“Brasil no es el patio trasero de nadie”, proclamó Luiz Inácio Lula da Silva tras conocer su victoria electoral. El mensaje resume el significado de su regreso: a los 80 años, el líder del Partido de los Trabajadores derrotó al senador Flávio Bolsonaro con el 51,79 % de los votos válidos, frente al 48,21 % de su rival.
El triunfo le garantiza un cuarto mandato presidencial, el tercero no consecutivo, y prolonga una trayectoria política marcada por la resistencia y los regresos inesperados.
Nacido en una familia pobre del nordeste brasileño, Lula emigró con los suyos a São Paulo y trabajó desde niño. Se formó como tornero mecánico y llegó a convertirse en dirigente sindical de los metalúrgicos del cinturón industrial de esa importante ciudad.
En plena dictadura militar encabezó huelgas obreras que lo proyectaron a la escena nacional y participó en la fundación del Partido de los Trabajadores, en 1980.
Su vida política también estuvo marcada por la persecución judicial: pasó 580 días en prisión por condenas vinculadas a la operación Lava Jato, posteriormente anuladas por la justicia, lo que permitió su retorno a la contienda electoral.
Su tercer gobierno, iniciado en enero del 2023, deja resultados sociales y económicos relevantes, aunque no exentos de dificultades. Brasil registró un crecimiento del PIB del 3,2 % en el 2023 y del 3,4 % en el 2024, mientras el desempleo descendió a niveles históricamente bajos y mejoraron los ingresos reales.
La recuperación del salario mínimo y la ampliación de programas sociales como Bolsa Familia contribuyeron a reducir la pobreza y la inseguridad alimentaria.
En el 2025 el país logró salir del Mapa del Hambre de Naciones Unidas. Sin embargo, el crecimiento se desaceleró al 2,3 %; mientras que el aumento de la deuda pública y doméstica, así como las elevadas tasas de interés mantienen bajo presión la economía.
El nuevo mandato, que comenzará en enero del 2027, estará condicionado por un Congreso con mayor presencia de la derecha y de los aliados de Bolsonaro.
El Partido Liberal, principal fuerza de la oposición, amplió su representación en ambas cámaras, lo que amenaza con dificultar la aprobación de reformas y limitar el margen de maniobra del Ejecutivo.
Lula deberá conciliar sus compromisos sociales con la disciplina fiscal, impulsar el crecimiento y construir acuerdos legislativos en un escenario más adverso.
La victoria demuestra que conserva una base electoral capaz de movilizarse frente a una derecha fortalecida. Pero ganar las urnas no equivale a controlar el poder político: su próximo desafío será convertir ese respaldo en capacidad de gobierno.