En el plenario de las Naciones Unidas siempre la voz de Cuba ha sido escuchada, respetada y apoyada. Y los próximos días 27 y 28 de octubre volverá a suceder cuando se discuta y vote el proyecto sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos de América contra nuestro pueblo.
La presión de los funcionarios estadounidenses este 2026 para no recibir una bofetada diplomática, como viene ocurriendo año tras año, ha superado cualquier cálculo. Desde una obra de teatro con terroristas de origen cubano en una sala de la ONU hasta cartas y chantajes a embajadores y presidentes de naciones para cambiar el voto o ausentarse en el momento del sufragio.
El olor de la derrota ya se huele. Quizás puedan lograr algún que otro lacayo a su lado; pero la mayoría de los países estará con nosotros porque saben que es real la existencia de ese cerco genocida, que golpea a empresas, inversionistas y tiene a millones de cubanos en condiciones económicas de vida muy difíciles por el solo hecho de no doblegarse a los pies del imperio.
La solidaridad de amigos, movimientos progresistas, sindicatos, Gobiernos y demás actores sociales también se respirará en la sala de discusiones de Nueva York, donde se hará sentir, como fuerza inspiradora, la resistencia de un pueblo a tamaña asfixia, recrudecida en estos últimos 10 meses con la imposibilidad de adquirir combustible. ¡Y todavía tienen la desfachatez de llamarle embargo a un clarísimo muro con puertas cerradas, candados incluidos, para quienes intenten comercializar con Cuba!
Solo una convicción profunda de que estamos en el camino correcto de la historia a través de las ideas de independencia, soberanía y libertad nos hace levantarnos cada día en medio de terribles apagones, poca transportación, escasa comida y dificultades cotidianas, provocadas por ese engendro despiadado.
Y con esa misma convicción, ¡venceremos! Cuba no es una amenaza para nadie, el bloqueo sí.