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“Abrazado” a la fe y a Cuba

Yoenni González Álvarez siente orgullo por el equipo de trasplante renal en Cuba, un costoso procedimiento que se realiza de forma totalmente gratuita. Foto: Gloria Morales Campanioni

Municipio Especial Isla de la Ju­ventud.— Yoenni González Álva­rez, joven de 36 años y trabajador de la Empresa Comercializadora y Distribuidora de Medicamentos en este territorio, desconocía su padecimiento: su cuerpo crecía y ya no asimilaba los alimentos ha­bituales.

“Medía entonces casi un metro cincuenta de estatura; adolescen­te al fin, comía bastante. Gracias a una pesquisa realizada por el médico de la familia entre 2004 y 2005, me detectaron que eliminaba proteínas a través de la orina. Con esa indagación buscaban preve­nir el desarrollo de la enfermedad renal, detectar al enfermo crónico en las fases más tempranas, tratar las causas y detener o ralentizar su progresión.

“Así, los pacientes, en caso de llegar a la fase de fallo renal total y tener que someterse a diálisis o trasplante, lo harían en mejores condiciones biológicas para lograr su rehabilitación.

“Después de aquella investiga­ción, el médico de mi consultorio se fue de misión; iban unos y venían otros. Los papeles quedaron en­gavetados hasta que una doctora desempolvó lo guardado; ya habían pasado tres años.

“Comencé el servicio militar activo y empezaron los dolores de cabeza, como si fueran migrañas. Antes de incorporarme la doctora me indicó un chequeo médico gene­ral para valorar y descifrar qué es­taba sucediendo con mi organismo, porque seguía expulsando proteí­nas por la orina. Sospechaba de una enfermedad renal crónica, pero de­bía investigarse si era un problema estructural o funcional del riñón; el resultado determinaría si requeri­ría diálisis o trasplante.

“Se me hinchaban un poco los pies y continuaban los dolores de cabeza. Terminé el servicio a los 18 años y volví a realizarme los análi­sis; tenía todos los parámetros alte­rados, desde la creatinina en sangre y orina hasta el sodio, el potasio y la albúmina. De inmediato se inició el seguimiento médico y una dieta para intentar evitar que llegara a la hemodiálisis.

“Me colocaron un catéter veno­so central durante más de un año, hasta que me confeccionaron una fístula arteriovenosa para que, cuando llegara el momento de la hemodiálisis, estuviera listo.

“Seis años estuve sometiéndo­me a ese tratamiento hasta que cla­sifiqué como apto para trasplante.

“No perdí la fe y apareció la oportunidad. Fue el 25 de enero de 2015. Yo estaba calmado y mi fa­milia nerviosa. Fue en La Habana. Decía que si me quedaba en el sa­lón, era porque hasta ahí llegaría mi existencia. Quería vivir, hacer planes y disfrutar de una vida nor­mal, claro, sin excederme en los es­fuerzos físicos. Y todo salió bien.

“A partir de ahí tenía más li­bertad para comer, excluyendo, por supuesto, el chocolate, porque soy hipertenso. Frutas y dulces que antes ni miraba podía degus­tarlos. Además tomar líquidos sin limitaciones. Soy un sobreviviente del cruel bloqueo estadounidense.Agradezco a tantos: médicos, en­fermeras, pantristas…

“También a los familiares del donante quienes rápidamente dije­ron que sí para que ese órgano de su ser querido le diera vida a otra perso­na. Sabía de antemano que para rea­lizarme un trasplante dependía del consentimiento informado de la fa­milia. Es difícil describir el agrade­cimiento y no hay dinero que pague el gesto de ellos hacia mí. Existe un enorme altruismo tanto de los fami­liares como del equipo de trasplan­te renal en Cuba, un procedimiento costoso que se realiza de forma to­talmente gratuita en circunstancias complejas.

“Un paciente trasplantado le cuesta a Cuba millones de dólares, solo la intervención quirúrgica, sin incluir los medicamentos in­munosupresores que se nos garan­tizan de por vida ni el seguimiento médico, mientras que en otros paí­ses este procedimiento oscila en­tre los 20 mil y los 60 mil dólares”, concluyó Yoenni González con lá­grimas en los ojos.

Mientras tanto, el doctor José Antonio Chipi Cabrera, jefe del Servicio de Nefrología en la Isla de la Juventud, aporta otros elementos que también conmueven.

“Actualmente, en Cuba hay más de 3 mil pacientes en diálisis y más de mil personas con trasplante re­nal. Resulta importante el trabajo de la Nefrología en la comunidad para prevenir factores de riesgo como la hipertensión arterial, el envejecimiento y la obesidad, así como promover una alimentación saludable y el chequeo sistemático de los pacientes”, finalizó Chipi Ca­brera.

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