“Pretendan que estoy en la boleta”, pidió Donald Trump a sus seguidores en la convención republicana de septiembre. El presidente convirtió así las elecciones de medio término en un referendo sobre su segundo mandato. Hakeem Jeffries, líder demócrata en la Cámara de Representantes, respondió que los estadounidenses “han tenido suficiente” de Trump y de la economía republicana.
Esto resume, a grandes rasgos, el dilema al que muchos estadounidenses se enfrentarán el 3 de noviembre cuando serán llamados a elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 senadores. También se renovarán 39 gobernaciones y numerosas legislaturas estatales.
La importancia de la jornada está en quién controlará el Congreso durante los dos últimos años del mandato de Trump. Los republicanos, tienen actualmente la mayoría en ambas cámaras, pero las encuestas nacionales muestran ventaja demócrata en la intención de voto para la Cámara. Un sondeo de Catawba College/YouGov de septiembre registró 49 % para los demócratas y 38 % para los republicanos entre electores registrados que pensaban ir a votar o estaban indecisos. Ese dato es nacional y no permite anticipar por sí solo el resultado de cada distrito.
El Congreso como contrapeso
Una mayoría demócrata en la Cámara o el Senado no desplazaría a Trump de la Casa Blanca. El presidente conservaría amplias facultades ejecutivas, particularmente en política exterior, inmigración y administración federal. Pero cambiaría el equilibrio de poder.
La Cámara controla buena parte de las decisiones presupuestarias y sus comités pueden investigar a la Administración. El Senado, además, debe confirmar muchos nombramientos presidenciales, incluidos jueces y embajadores.
Por eso, el resultado puede afectar directamente la capacidad de Trump para aprobar nuevas leyes, financiar programas y realizar nombramientos. Una Cámara opositora también podría intensificar las investigaciones sobre la Administración.
El presupuesto será uno de los principales terrenos de disputa. Las prioridades de Trump —desde inmigración y deportaciones hasta gasto militar y política económica— requieren en bastantes casos recursos aprobados por el Congreso.
La política económica será otro frente. Cualquier nueva modificación considerable de impuestos, gasto público o techo de la deuda exigirá negociar con el Capitolio.
En política exterior el margen presidencial es mayor. Trump puede tomar innumerables decisiones sin autorización previa del Congreso, aunque los legisladores controlan fondos, participan en determinadas decisiones militares y el Senado interviene en tratados y nombramientos.
Los Estados que también deciden
Las midterms no se limitan a Washington. 39 estados y territorios elegirán gobernador, y en 21 de ellos el actual jefe del ejecutivo no puede presentarse nuevamente o no buscar la reelección.
Estos comicios pueden modificar políticas sobre impuestos, aborto, educación, energía, inmigración, derechos laborales y regulación ambiental, especialmente cuando el cambio de gobernador viene acompañado por un cambio en la mayoría legislativa.
Entre las contiendas más sustanciales están:
California. El demócrata Xavier Becerra y el republicano Steve Hilton disputan la sucesión de Gavin Newsom. El cambio sería significativo si ganara Hilton: propone reducir impuestos, flexibilizar regulaciones ambientales y modificar la política energética y de vivienda del estado. Becerra plantea, sin embargo, continuar buena parte de la orientación demócrata, aunque también ha propuesto revisar algunos objetivos climáticos si elevan demasiado los costos energéticos.
Texas. Greg Abbott busca un cuarto mandato frente a la demócrata Gina Hinojosa. Una victoria demócrata supondría un cambio político excepcional para un estado gobernado por republicanos desde hace décadas. La disputa incluye impuestos a la propiedad, educación, inmigración y relación entre el estado y las grandes empresas.
Georgia. La gobernación queda abierta por la salida de Brian Kemp. La demócrata Keisha Lance Bottoms y el republicano Rick Jackson se enfrentan en un estado que se ha convertido en uno de los principales campos de batalla electorales del país. Un cambio de partido podría modificar la orientación de políticas estatales y el control sobre la administración electoral.
Míchigan, Wisconsin y Arizona. Son importantes no solo por sus gobernaciones, sino porque también está en juego el control de las legislaturas. En estos estados, un cambio de mayorías podría modificar políticas sobre aborto, educación, impuestos y redistribución electoral. Un análisis del Washington Post identifica estos tres estados entre aquellos donde los dos partidos disputan el control integral del gobierno estatal.
Pensilvania, Minnesota y Nevada. Los demócratas buscan aquí romper el control republicano o consolidar el suyo. Las legislaturas tendrán especial trascendencia porque pueden determinar cuestiones como impuestos, derechos reproductivos y redistribución de distritos.
¿En juego el Partido Republicano?
Las elecciones medirán además hasta dónde llega la influencia de Trump sobre su propio partido.
El presidente ha intervenido activamente en las primarias republicanas y ha respaldado a candidatos estrechamente vinculados con su agenda. Texas es uno de los ejemplos más visibles: Ken Paxton derrotó al senador John Cornyn en las primarias republicanas para el Senado con el respaldo de Trump. Ahora enfrenta al demócrata James Talarico en una elección que se ha vuelto competitiva.
El resultado permitirá observar si el electorado republicano continúa respaldando mayoritariamente a candidatos identificados con la corriente impulsada por Trump –Make America Great Again, Maga–, o si aparecen límites a esa estrategia.
¿Qué puede suceder después del 3 de noviembre?
Hay varios escenarios. Si los republicanos mantienen ambas cámaras, Trump conservará un margen legislativo amplio para continuar su programa.
Si los demócratas recuperan una cámara, aumentarán las negociaciones y el control parlamentario sobre la Casa Blanca.
Si recuperan las dos, tendrán más capacidad para investigar a la Administración, bloquear iniciativas legislativas republicanas y utilizar el proceso presupuestario como instrumento de negociación.
Las elecciones estatales pueden producir cambios igualmente interesantes. En estados donde cambien simultáneamente la gobernación y la mayoría legislativa, el nuevo gobierno podría modificar políticas sobre impuestos, aborto, educación, energía, inmigración y derechos laborales.
Las midterms, por tanto, no elegirán un nuevo presidente. Decidirán algo distinto: quién tendrá el poder institucional para acompañar, negociar o poner límites a Donald Trump durante los dos últimos años de su mandato.