“Eslabón donde la medicina de precisión se encuentra con la esperanza de los pacientes cubanos con neoplasias hematológicas”, así es calificado el doctor Gustavo Barroso Sánchez por el Doctor en Ciencias e Investigador Titular Armando Rodríguez Batista, ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
El científico de 33 años es hematólogo especialista de primer y segundo grado, profesor titular e investigador que se desempeña en el laboratorio de Biología Molecular y Citogenética del Instituto de Hematología e Inmunología Dr. José M. Ballester Santovenia.
En un post en Facebook, el titular del CITMA cuenta que oriundo de Matanzas, el joven dijo que el Instituto de Hematología e Inmunología era para él, cuando crecía, un lugar lejano e inalcanzable, habitado por personalidades casi míticas.
Dr. Gustavo Barroso:
El Instituto, para todos los que estamos acá en esta institución que el próximo primero de diciembre cumplirá 60 años de fundado, lo significa todo. Es el espacio donde pudimos crecer como personas y como profesionales, donde hemos aprendido de todo.
Reconoce a quienes ya no están: profesores fallecidos, colegas que han emigrado, todos aquellos que dejaron su huella para que hoy otros puedan ayudar o al menos acompañar a quienes padecen enfermedades difíciles.
Dr. Armando Rodríguez Batista:
Su labor es titánica: por sus manos pasan todas las muestras del país que buscan descifrar las variantes genómicas detrás de enfermedades tan complejas como dolorosas. No se limita a emitir diagnósticos; su trabajo va mucho más allá, porque en el ADN y el ARN que analiza encuentra las claves diagnósticas, pronósticas y terapéuticas que definirán la vida de cada paciente.
Dr. Gustavo Barroso:
Cuando damos un informe no decimos es positivo o negativo, decimos: es positivo por esta razón, esta alteración codifica tal proteína y tiene tal impacto en la evolución clínica. Y damos recomendaciones sobre las conductas que deben tomarse.
Eso lleva detrás un trabajo intenso y no solo desde el punto de vista del laboratorio, que ya es de los más trabajosos que hay, sino la responsabilidad social y humana que tiene dar este tipo de diagnóstico que define tanto en una persona.
Cuenta el titular del CITMA que el doctor Barroso no solo enfrenta los desafíos del laboratorio, sino que sortea a diario las dificultades del transporte, los apagones, el calor y las carencias materiales.
Agrega que hasta hace muy poco llegaba al Instituto en «botella» o en transporte público, invirtiendo horas para cumplir con su jornada, pero que hoy agradece poder hacerlo en bicicleta, aunque el esfuerzo sigue siendo inmenso.
El post del ministro dice:
Y en medio de esa batalla profesional, encuentra fuerzas para ser padre de dos niños pequeños, uno de apenas siete meses. Las noches en vela, el calor, los apagones, las horas de transporte y el cansancio no son excusa para descuidar su rol familiar.
Reconoce que sin el apoyo de sus compañeros y su familia no sería posible mantener ese equilibrio tan complejo.
A sus 33 años, el doctor Barroso es un ejemplo de que la vocación y el esfuerzo pueden transformar realidades. Su secreto, aprendido de sus padres y abuelos, es tan sencillo como profundo:
Preguntado por su visión a 20 años, no fantasea con títulos ni posiciones: «Quiero ser buen padre, y de ahí se deriva todo lo demás. Si logro cumplir esa meta, ya me siento satisfecho». Y añade: «Me veo como una persona feliz».
En tiempos donde las limitaciones materiales son el pan de cada día, el doctor Gustavo Barroso Sánchez demuestra que el mayor recurso de la ciencia cubana sigue siendo el capital humano. Su humildad, su disciplina y su pasión por salvar vidas son un faro de esperanza para quienes enfrentan enfermedades que duelen, y para quienes, como él, desafían cada obstáculo con la certeza de que servir es el camino más noble.