El 16 de octubre Fidel Castro Ruiz en su condición de abogado asumió su autodefensa en el juicio celebrado por los sucesos del 26 de Julio de 1953. Pero semejante denuncia de la ilegalidad del régimen de Fulgencio Batista y los crímenes cometidos contra los asaltantes además del profundo análisis de la situación del país y las medidas que los revolucionarios se proponían para evitar esos males, no podían quedarse entre las paredes de la salita de enfermeras donde se pronunciaron.

Desde su prisión en Isla de Pinos Fidel le escribió a Melba Hernández:
«El discurso.Hay que distribuir por lo menos cien mil en un plazo de cuatro meses.Hay que hacerlo de acuerdo a un plan perfectamente organizado para toda la isla. Por correo debe llegar a todos los periodistas, a todos los.bufetes, despachos médicos y colegios de maestros y profesionales (..) Deben tomarse las medidas de precaución para que no descubran ningún depósito no detengan a nadie, actuando con el mismo cuidado y discreción que si se tratase de armas».
Y sobre la trascendencia de la tarea enfatizó:’ahí está contenido el programa y la ideología nuestra sin lo cual no es posible pensar en nada grande; además la denuncia completa de los crímenes que aún no se ha divulgado suficientemente, y es el primer deber que tenemos para los que murieron (…)»
En otro momento, señaló:»La tarea de inmediato es movilizar a nuestro favor la opinión pública, divulgar nuestras ideas y ganarnos el respaldo de las masas del pueblo. Nuestro programa Revolucionario es el más completo, nuestra línea la mas clara, nuestra historia la más sacrificada, tenemos el derecho de ganar la fe del pueblo, sin la cual,lo repito mil veces, no hay revolución posible.»
Una joya de trabajo clandestino
El primer paso se dio en la prisión: en fragmentos escritos con zumo de limón en inocentes cartas de saludo enviadas supuestamente a amigos y conocidos, Fidel fue reconstruyendo su alegato de autodefensa Estás cartas eran recogidas por los revolucionarios y con el calor de una plancha salía a la luz el texto. otros compañeros de encargaban de la mecanografía como lo hicieron en el hogar de Melba en Jovellar 107, ella y su padre.
Peso a peso de fueron recaudando los fondos para la impresión y cuando no alcanzaron se imprimió un talonario con valor de un peso cada papeleta supuestamente para, rifar dos televisores Al que compraba se le aclaraba que la verdadera finalidad era juntar fondos para combatir al régimen. Se escogió para la tirada una pequeña imprenta en la calle Desagüe casi esquina a Ayestarán y para acelerar la impresión un grupo de revolucionarios apoyó el doblaje de pliegos, la compaginación, presillado, conteo y empaquetado.
La distribución en la Habana estuvo cargo de Melba y Haydee, otros compañeros lo hicieron en provincias. Vale resaltar la disposición de los hermanos Gustavo y Angel (Machaco) Ameijeiras quienes consiguieron un auto no en muy buenas condiciones y aseguraron que con 5 pesos para la gasolina irían hasta Oriente. Cuando les dijeron que era insuficiente respondieron que resolverían por el camino.
Así el pueblo cubano recibió el Programa de la Revolución.
Acerca del autor
Graduada de Periodismo en 1974 y Master en Ciencias Políticas de
enfoque Sur, Al graduarse pasó a atender temas históricos e
ideológicos y viajó a varios de los antiguos países socialistas. Al
pasar al periódico Trabajadores, escribió para el Suplemento de
salud durante varios años y realizó la cobertura del segundo
contingente de la brigada médica en Guatemala. Posteriormente fue
jefa de la edición digital y subdirectora editorial hasta mayo de 2025
que se jubiló y se recontrató en la publicación. En el transcurso de
su ejercicio profesional Ha ganado premios en concursos
periodísticos y de humorismo.


