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El jonrón de D’Álvarez FA

Pinar del Río.— ¿Qué tie­nen en común la pelota, pun­tos de venta en diferentes comunidades, la eliminación de dos microvertederos, la entrega de donativos a instituciones educativas y la reparación de un consultorio y de dos salones quirúrgicos?

Milvania Córdova desde su hogar, presta un servicio a sus vecinos. Foto: Pedro Paredes Hernández

La respuesta está en la peque­ña empresa D’Álvarez FA, S.R.L., creada a partir del capital aportado por el pelotero Frank Abel Álvarez Díaz, contratado en la Liga japonesa en el 2021 y actualmente en la mexi­cana. Su padre y socio director ge­neral, Jorge Lázaro Álvarez Valdés, puntualiza que ellos se enfocan en la economía solidaria, el bienestar como indicador de éxito y el desarro­llo de la comunidad.

El colectivo lo integran 12 traba­jadores, aunque, con el personal de apoyo contratado, llegan a 25. La enti­dad es comercializadora mayorista y minorista; cuenta con 23 proveedores en siete países y 13 socios comerciales.

Desde el proceso de conformación del proyecto contaron con la asesoría de especialistas de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca, por lo que están insertados dentro de la estrategia de desarrollo local del territorio, a la que tributan sus lí­neas de negocios, que comprenden la venta de maquinarias e insumos agrícolas, alimentos y productos no alimenticios, medios de transporte, así como partes y piezas para auto­móviles.

 

Familia de sangre y de afecto

Las letras FA en el nombre de la em­presa aluden a las iniciales de Frank Abel, y al concepto de familia que defienden. Tanto la madre como el padre son socios; un tío y un primo conforman la junta, mientras que los demás miembros del equipo lo inte­gran amigos.

Álvarez Valdés sostiene que jun­to a ellos están personas cercanas que, a lo largo de los años, vieron cre­cer a su hijo y cuentan con toda su confianza.

“Si ahora tengo la oportunidad de ofrecerles un empleo y que les vaya mejor, ¿por qué no?, si a veces no teníamos ni para comprar un par de zapatos”, expresa.

Los cumpleaños los celebran en casa del homenajeado “con mucho o poco, pero compartiendo con las familias”. También facilitan la ven­ta de artículos a plazos y el acceso a créditos para cubrir urgencias, ya sean de salud o para una reserva­ción”, señala.

Proteger al colectivo es una de las premisas. El salario declarado de cada trabajador al banco es de 23 mil pesos. “No se trata solo de ganar dinero ahora; es asegurar la jubi­lación y el bienestar a largo plazo”, subraya.

Resalta otros beneficios para los trabajadores: el balance tri­mestral, la selección de los desta­cados y su estimulación, atendien­do a necesidades apremiantes en sus hogares.

Dailyn Bombino Soto, secretaria de la sección sindical, asevera que sus afiliados son muy cooperativos y que cuentan con ellos como fuerza de apoyo.

 

Lo útil y beneficioso

Dentro de los reclamos que hace la dirección del país al sistema em­presarial cubano, independiente­mente de la forma de gestión, está acercar las ofertas a las comunida­des. Por eso, ante la contracción de las importaciones y la disminución de llamados para quienes laboran de manera eventual D’ Álvarez FA les brinda la posibilidad de crear puntos de venta con facilidades de pago.

El uso de las pasarelas de pago constituye otro de los atractivos de la gestión comercial de esta pequeña empresa. Foto: Pedro Paredes Hernández

Les entregan las mercancías, las comercializan en sus comu­nidades de residencia y reciben un porciento de los ingresos. Pueden incrementar los precios, siempre que no sea de forma ex­cesiva.

Milvania Córdova Ramos es una de las beneficiadas con este sistema. Mantiene un punto de venta en su casa ubicada en el barrio Los Carretones, en el ki­lómetro cuatro de la carretera a Viñales.

Refiere que la aceptación en­tre los vecinos es alta, porque los precios son más asequibles que en otros establecimientos.

Cuando apenas llevaba tres me­ses de trabajo como dependienta resultó la más destacada. Le pidie­ron que escogiera un artículo que necesitara de la tienda. Le apena­ba hacerlo, su esposo, que también labora en la entidad, fue quien lo eligió porque les urgía uno muy caro: una lavadora. Y eso fue lo que obtuvo.

Los problemas con el transpor­te la obligaban a madrugar y a re­gresar tarde. Enfermó, y la solución fue la entrega de una moto eléctri­ca. “Yo no tuve que pagar por nada de esto. Eso es aparte del salario y de las compras que uno haga a pla­zos, así fue como tuvimos nuestro primer ventilador recargable”.

La mayor felicidad es su hija. Pospusieron tener descendencia porque “no iba a parir para que pa­sara necesidad. El salario y la segu­ridad que tenemos nos decidieron a buscar el embarazo”.

 

Responsabilidad social

La responsabilidad social de la mi­pyme también comprende ferias co­merciales en comunidades y centros de trabajo, con una rebaja del 15 % en los productos. Hoy están restrin­gidas por la poca disponibilidad de combustible, pero cada sábado ar­man dos carpas en los Consejos Po­pulares Hermanos Cruz y Ceferino Fernández, de la ciudad capital, ubicados en extremos opuestos de la urbe.

La fluctuación del precio del dólar y el encarecimiento de la transportación inciden negativa­mente sobre las ofertas. “Hay que hablar más de los costos y crear alianzas que nos permitan bajar el monto con que llega el producto a la población”, enfatiza Álvarez Val­dés, quien defiende que son parte de un negocio y no pueden operar con pérdidas, aunque considera que todavía existe espacio para ha­cer más por el bien común.

Otra de las acciones que eje­cutarán en favor de la comunidad será el pago a nueve jubilados.

Los donativos a instituciones educativas y personas con desven­tajas económicas y sociales son prácticas habituales. También asu­mieron la reparación de dos salones quirúrgicos en el Hospital General Docente Abel Santamaría Cuadra­do y de un consultorio del médico y la enfermera de la familia en el Consejo Popular Hermanos Cruz.

En este último respaldan finan­cieramente, desde hace más de un año, la recogida de desechos sólidos mediante un contrato con Servicios Comunales y en dos puntos dentro del radio de acción de la entidad.

Jorge Chirino Hernández e Isaac Valdés Gigato son los carretoneros encargados de vaciar los contene­dores y trasladar la basura hasta el vertedero. Reciben un salario men­sual de 20 mil pesos, medios de pro­tección y ambos muestran satisfac­ción por el vínculo laboral creado.

Manifiestan que los poblado­res los acogen con cariño y respeto; han ganado en disciplina en cuan­to al horario para colocar los dese­chos, a partir de las seis de la tarde, hora de la recogida.

Loreto Martínez Martín, re­sidente en la zona, apunta que ya no hay basura cerca de los porta­les, todo está limpio y los vecinos se han motivado para chapear áreas comunes. Agradece el impulso que dio a esto la mipyme.

 

Privada, pero…

Álvarez Valdés apunta que a su jui­cio falta capacitar y sensibilizar a los emprendedores en maneras de trabajar por el bien común. Comen­ta que: “Por mi formación sé cómo ayudar y dónde hacerlo, y a veces cuando explico lo que aportamos me preguntan cómo ellos también podrían hacerlo”.

El directivo reconoce que los problemas relacionados con el ac­ceso al dinero, la conversión del ca­pital en dólares y la política impo­sitiva son elementos que frenan el desarrollo de las iniciativas priva­das, sin minimizar el efecto de las presiones externas.

La importación de combusti­bles domésticos es el próximo desa­fío al que se enfrentarán, mientras continúan desarrollando líneas como las de medios de transporte mediante la comercialización de equipos eléctricos, reforzando los valores identitarios y sosteniendo que su crecimiento debe partir de la solidaridad.

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