Bakú.- Si le digo que hace 29 años no ganaba una judoca española en un mundial la fiesta se antoja histórica. Pero si le cuento que la protagonista de ese preciado título ibérico es una catalana de apellido japonés la historia se torna más interesante. Los nuevos monarcas en 70 kg y 90 kg tienen entonces un enlace cercano en su ADN, pues en esta última división la dorada terminó en el nipón Sanshiro Murao.
Vayamos a lo sucedido con todos sus matices. Ai Tsunoda Roustant nació hace 24 años en Lérida, adonde llegaron sus padres una vacaciones y se quedaron. En poco tiempo pusieron un Dojo para enseñar judo. Su abuelo Makoto Tsunoda era judoca y fue el profesor de su padre, Go, quien con el tiempo se hizo entrenador y llegó a dirigir al equipo británico en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Su madre, la francesa Céline Rousant, también fue judoca y además es su entrenadora, su confidente.
Tal y como viene sucediendo desde que debutara en competencias nacionales e internacionales, Ai Tsunoda, desde las 9 de la noche del día anterior apagó su móvil y solo se concentró en la competencia. Dominó con destreza y calidad a sus primeras cuatro rivales y solo en la final, ante la austríaca Michaela Polleres, necesitó la regla de oro (más de siete minutos de combate) para imponerse y terminar la escalera de títulos mundiales pues ya archivaba dos juveniles y uno de cadetes.
Con su acostumbrada cabeza rapada y un envidiable repertorio de técnicas, Ai Tsunoda aportó una corona que entre las mujeres no disfrutaban desde 1997, cuando Isabel Fernández subiera a los más alto del podio tras el primer cetro de Miriam Blasco en 1991. Entre los hombres, España sí había sumado campeones con Niko Sherazadishvili y Fran Garrigós.
«Ganar este título mundial es una sensación increíble. La final fue extremadamente reñida y difícil, pero seguí luchando hasta el final. Sabía que tenía que darlo todo. Mi familia ha desempeñado un papel fundamental en mi carrera, especialmente mi padre, con quien he entrenado durante tantos años. Mi madre, mi hermano y mi esposo también han sido increíblemente importantes. Hemos compartido mucho tanto dentro como fuera del tatami, y les estoy profundamente agradecida a todos ellos», comentó la joven española, quien no perdió la oportunidad de recordar que su nombre Ai significa Dulce en japonés.
Esta historia se robó el corazón de periodistas y asistentes a esta quinta jornada, en la que también tuvo definición los 90 kilos con una final entre japoneses campeones mundiales: Sanshiro Murao y Goki Tajima. El primero retuvo su color rojo en la espalda hasta la próxima cita, el segundo volvió a demostrar que es tan parejo el nivel entre ellos que cualquier pudo haber sido triunfador.
Lo mejor de la crónica queda para el final, cuando Ai y Sanchiro se abrazaron para los fotógrafos en un gesto que recordó lo más puros valores que defiende este deporte: «es una filosofía de vivir, de hermandad».
CUBA CON DOS ASPIRACIONES ESTE VIERNES
En la penúltima fecha de competencia del certamen individual, Cuba tendrá a dos representantes: Lianet Cardona (78 kg) e Iván Silva (100 kg), quienes pretenden apuntarse las primeras victorias de un judoca antillano en esta justa azerí.
Silva, plata mundial del 2018 en este mismo escenario, se siente motivado para avanzar en su pool, en lo que será su octava participación en estas lides; mientras Cardona tiene un sorteo muy duro desde la primera pelea, pero intentará cruzarlo.