El calendario marcó una coincidencia histórica. Mientras en Nueva York la comunidad internacional propinaba un nuevo y contundente revés a la política de asfixia de Washington, en La Habana, a pocos metros del Malecón, el pueblo cubano se reunía para honrar al hombre que, con su sombrero alón y su sonrisa ancha, se convirtió en el símbolo eterno de la vanguardia revolucionaria.
La cita, que reunió a las principales autoridades del Partido, el Estado y el Gobierno —encabezadas por el Primer Secretario del Comité Central y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez— tuvo un marcado acento juvenil. No en vano, la figura de Camilo ha sido siempre un puente entre la lucha del pasado y las responsabilidades del presente.
El acto político por el aniversario 67 de la desaparición física del Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán, celebrado en las inmediaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores (Calle G), trascendió el homenaje tradicional para convertirse en un escenario de doble celebración. La victoria diplomática obtenida ese mismo día en la ONU —donde la resolución contra el bloqueo fue aprobada con 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones— sirvió como el mejor epitafio para el Héroe de Yaguajay: la confirmación de que su ejemplo de dignidad y firmeza sigue guiando la batalla diaria de la Isla.
Su legado en la voz de las nuevas generaciones
La estudiante de onceno grado de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Capdevila, Lismary Couto Toca, y el trovador Silvio Alejandro, quien interpretó «A los que luchan toda la vida», pusieron la nota cultural y emotiva a una jornada que también contó con la décima comprometida de los repentistas.
Ellos, con sus versos, patentizaron que la sonrisa de Camilo seguirá iluminando el camino de la Revolución mientras exista un cubano dispuesto a defender la Patria.
El punto central del acto lo puso la compañera Meyvis Estévez Echevarría, miembro del Comité Central del Partido, del Consejo de Estado y primera secretaria del Comité Nacional de la UJC. En su intervención —recogida por medios oficiales en anteriores homenajes—, Estévez ha insistido en que «la manera en que Camilo supo enfrentar los desafíos es la que hoy nos debe caracterizar». Una idea que resonó con fuerza en esta jornada, donde la resistencia económica y la unidad política son los desafíos que la Cuba de hoy enfrenta.
La coincidencia de la votación en la ONU no fue un detalle menor. Medios internacionales como Radio Nicaragua destacaron las palabras del Presidente Díaz-Canel, quien calificó el resultado como «una victoria del heroico pueblo cubano» frente a «las más groseras presiones y chantajes». En La Habana, esa misma idea flotaba en el ambiente: la comunidad internacional había hablado, y su veredicto era claro.
El acto concluyó con la tradicional peregrinación. Encabezada por la banda de música del Estado Mayor General de las FAR y con la bandera de 5×10 y cojines de flores portados por jóvenes camilitos, la marcha recorrió las calles habaneras en un gesto que, como recuerda Granma, «reemplaza la tumba que nunca existió». Una costumbre que se vuelve Patria y que, en esta ocasión, llevaba consigo el peso de una victoria diplomática que reafirma que Cuba no está sola.
Camilo Cienfuegos desapareció físicamente un 28 de octubre de 1959, pero su figura se agiganta con los años. Como expresara Fidel en aquel entonces: «Camilo salió del pueblo y en el pueblo hay muchos Camilos». Hoy, 67 años después, esos Camilos están en las calles, en las aulas, en los hospitales y en los escaños de la ONU.
La jornada terminó con la imagen de miles de personas lanzando una flor al mar. Un gesto sencillo, casi infantil, que resume la esencia de un pueblo que, como su Comandante, no se rinde y que, a pesar de las tormentas, sigue mirando hacia el horizonte con la certeza de que la razón y la verdad lo acompañan siempre.
