Arianny, matancera de cuatro años, fue diagnosticada de un nefroblastoma bilateral, un tipo de cáncer que le dañó los dos riñones. Uno le fue extirpado, el otro está en tratamiento.
Yanael, un santiaguero de la misma edad, padece desde su nacimiento de un retinoblastoma bilateral que le afectó ambos ojos. Ya ha perdido la visión, pero continúa siendo tratado porque la enfermedad se mantiene en las cavidades oculares.
La natural angustia de sus padres ante esta cruel realidad se compensa, según sus propias palabras, con la profesionalidad, la abnegación y el cariño demostrados por quienes luchan para que sus pequeños se recuperen. Estos hombres y mujeres de batas blancas integran el colectivo de la sala de oncología pediátrica del Instituto de Oncología y Radiobiología (INOR). No se dejan intimidar por una de las más dramáticas estadísticas de los efectos del bloqueo del Gobierno de EE.UU. la disminución de la sobrevivencia del cáncer infantil en Cuba en los últimos años, de un 85 % a un 65 %, porque enfrentan las limitaciones con el corazón.
El desafío del día a día
La jefa de esta sala, doctora Mariuska Trujillo Sáez, explica que atienden pacientes de todas las provincias “si bien existen ocho servicios de la especialidad en todo el país, la radioterapia está centralizada y se hace aquí”.
Enfrentamos cada día carencias de medicamentos y de insumos, estos últimos necesarios para el tratamiento de soporte de los enfermos al aplicarles quimioterapia o si se complican, ya que las infecciones pueden llevar a la muerte. Son los antieméticos (contra los vómitos) protectores gástricos, antihistamínicos, antibióticos…”.
Les llegan donaciones pero son de estos últimos fármacos, los específicos les siguen escaseando. Diversos organismos, organizaciones y hasta algunas personas que fueron pacientes y ya son adultos, apoyan con entregas de alimentos, juguetes y actividades culturales para los niños.
“La oncología y la oncología pediátrica evolucionan muy rápidamente en el mundo, señala la especialista, cada día hay procedimientos más novedosos y se logra mayor supervivencia, pero nosotros estamos fuera de eso ya que muchas veces por falta de recursos debemos acudir a métodos más envejecidos. Si no contamos con las drogas requeridas para aplicar la primera línea de tratamiento recurrimos a otra que no es la ideal pero no deja de ser efectiva.
“Nos regimos por protocolos internacionales y tal vez estas circunstancias nos obligan a estudiar más para poder usar los de otros años. Son decisiones que se toman a nivel de país porque tratamos de que la oncología pediátrica tenga un lenguaje único y podamos lograr una misma respuesta en los pacientes”.
Otro problema que afrontan es la obsolescencia de los equipos, por lo cual se rompen con frecuencia, así ocurrió con uno que debía darle continuidad al tratamiento de Yanael y afortunadamente fue reparado con rapidez.
Hace algún tiempo, a pesar de las carencias, se remodeló el servicio que muestra hoy un ambiente muy acogedor, con aire acondicionado en todas las instalaciones el cual no se afecta con las interrupciones eléctricas porque la institución cuenta con grupos electrógenos. En esta nueva imagen se incluyó una atractiva sala de arte terapia que ayuda a niños y familiares a sentirse mejor, porque si algo requiere esta especialidad es el aspecto psicosocial.
La jefa de enfermeras Dagné Claribel Quintero Vázquez, quien acumula aquí 27 años de trabajo, destaca que a pesar de todas las complejidades que vive la población cubana hoy, que afecta igualmente a los trabajadores de la sala, sus enfermeros no dejan de venir, nunca ha sido necesario doblar un turno porque alguien se haya ausentado. Al llegar, dejan los problemas atrás, lo fundamental es la atención de los pequeños con amor y dedicación.
Aunque ha disminuido la supervivencia de cáncer pediátrico, Cuba logra mejores índices que naciones de ingresos medios y bajos y supera las metas en esta especialidad de la Organización Mundial de la Salud, señala el informe sobre los daños del bloqueo presentado por nuestro país este año en la ONU.