Nacido en la ciudad de La Habana el 10 de octubre de 1872, Gustavo Pérez Abreu y Díaz realizó los primeros estudios y el bachillerato en el colegio San Francisco de Paula; se graduó de bachiller en letras y ciencias el 26 de junio de 1889 con nota de sobresaliente. Ese mismo año comenzó a estudiar Medicina en la Universidad de La Habana, realizando las prácticas en el Asilo San José, un reclusorio para menores, y en la Casa de Socorros del Segundo Distrito. Con 22 años de edad, el 24 de junio de 1895, se graduó de Doctor en Medicina y Cirugía recibiendo diversos premios.

Su excelente desempeño profesional y buen trato fueron factores que favorecieron, con prontitud, el cariño y la admiración ganada entre los pobladores de Melena del Sur, localidad donde ofreció sus primeros servicios como médico. El 3 de enero de 1896, Gustavo envió al paradero del ferrocarril un baúl con sus pertenencias y libros destinados a la capital, ya había decidido incorporarse a las huestes mambisas, como él mismo expresó: «de acuerdo con mis ideales y propósitos alentados al máximo durante mi etapa conspirativa cuando cursaba el último año de la carrera y trabajaba como practicante en la Casa de Socorros del Segundo Distrito (1894-1895)».
En la medianoche las tropas del coronel Juan Masó Parra penetraron en el pueblo de Melena del Sur, ahí se incorporó el galeno en el regimiento de caballería Calixto García, compuesto de unos doscientos jinetes. El coronel lo invitó a tomar una sopa de arroz que compartió con los doctores Eugenio Sánchez Agramonte, jefe superior de Sanidad Militar y Federico de la Torre, médico de Antonio Maceo Grajales. Al día siguiente tuvo su bautismo de fuego en el ataque a Güira de Melena. Le siguieron los combates en Alquízar, Ceiba del Agua, Vereda Nueva, el ingenio Mi Rosa, Bejucal, Hato de San Antonio y los ingenios de San Agustín y Lucía.
El 14 de enero Pérez Abreu asistió personalmente a Máximo Gómez; así lo describió: «[…] el General resulta herido. Corremos hacia él, pero impávido y valiente se había incorporado y continuaba dando órdenes: Boza y su escolta a reforzar la retaguardia, protegida por Carballo con el regimiento García, para facilitar la retirada y contener al enemigo que, en definitiva, se dirige hacia San Antonio de los Baños. Afortunadamente la herida de bala que recibió el General se produce a sedal, encontrándose situada en el miembro inferior derecho y teniendo su orificio de entrada en el lado interno de la articulación de la rodilla». Gómez quedó impresionado por la asistencia médica brindada por parte del doctor. Vale destacar que el dominicano, al parecer, no le dio mucha importancia a su herida pues no la referencia en su Diario de Campaña.

Catorce días después, el 28 de enero de 1896, Pérez Abreu fue nombrado médico del Cuartel General del General en Jefe, con grado de comandante, y se le asignó como ayudante al alférez Aurelio Moreyra; asimismo, pasó a ser el médico personal del mayor general Máximo Gómez Báez. De la relación médico paciente surgió una amistad marcada por la empatía, el doctor llegó a sentir gran admiración por el Generalísimo, de quien relató: «Mi cálida veneración por aquel hombre que se llamó Máximo Gómez, explica las constantes referencias a su persona en casi todos mis trabajos. A su lado se templó mi espíritu y modeló mi carácter, favoreciendo los pocos o muchos éxitos alcanzados en mi desenvolvimiento posterior».
Destacada actuación tuvo en el combate de Moralitos, desarrollado el 19 de febrero de 1896, primero como combatiente durante el conflicto bélico y luego como médico en la atención a los lesionados. Ese día pasó toda la noche curando heridos, auxiliado eficazmente por el alférez Moreyra y por el teniente Ramón Muiñas, farmacéutico y practicante. El escaso material quirúrgico y equipos de curación hacían la labor más embarazosa, las familias proporcionaban sábanas que se utilizaban para vendajes, las yaguas servían de tablillas para inmovilizar fracturas. Luego de atendidos y clasificados, varios heridos fueron trasladados en camillas mambisas al hospital de sangre. Según Pérez Abreu: «[…] el General tampoco duerme y atiende personalmente a los heridos. Un catre que le ofrecieron lo cedió a Luis Nápoles, que tiene profunda herida en el pecho».
Ascendido a teniente coronel el 24 de mayo de 1896 participó en los combates de Cascorro, El Desmayo, Guáimaro, Juan Criollo, Santa Teresa, La Reforma y Las Delicias. El 1o de marzo de 1898, en Guayacancito, Santa Clara, libró su última acción combativa junto a Gómez, en abril del propio año solicitó su liberación para ponerse a disposición del jefe superior del Cuerpo de Sanidad Militar Mambisa. Un mes después fue nombrado jefe de sanidad del 6o Cuerpo; para su traslado a occidente se incorporó a la columna que había salido desde Holguín, en marcha hacia La Habana, al mando del general de división Mario García Menocal Deep.

El 1o de julio de 1898 fue ascendido a coronel. Tres meses después, el 11 de octubre, el Consejo de Gobierno de la República de Cuba en Armas, elegido en la Asamblea de Jimaguayú, dedicó una sesión de trabajo al análisis de la epidemia de viruela que se propagaba entre las tropas mambisas. Allí se acordó elaborar un plan de medidas sanitarias y velar por su cumplimiento, misión asignada a los doctores Gustavo Pérez Abreu y Eugenio Molinet Amorós, jefe de sanidad militar del 3er Cuerpo, que operaba en Camagüey.
Después de la guerra, en 1899, fue designado médico inspector de Higiene Especial. En 1902 fue electo representante por la provincia de La Habana a la Cámara; ese mismo año, por su labor científica, alcanzó la categoría de miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos. Dos años después, en 1904, integró la Comisión Liquidadora de Haberes del Ejército Libertador. Continuó su laboreo sanitario, en 1905 trabajó como vocal de la Comisión de Higiene Especial, y presidió dos importantes comisiones la de muermo y la de tuberculosis.
En la Secretaría de Sanidad y Beneficencia fue nombrado, en 1906, director del Laboratorio Nacional, cargo que desempeñó por más de veinte años. Sus amplios conocimientos médicos le permitieron adquirir la condición de miembro titular de la Sociedad de Medicina Tropical, sección de Parasitología, en 1908; presidente de la Comisión de Clausura en la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, en 1915. En esa misma secretaría fue director de Profilaxis Venérea, en 1921 y vocal fundador de la Comisión de Enfermedades Infecciosas, en 1925.
En 1926 asumió el cargo de inspector general de Sanidad de la República de Cuba, seis años después el 24 de junio de 1932 renunció por discrepancias con la tiranía de Gerardo Machado. Lideró en función de presidente, en 1934, el Comité Gestor Pro-Monumento al Generalísimo, y un año después, el 18 de noviembre de 1935 —en el acto de inauguración con motivo del aniversario 99 del natalicio del prócer— discursó sobre la heroica trayectoria del dominicano. En 1936 fue electo vicepresidente de la Agrupación Pro-Enseñanza de Hechos Históricos que presidía el comandante Luis Rodolfo Miranda de La Rúa, sobrino del doctor Ramón Luis Miranda Torres, médico de José Martí.
Por su trayectoria mambisa y sus labores durante los años de la República, el 24 de febrero de 1938, le fue conferida la Orden Carlos Manuel de Céspedes con el grado de comendador. Luego, el 30 de julio de 1944, participó en la develación en Guáimaro del obelisco erigido en honor a los constituyentes de 1869 y a los libertadores. En el solemne acto pronunció un discurso patriótico sobre la trascendencia de aquellos hechos.
Destacada faena desarrolló como vicepresidente de la Comisión Liquidadora y Depuradora del pago de pensiones atrasadas a los veteranos de la Independencia y familiares, cargo para el que fue nombrado en 1948. Su diario de campaña apareció publicado en 1952 con el título En la guerra con Máximo Gómez; al texto, valioso testimonio para conocer la vida en campaña del Generalísimo, se añaden como anexos un grupo de sus trabajos publicados, en diferentes órganos de prensa, que complementan las informaciones sobre Gómez.
En uno de esos artículos el galeno cuenta que el dominicano al toque de silencio era el primero que se recogía en su pabellón y se mantenía escribiendo hasta altas horas de la madrugada. Al amanecer, con el sonido de la diana, se levantaba él primero y su asistente Ordóñez le llevaba, aun en pleno invierno, un galón con agua que lo vertía sobre su cabeza, diciendo al propio tiempo «Doctor, así no se cogen catarros». El doctor Gustavo Pérez Abreu y Díaz, coronel mambí, falleció en La Habana el 13 de noviembre de 1953, a los 81 años, ilustre galeno quien admiraba profundamente al Generalísimo, a quien consideraba «severo, enérgico, duro como militar; suave, amable, gentil como caballero».
Acerca del autor
Dr. C. Ricardo Hodelín Tablada*
Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente “Saturnino Lora”. Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.

