La Galería Le Cirque, en Mérida, abrió sus puertas a “Historias ilustradas”, una exposición del artista cubano Arístides Hernández (ARES) que marcó el inicio de la XI edición de la Jornada de la Cultura Cubana en Yucatán.

La muestra, compuesta por una veintena de piezas entre impresiones digitales sobre cartulina, lienzografías y lienzografías con acrílico, reúne una selección de imágenes concebidas originalmente para libros infantiles de autores como Dora Alonso, Nelson Simón, Sandra Martin Denis, Ivette Vian, Maykel Casabuena, Enid Vian, Carlo Frabetti, Carlo Calcines, Joseba Sarrionandia y Bianca Pitzorno, entre otros.
El propio ARES explica que la concepción de esta exhibición surgió de manera orgánica, a partir de la naturaleza literaria de la jornada organizada por la galería, la Asociación de Cubanos Residentes en Mérida y el consulado. “La jornada tenía una presencia muy marcada del tema de la literatura, por lo que me pareció interesante mostrar ese trabajo de artes visuales que está muy relacionado con la literatura”, señala el creador.
En el proceso organizativo jugaron un papel fundamental la amistad con Iván Mesa, quien presentó a ARES al director de la galería, Jorge Alberto Gutiérrez, y la colaboración del periodista y realizador visual Jorge Alberto Piñero, Jape.
Graduado de médico psiquiatra y con una trayectoria que abarca el humor gráfico, la ilustración, el cartel y la pintura, ARES ha ilustrado más de cien libros en Cuba y en otros países de América y Europa.
Su obra ha sido reconocida con más de 170 premios internacionales, entre ellos el Ranan Lurie de las Naciones Unidas, y en dos ocasiones ha obtenido el Premio La Edad de Oro de ilustración. En Cuba ostenta el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez en la categoría de Periodismo Gráfico, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Humor en 2020.
Sobre su proceso creativo, el artista confiesa que lo primero que hace al enfrentarse a un libro es leerlo muchas veces. “Primero una lectura ligera de disfrute y luego vienen otras lecturas en las que tomo nota, detallo, veo las descripciones que se hacen en el libro o las imágenes literarias que utiliza el autor y ahí voy encontrando señales de por qué camino va a seguir ese libro”, comparte.
Para él, lo más difícil es decidir cómo concebirá esa obra, hacer quizás la primera ilustración, y después el camino sigue por sí solo. Cada libro, asegura, le transmite una manera diferente de ilustrar, independientemente del público, del contenido o de las condiciones editoriales.
Uno de los aspectos que distingue su trabajo para el público infantil es la libertad con la que aborda el color y la figuración. “En el caso de la ilustración infantil, creo que predomina el trabajo que hago de color, con mucho colorido, y trato de acercarme lo más que puedo a ese mundo”, afirma.
Sin embargo, aclara que no se amarga con una técnica única: algunas cosas las hace completamente digitales, otras a dibujo, utiliza mucho la acuarela, pero también ha recurrido al acrílico. Incluso ha ilustrado libros completos en blanco y negro por limitaciones editoriales y asegura haberse divertido muchísimo. “Creo que hay maneras de expresar también para el público infantil incluso sin utilizar el color”, sostiene.
Para ARES, la ilustración no es un retrato exacto de lo que se dice en el libro, sino un discurso paralelo que transita junto al texto. “Trato de ser lo más libre posible, sin zafarme del contenido del texto”, explica.
La exposición “Historias ilustradas” no solo celebra la trayectoria de uno de los artistas gráficos más relevantes de Cuba, sino que también tiende un puente entre dos culturas que han dialogado durante siglos. Para él, aprovechar la riqueza cultural que ofrece Mérida es una posibilidad excelente, y espera seguir alimentando su manera de pensar y su creación a partir de todo lo que logre descubrir en esta tierra.
Pero si algo desea dejar con la muestra, es la posibilidad de reencontrarse con la propia infancia. En tiempos donde la imagen se consume con velocidad, “Historias ilustradas” propone una pausa: la de volver a mirar como niños, con la curiosidad y el asombro intactos.

