Ejemplos sobran para explicar que algo anda mal, quizás muy mal, en no pocas instituciones y ministerios del país, pues cuando un ciudadano necesita ventilar algún asunto o tiene una queja relativa al servicio que brinda la entidad de que se trate, se ve en la obligación de buscarse un conocido de alguien que trabaje allí o, si puede, acudir a las instancias superiores. Otra variante que ha proliferado es publicar las quejas y descontentos en las redes digitales.

Es decir, si tengo un socio, o un amigo, resuelvo, de lo contrario tendré que irme con mi música a otra parte.
Pongamos un ejemplo: ¿Ha tenido usted que gestionar el corte de un árbol que con la más mínima ventolera amenaza con caer en su portal, en su balcón, o destrozar los cables eléctricos que pasan por frente de su casa? Eso se convierte en un quebradero mucho mayor si en la solución intervienen varios organismos, pues sobran ejemplos en los que el ciudadano deviene mensajero y gestor entre uno y otro.
Más allá de la ineficacia de la entidad encargada de la gestión, si el máximo representante de la actividad no parte del concepto de que es un servidor público, entonces se complica más la solución.
Sin embargo, si ese organismo es criticado en las redes sociales hay un porciento elevado de posibilidades de que el problema se solucione. ¡Y lo más lindo!, todos los ministerios, instituciones y entidades que ofrecen servicios tienen departamentos de atención a la población, lo que pareciera un eufemismo o una burla.
De más está decir que con el desarrollo acelerado de las redes digitales estas se han convertido en una gran aliada de la ciudadanía.
En los últimos tiempos, y con los mismos problemas y tensiones que sus homólogos, sobresale la gestión del Ministerio del Transporte en la atención a quejas y planteamientos de la población. Allí es significativo el tratamiento y la agilidad demostrados para responder algo en lo que incluso ocupa lugar destacado el esfuerzo personal de su ministro.
Lo lamentable es que no ocurre igual en otras entidades, e incluso, con frecuencia, mucha gente, con asuntos de poca monta se dirigen a las máximas figuras y las sacan de sus verdaderas funciones.
La vida ha demostrado que hay tantas variantes de gestión como caracteres personales y situaciones. También por muchos años ha ganado fuerza el “sociolismo”, lo que no es más que resolver mis problemas con un socio, realidad alejada del proyecto socialista que construimos.

