Reinaldo Castro llega hoy a los 85 años

Reinaldo Castro llega hoy a los 85 años

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“Por papeles, este 2 de enero cumplo 87 años, pero en verdad, desde que la negra Inés Arguelles me cortó la tripa del ombligo, han pasado ocho décadas y media, 85 años. Y te lo digo así porque eso tiene su cosa. Mira, para tener derecho a la bolsa de trabajo y al jornal completo tenía que esperar a los 16 años, pero desde los 11 ó 12 años yo trabajaba más que todos los hombres hechos y derechos de aquella zona matancera, pero me pagaban la mitad. Entonces cuando cumplí 13 o 14 me inscribieron con dos años más. Y mira lo que son las cosas, estoy emparentado con la orquesta Aragón y con el nacimiento de la Confederación de Trabajadores de Cuba, surgidas también ese año”.

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

Así refiere Reinaldo Castro Yebra detalles de su edad en reciente entrevista, justo en la sala de la casa que él mismo construyó y donde le acompañan su hijo mayor y su nuera. “Mis padres vivían en un barraconcito, donde se guardaba el abono con que se regaba los campos. El piso era de tierra, y estaba rodeado de caña. Eso era en una finca llamada Los Indios, cerca del hoy central Jesús Rabí, y que antes se llamaba Porfuerza, a unos 5 kilómetros de Calimete, Matanzas.

“Papá se dedicaba a cuidar los bueyes de los carreteros en tiempos en que no había zafra, y cuando a mi mamá le entraron los dolores de parto fueron a buscar a Inés, una negra machetera que estaba en su corte como a 300 metros y que era partera. Yo soy el más nuevo de los cuatro hermanos”.

Podría afirmarse que con la Primera Zafra del Pueblo, en 1961, Reinaldo, el buen machetero de aquel contorno, comienza a ser verdaderamente Reinaldo Castro, el mejor machetero de Cuba. Ese año promedió mil 362 arrobas de caña cortadas para normas técnicas y alzadas a mano, sin lugar a dudas algo casi sobrehumano.

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

En 1964 se convirtió en el primer Héroe Nacional del Trabajo e impuso récords tan fabulosos como las cinco mil arrobas cortadas por el método australiano y las tres mil para normas técnicas sin alzarlas a mano, ambas marcas en una sola jornada de labor.

Con el Che, en pleno campo de caña. Foto: Archivo

 

Siempre cumplí

Quizás actualmente el nombre de Reinaldo Castro diga poco a las nuevas generaciones de cubanos. Ya no es el hombre enérgico, incansable, el tipo famoso que disputaba primeras páginas de los periódicos en los inicios de la década 60 del pasado siglo. Desde hace algunos años no camina las calles del pueblo matancero de Calimete, incluso dentro de la casa casi no camina. Pasa la mayor parte del tiempo acostado.

 

El museo de Calimete tiene una sala dedicada exclusivamente a su hijo pródigo, Reinaldo Castro. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

“No uso gorra, ahora la tengo puesta porque me tapa bastante la claridad. Estoy muy fastidiado de la vista y desde hace dos años espero para operarme de cataratas. Casi no veo. Además, parece que como yo le exigía mucho a mi cuerpo, ese esfuerzo tan grande me está pasando la cuenta y tengo que usar muletas desde hace varios años Para colmo de males, también me enfermé con el Chikungunya, y no puedo moverme mucho. Todo se me ha complicado.

 

Foto: Archivo

 

“Pero no me quejo, y si de orgullo hablo, entonces tengo que mencionar mi etapa como Diputado, y miembro del Consejo de Estado y del Comité Central del Partido. Pero en primer lugar están las más de 100 tareas que Fidel me encomendó desde que me conoció. ¿Y sabe usted una cosa? Siempre cumplí.

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