Bakú.- La mañana estuvo bien fresca, pero el georginao Tato Grigalasvili (81 kg), la japonesa Haruka Kaju (63 kg) y la cubana Maylín del Toro (63 kg) fueron de los primeros en llegar al tatami de entrenamiento de la National Gymnastic Arena. Y de los últimos en irse, solo que los dos primeros iban felices, eufóricos y con medallas de oro en sus cuellos. La nuestra iba tranquila, pensativa y con una sola idea en su mente: hoy no fue mi día.
La cuarta jornada de este campeonato mundial de judo reservó quizás las menor cantidad de sorpresas si la comparamos con las precedentes. Entre las féminas la nipona Haruka Kaju se coronó bicampeona mundial frente a una joven israelite Kerem Primo, que puede estar orgullosa de su gran actuación plateada, pues no estaba en los cálculos de los especialistas y demostró nervios de acero para los combates decisivos, menos frente a la monarca defensora.
En el apartado varonil el georgiano Grigalasvili arribó a su cuarto cetro universal y de paso recuperó el dorsal rojo que había cedido un año antes. Ahora discutió con un ídolo local,el azerí Zelim Tckaev, en una pelea épica, primero de lucha por el agarre y después de ataques, contraataques y pura resistencia.
Los seguidores de ambos países ondeaban bandera y coreaban sus nombres. En regla de oro solo uno podía ganar y un wazari (que hubo que ver en video y ratificarlo por la mesa de árbitros) le dio el éxito a uno de los mejores judocas del mundo en la actualidad,
A estas alturas de la crónica muchos se preguntarán, por qué el periodista incluyó a Maylín del Toro si cedió en su primera salida ante la croata Nina Simic por wazari. Razones para eso hay de sobra. Y aquí vamos a compartirla, sin ánimos de justificar nada, solo de entender qué se siente en momentos como este.
La santiaguera tiene un recuerdo especial por Bakú. Aquí discutió un bronce en el 2018 que le fue esquivo por milésimas de segundos, pero terminó en un quinto lugar que es su mejor desempeño en lides universales. La capitana de nuestra selección había llegado en la madrugada del martes después de 30 horas viaje y se subió al tatami sin protestar, a pesar que el cambio de hora tenía huellas en su forma física.
Maylín ha tenido que lidiar este año con grandes tensiones familiares, especialmente de su mamá y ha seguido llevando a sus compañeras el ejemplo que aprendió de Ronaldo Veitía. «Que no te venzan los problemas, tú tienes que ser superior a ellos». Y así se lo ha repetido en este esfuerzo final de cara a la clasificación de unos Juegos Olímpicos que serán los últimos de su carrera deportiva.
Sentada en el tatami de calentamiento y luego en las gradas de la instalación descubrí que sus ojos se perdían y no precisamente de sueño. Se perdían porque nadie como ella siente que hasta ahora ningún cubano haya podido ganar un combate (quedan tres por salir todavía) en este mundial. Se perdían porque quería regalarle al menos una alegría a su madre, quien se recupera de un tratamiento de cáncer.
Se perdían porque tiene vergüenza y solo pudo decirme sudada y con falta de aire tras la derrota: «No me salieron las cosas, hoy no es un día de entrevistas».
Y el periodista apagó el celular. Entonces salieron estas líneas a su inmensa gallardía para hacer judo en Cuba en tiempos tan duros como un clásico ippón.