ese centro, el cual agrava la situación al, además, verter desechos como cajas y otros elementos fuera del contenedor de basuras situado frente a la tienda por la calle San Martín.

Buena parte de la responsabilidad por el mantenimiento de la limpieza y la higiene en cualquier espacio público recae en última instancia en las administraciones competentes. Cuando estas entidades no cumplen sus funciones, como parece ser el caso en la mencionada área de Infanta y Manglar, se genera una sensación de abandono y desesperanza entre los ciudadanos. La protección del medio ambiente urbano no debe ser únicamente un compromiso verbal o un tema de discusión en foros; debe ser una realidad palpable que se traduzca en acciones concretas.

 

Foto: Jorge Rivas

 

Es innegable que existen desafíos estructurales y recursos limitados, pero ello no debe servir como excusa para la falta de acción o la apatía ante las dificultades que entorpecen la higiene alrededor de los centros de trabajo. La motivación de jornadas de limpieza donde quiera que exista una entidad estatal o privada, debería ser el deseo genuino de las administraciones y los trabajadores para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Es imprescindible que, por parte de los gobiernos municipales y los consejos populares en cada barrio, se establezcan mecanismos de seguimiento y evaluación de los acuerdos realizados durante los encuentros entre la dirección nacional y las autoridades locales. Las orientaciones deben traducirse en planes de acción específicos, con responsables claros, que permitan a la ciudadanía observar y participar activamente en la transformación de su entorno. La rendición de cuentas es un elemento fundamental en la gestión pública, y su ausencia solo exacerba el malestar y la desconfianza entre la población.

Es vital, además, fomentar una cultura de responsabilidad compartida en torno a la higiene y el cuidado del entorno. Las comunidades deben ser empoderadas para exigir y colaborar en la limpieza y el embellecimiento de sus barrios. Iniciativas que integren a los ciudadanos en labores de limpieza, educación ambiental y mantenimiento de espacios públicos pueden servir como antídoto contra la indiferencia y la inacción.

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