El artista visual cubano Gabriel Fabelo Hung obtuvo el Primer Premio de la segunda edición del concurso malaYerba Panamá —integrado este año en el proyecto expositivo colectivo Después de la lluvia—, con su obra Calvario, lauro que distingue una propuesta de marcada intensidad expresiva, en la que confluyen la angustia, el dolor y una mirada crítica sobre las tensiones del presente.
La exposición, correspondiente a la segunda entrega anual de malaYerba Panamá 2026, reúne las voces y miradas de artistas emergentes de la región. El proyecto es organizado por malaYerba Panamá —@malayerbaflc—, en colaboración con Fundación Paiz, de Guatemala; Y.ES Contemporary, de El Salvador; y LL Proyectos, de Honduras.
La selección de los premiados estuvo a cargo de un jurado integrado por el artista visual e investigador Antonio Guzmán (Panamá); las curadoras Ana Elizabeth González, además directora del Museo del Canal Interoceánico de Panmá, y Gladys Turner, arquitecta y curadora; además de Nivldo Carbonel (Cuba-Panamá), coleccionista, fundador del proyecto malaYerba y presidente de la Fundación Los Carbonell; y Sandra García Herrera (Cuba), curadora de Sala Espacio Arte y de la Fundación Los Carbonel.
Además del reconocimiento otorgado a Fabelo Hung, el jurado decidió conceder el Gran Premio a Diana Gateño por La ayudita de mamá. El Segundo Premio, compartido, correspondió a Delirios de guarapo, de Sofía Reyes, y Los árboles de mango siguen ahí, de Joana Girón.
El lauro alcanzado por Gabriel Fabelo Hung con Calvario confirma la solidez de una trayectoria joven, pero ya caracterizada por la búsqueda constante y la experimentación. Graduado de la Academia de Artes Plásticas San Alejandro, este joven creador ha transitado por diferentes tendencias dentro del arte cubano y ha desarrollado una práctica que comprende la instalación, la exploración conceptual y la pintura.
Fabelo Hung ejecuta una tela sin dificultades e interviene trozos de cartón, cartulina o cualquier soporte que le permita elaborar y dar rienda suelta a su inagotable imaginación. En su producción conviven la espontaneidad del dibujo, la fuerza matérico-visual de la pintura y una voluntad de interrogación permanente sobre la realidad.
El artista es el menor de la familia encabezada por el prestigioso maestro Roberto Fabelo, Premio Nacional de Artes Plásticas, y la también artista Soyú Hung. La pertenencia a este entorno familiar, de indudable relevancia en el panorama artístico cubano, no determina, sin embargo, la naturaleza de su propuesta. Aunque sus creaciones poseen rasgos que pueden recordar las de Roberto Fabelo, Gabriel construye sus propios paradigmas, inquietudes e imaginarios.
En sus obras aparecen seres mitológicos y ficticios, pero también personajes pertenecientes a la cultura popular y a su contexto generacional, como Super Mario, Batman, Superman y otros dibujos animados. Estas presencias no funcionan únicamente como referencias lúdicas o nostálgicas. Al incorporarlas, el artista las somete a nuevas relaciones y las convierte en signos de una experiencia contemporánea atravesada por la transformación constante.
Sus preocupaciones giran en torno a la reflexión sobre lo que sucede a su alrededor. Su contexto es otro; quienes lo habitan viven —como todos— en un cambio permanente. Precisamente, esa transformación parece definir buena parte de su praxis artística. Su estilo y su iconografía, que poco a poco se consolidan, remiten tanto a su espíritu como a los localismos de nuestro ámbito visual.
Fabelo Hung dibuja nuevas formas y coloca al espectador ante una experiencia dual. A primera vista, sus imágenes pueden parecer apuntes, estudios preliminares o registros espontáneos. Sin embargo, el artista los presenta como resultados definitivos. Así, el dibujo aparece simultáneamente como boceto y como obra terminada; como una anotación inmediata y, al mismo tiempo, como una construcción visual plenamente consciente.
El colega Daniel G. Alfonso, en una publicación digital de Arte al Límite, ha señalado que “Gabriel Fabelo Hung trabaja con diferentes técnicas en dependencia de lo que desea transmitir. Aboga por el uso de la aguada, la tinta china, plumilla, lápiz, óleo, acrílico, todos materiales de trabajo que le abren un abanico de posibilidades expresivas infinitas”.
Esta diversidad técnica se relaciona con la amplitud de sus búsquedas. El artista no parece atado a un procedimiento único, sino que elige los materiales según las necesidades de cada imagen y de cada discurso. La aguada puede aportar transparencia y fragilidad; la tinta, contundencia; el lápiz, intimidad y precisión; mientras el óleo y el acrílico permiten densificar la superficie y acentuar el carácter dramático de las figuras.
Su obra se inscribe dentro del expresionismo y el surrealismo, tendencias que utiliza como territorios de exploración más que como fórmulas cerradas. Del expresionismo toma la intensidad emocional, la deformación y la capacidad de convertir el gesto en una declaración. Del surrealismo incorpora la irrupción de lo imposible, la mezcla de planos y la convivencia de figuras que pertenecen a órdenes distintos.
En sus cuadros se reflejan gestos de dolor y angustia, acompañados por palabras que ratifican sus acciones. La imagen y el texto establecen una relación de refuerzo y tensión: las figuras parecen hablar desde una zona de conflicto, mientras las frases contribuyen a precisar o ampliar el sentido de sus comportamientos. Cada personaje adopta, además, posiciones críticas respecto de diversas problemáticas y acontecimientos actuales que preocupan a su creador.
En ese marco puede comprenderse la relevancia de Calvario, obra que le permitió alcanzar el Primer Premio de malaYerba Panamá 2026. Más allá de su título, asociado a la experiencia del sufrimiento y la prueba, la pieza se inserta en una producción donde el cuerpo, el gesto y la palabra actúan como instrumentos de cuestionamiento. El reconocimiento del jurado valida una propuesta que combina imaginación, conciencia crítica y una poderosa carga emocional.
La muestra Después de la lluvia presenta, en este sentido, un panorama plural de la creación emergente centroamericana y caribeña. Sus participantes comparten la condición de pertenecer a contextos atravesados por cambios sociales, culturales y políticos, pero cada uno desarrolla respuestas formales y conceptuales particulares. Este proyecto expositivo se convierte así en un espacio de diálogo entre distintas sensibilidades y modos de interpretar el presente.
La presencia cubana de Gabriel Fabelo Hung añade a ese diálogo una trayectoria marcada por la herencia de la tradición artística nacional, pero también por el deseo de diferenciarse y encontrar una voz propia. Su obra no se limita a reproducir modelos familiares ni a reafirmar referencias conocidas. Por el contrario, transforma esas influencias en un lenguaje personal, poblado de criaturas, héroes populares, signos cotidianos y escenas cargadas de tensión.
El Primer Premio obtenido por Calvario reconoce justamente esa capacidad de articular lo individual y lo colectivo, lo íntimo y lo social, la memoria visual y la incertidumbre contemporánea. En el trabajo de Fabelo Hung, el dibujo deja de ser una etapa preparatoria para convertirse en un lugar de pensamiento. Cada línea funciona como rastro, pregunta y afirmación.
Con la distinción, el artista cubano se incorpora a una plataforma regional que apuesta por visibilizar nuevas prácticas y propiciar el intercambio entre creadores, curadores e instituciones. La segunda edición de malaYerba Panamá confirma, de ese modo, la importancia de promover espacios destinados a las generaciones emergentes y a las propuestas que, desde diferentes lenguajes, examinan la complejidad del mundo actual.
En Después de la lluvia, Gabriel Fabelo Hung encuentra un escenario coherente con una obra que habla de transformación, fragilidad y resistencia. Su Calvario, reconocido por el jurado como la pieza merecedora del Primer Premio, resume la intensidad de una práctica en pleno desarrollo y anuncia la consolidación de una voz singular dentro del arte cubano contemporáneo.