La Empresa de Recuperación de Materias Primas de La Habana trasciende la recuperación de recursos reciclables, al gestionar residuos, impulsar programas ambientales y contribuir activamente a la limpieza e higiene de la ciudad
A punto de cumplir la edad de jubilación, Francisco Moreira Herrera no piensa en dar ese paso. Desde hace cuatro años trabaja como clasificador y recuperador en la unidad empresarial de base (UEB) No Metálica de la Empresa de Recuperación de Materias Primas (ERMP) de La Habana, convencido de que todavía está en condiciones de continuar aportando.
“Puedo seguir aprendiendo a mi edad y contribuir a la economía familiar, pero sobre todo al país”, afirmó este vecino del habanero reparto La Guayaba, en el municipio del Cerro.
Su historia resume el espíritu de una entidad replicada en todo el país que, con más de seis décadas, ha transformado su manera de entender el reciclaje. Lo que comenzó como una labor de recuperación de desechos es hoy una industria capaz de generar nuevos productos que son de beneficio para toda la sociedad.
Fundada el 7 de noviembre de 1961 —por iniciativa del Comandante Ernesto Guevara de la Serna, entonces Ministro de Industrias— bajo el nombre de Empresa Consolidada de Recuperación de Materias Primas, la organización nació para recuperar, procesar y comercializar materiales reciclables procedentes de las fábricas, los servicios y la comunidad.
Rosa Reyes Santiesteban, directora general de la ERMP, destacó que la actividad se inició concentrada en la recogida de chatarra de acero, metales no ferrosos (aluminio, cobre, entre otros) y no metálicos como el papel y cartón, así como frascos de vidrio. Sin embargo, con el paso de los años el alcance de la organización se amplió significativamente.
“En la actualidad, no solo recuperamos materias primas. También gestionamos residuos, participamos en programas ambientales y contribuimos a la limpieza e higiene de la ciudad”, señaló la directora. Los loables resultados con esa evolución permitieron obtener en el 2025 la condición de colectivo Vanguardia Nacional.
Mucho más que reciclar
El mejor ejemplo de esa transformación está en la UEB No Metálica. Allí los residuos dejan de ser simples materiales recuperados para convertirse en bienes destinados a la población y a diferentes sectores económicos.
Darío Luis Fonseca Aldana, director de la unidad, acumula tres décadas de experiencia en la actividad. “La idea no es recibir material y venderlo tal y como llega. Lo importante es transformarlo para incorporarle valor y obtener nuevos productos”.
Para ello, la UEB procesa papel y cartón, frascos, plásticos y envases textiles procedentes de bodegas, industrias y otras entidades. Parte de esos materiales regresa al ciclo productivo convertido en artículos de amplio uso. “El plástico recuperado se convierte en vasos, platos, cubos, conexiones hidráulicas, tuberías y otros artículos de utilidad doméstica”, manifestó.
Actualmente elaboran alrededor de 15 renglones. Entre ellos se destacan las tuberías para instalaciones hidráulicas, muy demandadas tanto por la población como por organismos estatales. Esas producciones se comercializan mediante una tienda ubicada en la propia institución y a través de ferias organizadas en municipios de la capital, lo cual genera ingresos mensuales cercanos a los 2 millones de pesos.
Fonseca Aldana añadió que una parte de las producciones se desarrolla directamente en la unidad y otra mediante encadenamientos productivos con mipymes y trabajadores por cuenta propia. “Nosotros contamos con 65 trabajadores que alcanzan un salario promedio que supera los 12 mil pesos”, comentó, resultado que reconoce Francisco Moreira Herrera al afirmar: “aquí el salario es muy bueno y también la atención al trabajador”.
Con el esfuerzo de todos
La innovación se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la estrategia empresarial. Además de los productos tradicionales, han incorporado nuevas líneas como la denominada madera plástica, utilizada en la construcción, la agricultura y en actividades productivas del sector no estatal.
La producción cooperada con actores económicos que ya disponían de equipamiento especializado ha permitido ampliar capacidades y aprovechar recursos existentes.
Dicha articulación alcanza a varios sectores, por ejemplo, la empresa compra materiales reciclables a pequeños negocios, restaurantes y mercados; suministra materias primas procesadas a entidades estatales y desarrolla iniciativas comunitarias para fomentar la recuperación de desechos. Entre ellas destaca el proyecto Reciclo mi barrio, enfocado en promover la participación ciudadana en la clasificación y entrega de materiales reciclables.
Detrás de cada tonelada recuperada existe un esfuerzo que muchas veces pasa inadvertido. Leidiana Elisastegui Martínez, especialista en gestión de los recursos humanos en la ERMP, llegó a la empresa en 1999. Desde entonces ha sido testigo de numerosas transformaciones.
“Cuando entré no imaginaba todo lo que se podía lograr aquí. Un material que al parecer no tiene valor alguno termina convertido en un producto útil que, además, ayuda al crecimiento de la empresa”, declaró.
Según refiere Leidiana, la entidad cuenta con alrededor de 620 trabajadores, quienes gracias a mecanismos aplicados en los últimos años han incrementado sus ingresos, además de aplicar políticas salariales acordes a sus posibilidades financieras como el pago por resultados y las utilidades.
“Tratamos de brindar todo lo que está a nuestro alcance. Tenemos muchos jóvenes incorporados y procuramos ofrecerles mejores condiciones para que se sientan bien”, abundó.
Mirar al futuro
Las transformaciones económicas y sociales impulsadas por el país abren oportunidades para la gestión empresarial, con beneficios que fortalecen la capacidad de diversificar acciones sin perder su objeto social.
Al respecto, Sadye Jiménez, directora comercial de la institución, aseguró que los planes de venta han sido cumplidos al 104 %, pues “todos los contratos responden a necesidades reales de nuestra economía”. Asimismo, han logrado mantener las producciones pese a las actuales limitaciones energéticas que enfrenta el país.
“La falta de electricidad no puede detenernos”, destacó. Con la instalación de paneles solares y sistemas de almacenamiento como parte del proceso de transición energética mantienen operaciones esenciales, “aunque en ocasiones los trabajadores deban reorganizar sus horarios para aprovechar las pocas horas de servicio eléctrico”, reafirmó Sadye.
Detrás de cada tonelada recuperada hay empleo, innovación y un aporte tangible a la economía y al medio ambiente. A las puertas de su aniversario 65, el desafío no es solo producir más, sino consolidar una cultura en la que el aprovechamiento de los recursos forme parte de la vida cotidiana. Porque reciclar va más allá de transformar materiales: también implica descubrir valor allí donde otros ven desechos y demostrar que toda segunda oportunidad puede convertirse en desarrollo.