La lid iniciada el 10 de octubre de 1868 demostró de lo que es capaz un pueblo dispuesto a conquistar su libertad.

Y si bien no concluyó con la materialización de los ideales revolucionarios no resta ni un ápice de valor a quienes pelearon y murieron por esa causa que se convirtieron en héroes inspiradores de batallas futuras.
Se habla mucho de los combates librados con éxito frente a un enemigo muy superior, tanto por los jefes mambises como por los internacionalistas muchos de ellos convertidos en oficiales del Ejercito Libertador que hicieron suya la causa de los cubanos
Menos divulgadas son las penalidades que, atravesaron los mambises sin casi ayuda exterior, carentes de Armas y pertrechos que les arrebataban al enemigo, vistiendo ropas raídas y hasta desnudos como los describió Céspedes al visitar un campamento, con escasez crónica de comida, como comentó un mambí: «estoy comiendo mangos cimarrones asados
Sin embargo, en medio de tantos sinsabores se mantenía la’ resistencia y la confianza en la victoria.
La decisión de resistir ante cualquier, adversidad la expresó Agramonte cuando le preguntaron con qué contaba para proseguir la guerra «Con el honor y el deber».

Un aspecto poco tratado es que los combatientes marchaban a la manigua con sus familias las cuales sufrían no solo los rigores del hambre y la falta de un refugio seguro que las obligaba a desplazarse para, eludir al enemigo, sino padecía situaciones tan terribles como la muerte de recién nacidos o de pequeños a causa de las enfermedades, a detención y en no pocas ocasiones el asesinato de las familias por parte del ejercito peninsular
Como se ha afirmado, al matar o someter a un trato despiadado a mujeres y niños se intentaba dañar en lo más profundo la moral de los insurrectos.
Vale mencionar ejemplos de infantes que hicieron suya la actitud de sus mayores, como un hijo de Calixto García que ante el ofrecimiento de sus captores de darle una galleta si gritaba !Viva España! se negó aún teniendo hambre porque decía «Yo soy mambí como mi papá»
Es sabido que la guerra no fue vencida por las armas sino por los problemas internos (caudillismo, regionalismo, desunión, desorganización) del campo insurrecto.

Diez años duró la epopeya que concluyó con el Pacto del Zanjón, la paz sin independencia.
Pero los patriotas dignos le opusieron la Protesta de Baragua, seguida de una tregua que retomó la lucha organizada por José Martí quien analizó los errores de la guerra grande, unió a los veteranos con los pinos nuevos y ensalzó las glorias de nuestra primera contienda emancipadora como ejemplo a seguir para conquistar la verdadera independencia
Fuente: Abreu Cardet, José.- Los resueltos a morir: relatos de la Guerra Grande (Cuba 1868-1878)
Acerca del autor
Graduada de Periodismo en 1974 y Master en Ciencias Políticas de
enfoque Sur, Al graduarse pasó a atender temas históricos e
ideológicos y viajó a varios de los antiguos países socialistas. Al
pasar al periódico Trabajadores, escribió para el Suplemento de
salud durante varios años y realizó la cobertura del segundo
contingente de la brigada médica en Guatemala. Posteriormente fue
jefa de la edición digital y subdirectora editorial hasta mayo de 2025
que se jubiló y se recontrató en la publicación. En el transcurso de
su ejercicio profesional Ha ganado premios en concursos
periodísticos y de humorismo.


