“Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí”, fueron las contundentes palabras con las que el ministro de relaciones exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció frente a la Asamblea General de las Naciones Unidas los daños que provoca esta inhumana política del Gobierno de Estados Unidos contra el pueblo cubano sostenida hace ya más de seis décadas.

Ante los cientos de funcionarios, el canciller cubano alertó acerca de los efectos de una política de asfixia económica que intenta condicionar el destino de una nación soberana. Pese, a las presiones realizadas por el gigante anglosajón, la Mayor de las Antillas obtuvo una amplia mayoría de votos (130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones) como rechazo de las naciones al bloqueo y en defensa de un principio esencial para la convivencia internacional: el derecho de cada pueblo a ejercer plenamente su soberanía e independencia, sin presiones, medidas coercitivas ni intentos de imponer voluntades ajenas.

El resultado constituye una nueva derrota política y moral para Washington y una contundente victoria diplomática para la Mayor de las Antillas. Cuba alcanzó 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones.
Las afectaciones denunciadas por Cuba, desde las dificultades para acceder a medicamentos, combustibles, alimentos y otros recursos esenciales, trascienden las estadísticas. Impactan directamente en la vida de millones de personas y evidencian cómo una política unilateral puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo y el bienestar de toda una nación.
El respaldo mayoritario de la comunidad internacional ratifica que ningún país debe ser privado de su derecho a construir su propio proyecto social, económico y político. La soberanía no puede ser un privilegio de los poderosos ni la independencia una concesión condicionada a intereses externos.
En un mundo marcado por crecientes tensiones y desafíos globales, la defensa de esos principios resulta imprescindible. Lo que estuvo en discusión en Naciones Unidas no fue solo la situación de Cuba, sino la vigencia del respeto al derecho internacional y a la libre determinación de los pueblos.
Con 130 votos a favor de la resolución cubana, la comunidad internacional volvió a pronunciarse con claridad. Más que una victoria diplomática, el resultado constituye una reafirmación de que la independencia y la soberanía siguen siendo derechos irrenunciables de todas las naciones. Allí radica el verdadero alcance de este nuevo pronunciamiento mundial contra el bloqueo.




