El embarazo de Arlette fue de lo más normal. Mientras cumplía con sus consultas y cuidados elementales, trabajaba, paseaba. Pero cuando se fue acercando el día del nacimiento, la presión arterial comenzó a subir y tuvo que ingresar. Y fue necesario hacer una cesárea de urgencia.

Todo iba bien, hasta que el sangrado no paraba. Los médicos se movían de un lado a otro, se buscaba sangre y más sangre. El bebé tuvo que ir para cuidados neonatales. Arlette no lo vio, se había complicado. Ella tuvo que ser trasladada del hospital ginecosbtétrico Ana Betancourt hacia el Clínico Quirúrgico Docente Manuel Ascunce Domenech para recibir atención especial como materna crítica.
La madre de Arlette iba de un centro médico a otro. La preocupación por ambos no la dejaba comer, ni dormir. Había escuchado tantos cuentos de terror, sabía de tantas carencias, que dudaba de que sus dos amores sobrevivieran. Pero los médicos le contaban otra historia y le aseguraban que tanto mamá como bebé saldrían bien. Y así fue.
Una atención priorizada
La materna crítica siempre ha sido la primera prioridad, dice con total seguridad el jefe del servicio de la Unidad de Terapia Intensiva, doctor Juan Orlando Roura Carrasco. Claro que, como acota, el cuidado de esas pacientes requiere recursos materiales y humanos «y nada de eso les ha faltado. Siempre se priorizan a pesar de las dificultades.

«En lo que va del año hemos atendido 192 maternas graves; de ellas 36 mujeres en estado crítico y una falleció a causa de una enfermedad asociada al embarazo. Todas recibieron su antimicrobiano, nunca les faltó un catéter percutáneo, ni ningún material gastable, y le suministramos todo lo necesario».
Aún cuando desde la unidad hospitalaria se garantizan los insumos médicos, otro factor fundamental, que tampoco falta, es la atención médica. Este tipo de cuidados, como añade Roura Carrasco, se tiene que realizar en equipo, «si no no se logra nada. Aquí hemos ido formando un personal que sabe mucho de disciplina y de colaborar entre todos y es lo que nos permite también salvar tantas vidas».
En el cuidado de estos pacientes críticos y graves el estrés los mantiene alerta, por tanto ante cualquier situación siempre buscan alternativas. La norma es una sola: atender con calidad al paciente a pesar de cualquier dificultad.
Por eso ya tienen alternativas para cualquier contingencia y cuando han sufrido cortes eléctricos, «hemos utilizado los respiradores manuales hasta que se restablece el servicio. Nos estresa, pero estamos preparados para ello, porque debemos cuidarlas y con la prioridad que lleva», sentenció Roura Carrasco.
De igual manera este personal se enfrasca en la actualización de sus protocolos y en la autopreparación, pues en Camagüey en este año ha habido un incremento ligero de las maternas críticas.
Entre las causas sobresalen algunas afecciones que han incrementado la morbilidad, las hemorragias obstétricas y los embarazos ectópicos, los que se producen fuera del útero y amenazan la vida de la madre.
Sobre está última causal los galenos camagüeyanos realizan estudios para determinar la raíz de tal situación. Pero, mientras tanto, se ha conveniado que, sin importar el grado, sea trasladada hasta la terapia para estar más vigilantes.
La materna en estado crítico o grave, como sentencia Roura Carrasco, siempre constituirá prioridad para la atención médica en Camagüey, sin importar que requiera de mayor cantidad de recursos.

